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Jueves 1 de abril de 2004

No todos tuvieron tanta suerte como Susana Seipioni

Roberto Martínez Castillo, un ciudadano argentino, adhirió al Plan Megatel en 1985 y abonó puntualmente todas las cuotas. Sin embargo, finalmente descubrió que su expediente de tramitación no existía y nadie sabía a dónde habían ido a parar sus pagos.

Con mucho ruido en los medios, el gobierno de Alfonsín anunció la instalación del teléfono 100.000 del plan MEGATEL (ver la nota “Los teléfonos y ética de la solidaridad de Alfonsín, clickear). Un mes después, el miércoles 21 de junio de 1989, el diario La Prensa publicaba el siguiente texto en la sección Cartas de Lectores:

“INCONCEBIBLE, PERO CIERTO”

Soy adherente al plan Megatel desde 1985, aunque ya con anterioridad –año 1980– tenía solicitado servicio telefónico para mi propiedad en Ituzaingó. La opción era Megatel. No había otra. Desde la primera fecha citada aboné mensualmente, hasta el presente, las cuotas. Inicialmente por 12,50 australes y recientemente 455.95 australes (cuota 44).

Todo esto que parece ser tiempo pasado es también actual. Y digo actual, porque entré a pensar, no sin razón, cuál sería el estado de mi expediente en su tramitación. Si estaría en término o si la fecha de instalación estaría próxima.

Me acerqué a la zona comercial de ENTEL en Morón, que es donde inicié la operación. Fui atendido deferentemente por una señora de la sección Megatel.

Luego de ingresar a las oficinas y en mi presencia, articuló, para obtener respuesta, una pantalla visora de computación.

Ante su sorpresa y mi asombro, mi solicitud no estaba registrada. Así que desde ese momento recién se tomó nota de mi solicitud.

Yo me pregunto: ¿dónde se acreditaron los pagos que religiosamente, mes a mes, deposité para mi cuenta? Si es que se acreditaron, ya que asiste todo el derecho de no pensar bien. ¿Existe realmente en Megatel constancias de lo que llevo abonado?

La atenta empleada que atendió mi requisitoria me despidió con un “señor, espero que ahora tenga suerte, su pedido ha sido ingresado”.

Cuántos ciudadanos habrá en estas mismas condiciones. Cuántos de los que creyeron ingenuamente, como yo, en el “…millón de nuevos teléfonos”. Seguiré esperando con esa gran dosis de paciencia y aceptación de lo tremendo que nos caracteriza a los argentinos. Por ahí se da.

Firmado: ROBERTO MARTÍNEZ DEL CASTILLO
                    MEDRANO 233. BUENOS AIRES.




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