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EPT | December 14, 2018

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Jueves 20 de octubre de 2005

Naranjas

El pretendido crecimiento exponencial que experimenta a la Argentina y la profusa difusión mediática de esa premisa están haciendo que muchos argentinos lleguen a conclusiones equivocadas respecto de la verdadera situación actual del país y las perspectivas de corto y mediano plazo.

El “verso del crecimiento” –así bautizado por Chiche Duhalde- está llevando a vastísimos sectores de la sociedad a sacar conclusiones equivocadas sobre el presente y el futuro de la Argentina.

Desde que la administración del presidente Kirchner se ha hecho cargo, el PBI creció 18% desde el más absoluto cataclismo. Las cifras del punto de partida eran tan escuálidas que cualquier porcentaje aplicado sobre ellas deja el resultado en el terreno aún de la debilidad.

Sin embargo, auspiciado por el propio Gobierno, se ha enviado el mensaje de que la Argentina se está convirtiendo en rica a una velocidad que causa el asombro del mundo. Inmediatamente tras de eso han llegado los consabidos reclamos de distribución. El argumento es: “como estamos creciendo a tasas astronómicas participemos a todo el mundo de los resultados”.

Pero lo cierto es que los resultados no están. A poco que se retira el oropel superficial, enormes problemas aparecen. La confianza en el mediano y largo plazo está ausente por completo. De allí que las inversiones necesarias para adecuar la capacidad productiva no aparecen, por lo tanto la nivelación de la oferta no existe y los precios se disparan, hecho que crea más pobres e indigentes.

Las señales de aislamiento que el país envía se cuentan por decenas todos los días: exabruptos, rencores, insultos, voces altisonantes, acusaciones vacías, todo regado a los cuatro vientos como si la velocidad con que las noticias llegan a cualquier parte fuera la de 1920.

Por otro lado, las condiciones internacionales se han presentado como inmejorables para el aprovechamiento y la “sacada de jugo”. Es esta realidad, claramente, la que, aun haciendo todo mal, ha permitido la performance de los últimos dos años. Pero los resultados en un mundo interdependiente –aun contra la pertinaz voluntad aislacionista de algunos- deben tomarse en relación con el aprovechamiento que de esas condiciones esté haciendo el país en relación a otros.

Y es allí donde aparece el desperdicio en todo su esplendor y magnitud. Es como si estuviéramos obteniendo el jugo de una naranja de 4 cm de diámetro cuando podríamos estar extrayendo el de una de 40. Sí, estamos sacando algunas gotas, pero cuando se las compara con las que podríamos obtener haciendo las cosas bien, el resultado alarma.

¿Qué hacemos mal? Obviamente, hay un alto grado de componentes entre las cosas evitables que se derivan de la propia personalidad del presidente. Una persona altamente insegura, desconfiada, permanentemente a la defensiva, produce conductas y hechos que no son los mejores ingredientes para las mejores medidas. Altamente sesgado, con prejuicios de adolescencia hueca y sin mayor capacidad de razonamiento, el presidente Kirchner se cansa de hacer las cosas que no hay que hacer. Se hace amigo y firma acuerdos que comprometen al país con lideres claramente desequilibrados como Chávez. Enarbola discursos anti-negocios que espantan la inversión de las empresas grandes. Concentra la administración en cuatro o cinco personas cuyos únicos antecedentes administrativos se desarrollaron en una copia en chico de lo que ahora sucede en el país, cuando el ahora presidente gobernaba como un caudillo del siglo XIX la provincia de Santa Cruz. Decide en función de odios y adoraciones personales como si el país fuera un ente que le pertenece y al que puede pintar de un único color, el que a él le plazca.

Otras cosas tienen que ver con la técnica económica. El sistema impositivo es, directamente, un conjunto de disposiciones autoritarias, injustas, regresivas e inoperantes. Es más, si dos impuestos, que sólo con una enorme buena voluntad pueden llevar el nombre de tales (como si fueran imposiciones pensadas desde el punto de vista de la racionalidad económica) –el de las cuentas corrientes y las retenciones a las exportaciones-, se retiraran del esquema recaudatorio de la AFIP, el país se quedaría literalmente sin superávit fiscal.

El tratamiento al capital según el origen de los fondos pone a la Argentina directamente en el campo de los rebeldes sin causa. Desde los boicots llamados a los gritos pelados por el propio presidente contra empresas extranjeras, pasando por las decisiones de la Procuraduría General de la Nación mandando retirar la publicidad a los canales internacionales de cable (pero no a los nacionales), hasta la desembozada intención de crear una “burguesía nacional” mediante alquimias que dejarán sistemáticamente de lado a quienes obviamente no “se ajusten” a los deseos de quienes pueden decidir sobre la pobreza o la riqueza de los argentinos, son, todas éstas, muestras que el mundo no recibe con agrado.

Cuando esté creada la “burguesía nacional”, ¿que diferencia tendrá con lo que en otros años llamábamos “patria contratista”? ¿En base a qué bendeciremos a unos y enviaremos a la hoguera a otros?, ¿qué derechos tendrán los que mandamos a la hoguera?, ¿ninguno?, ¿serán ellos, como los que osan sostener ideas diferentes a las del presidente, considerados defensores de lo antiargentino o directamente escrachados frente a la opinión pública como enemigos del pueblo, al mejor estilo nazi?

¿Qué quieren decir, por ejemplo, los partidarios del régimen cuando afirman que tal o cual “época” terminó en la Argentina? ¿Qué tienen para proponerle a los que siguen creyendo en las ideas de tales “épocas”? ¿El destierro acaso, al mejor estilo militar?

En fin, está claro que las condiciones de aprovechamiento integral de la favorable situación internacional están lejos de ser las ideales. Por errores de política económica o por motivaciones personales, la Argentina está produciendo un “anti-clima” y en los anti-climas las naranjas grandes no se producen… ni se exprimen. © www.economiaparatodos.com.ar




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