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EPT | September 16, 2019

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Jueves 9 de julio de 2009

No se deben esperar cambios inmediatos

El resultado de las elecciones no dará lugar a cambios abruptos en la orientación de la gestión de gobierno porque los ganadores deben reposicionarse con vistas a 2011 y, mientras tanto, el kirchnerismo conservará los resortes del poder.

El resultado de las elecciones del pasado domingo 28 no dará lugar a la aparición de cambios sustanciales en el escenario político en forma inmediata. Por el momento, sin perjuicio de las presiones que deberán soportar, el poder político continuará firmemente en manos del matrimonio presidencial. Los efectos del resultado electoral comenzarán a sentirse recién a partir del año que viene, no simplemente porque cambiará la composición del Congreso sino, principalmente, porque tímidamente comenzarán a barajarse los realineamientos con vistas a las elecciones presidenciales. Pero este tema, las presidenciales de 2011, no forma parte aún de la agenda política, aunque nadie lo pierda de vista. En ese sentido, ha sido acertada la actitud del Senador Carlos Reutemann, que ha elegido desactivar cualquier conjetura inmediata en relación a candidaturas presidenciales a pesar de que el resultado electoral lo dejó en buena posición para proyectarse hacia la Casa Rosada.

La idea de que pueda haber cambios políticos inmediatos como consecuencia del resultado, implicaría estar realizando una lectura errónea de las cifras que dejaron las elecciones. El gobierno sufrió una derrota y claramente perdió apoyo pero, de todos modos, sigue contando con respaldos suficientes como para ejercer el gobierno por el tiempo que le queda de mandato. La derrota del kirchnerismo no ha sido tan categórica como para desencadenar una crisis institucional. Cistina Fernández de Kirchner tiene mandato hasta el 10 de diciembre de 2011 y, aunque su gestión sea insatisfactoria, debe completar su período tal como la Constitución lo establece porque sería sumamente perjudicial para el país que, por un circunstancial vaivén electoral, propio del ejercicio de la democracia, se alteren los plazos previstos en el sistema institucional.

La principal fuerza de sustentación del kirchnerismo para continuar en el gobierno es la legitimidad que la Constitución le confiere, sumado al hecho de que la derrota no fue tan categórica como para dar lugar a una desestabilización similar a la sufrida por Fernando De la Rúa en 2001. Por estos mismos motivos, los pedidos para que el gobierno “escuche el mensaje de las urnas” son ingenuos. En lo inmediato no cabe esperar cambios en el rumbo del gobierno. El kirchnerismo continuará realizando los mismos desaguisados que nos viene obsequiando desde hace seis años, al menos hasta fin de año.

Por supuesto que el resultado electoral dará lugar a reacomodamientos políticos. Pero antes de que esos reacomodamientos se concreten transcurrirá tiempo y, mientras tanto, el gobierno dispondrá de margen de maniobra para desarrollar sus planes. Más adelante, comenzarán a delinearse las nuevas orientaciones y, simultáneamente, se iniciará la cuenta regresiva hacia el fin del mandato de la presidente.

Sin perjuicio de todo esto, resulta claro que la etapa de apogeo del kirchnerismo ya pasó y que lo que le queda al matrimonio gobernante es ir terminando su gestión pero claramente sin margen para impulsar iniciativas de las más polémicas y conflictivas que han lanzado, no porque no quieran sino porque se encontrarán con poco entusiasmo para obtener apoyo, considerando que están en la etapa declinante de su gestión. En este sentido, cobra vigencia una frase pronunciada el año pasado por Eduardo Duhalde que, probablemente, sintetice el sentimiento del peronismo en esta circunstancia: “debemos oponernos al gobierno pero no tornarlo inviable”… En buena medida, esas palabras sintetizan la situación en la que el kirchnerismo se encuentra en este momento.

Inclusive desde el punto de vista de los adversarios del gobierno y aspirantes a sucederlo no tiene mucho sentido confrontar de manera directa con el kirchnerismo porque, con la mirada puesta hacia 2011, el matrimonio presidencial no será el rival a vencer. Está claro que, con vistas a las futuras elecciones presidenciales hay, en principio, tres corrientes principales: el peronismo, el espacio liderado por De Nárvaez-Macri y el Acuerdo Cívico y Social. Quizá las dos primeras terminen convergiendo en alguna candidatura presidencial unificada porque existen muchos puntos en común entre ambas, aunque también diferencias que deberán resolver. En ese escenario que deberá dirimirse en 2011 el kirchnerismo no jugará ningún papel importante (lo que no significa que esté terminado como corriente política porque posteriormente podría reciclarse y recuperar protagonismo) y por eso las corrientes que vayan a competir en las próximas presidenciales se equivocarían si lo eligen como adversario. Por eso, mientras comienzan a “relojearse” para tomar posiciones, el kirchnerismo dispondrá de espacio para continuar ejerciendo el gobierno, sin margen para tener una iniciativa avasallante como la que dispuso en el pasado pero con el suficiente espacio como para disponer de los principales resortes de la administración del país.

Este es, en líneas generales, el cuadro político que quedó planteado después de las elecciones. Hay un proceso de reacomodamiento en curso y, en tanto no se vayan delineando las pautas principales de ese replanteo, el kirchnerismo continuará, residualmente en el centro de la escena. Más adelante, habrá novedades pero, por ahora, esto es lo que hay. Lo que venga después habrá que analizarlo oportunamente. © www.economiaparatodos.com.ar


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