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Jueves 8 de julio de 2004

Paola Spatola: “Se están destruyendo, deliberadamente, las instituciones de la Argentina”

En este diálogo con Paola Spatola, presidente del Centro de Estudios para la Convergencia Ciudadana, un análisis detallado del erróneo diagnóstico que hacen los gobiernos nacional y provincial sobre las verdaderas causas de la inseguridad.

– Hoy está de moda decir que la policía de Buenos Aires es la más corrupta del mundo, que son unos mafiosos porque manejan la droga, el juego y otros ilícitos. Y hasta Hebe de Bonafini hace declaraciones en las que sugiere ir a quemar las comisarías.

– Ese es el diagnóstico que tiene el Poder Ejecutivo Nacional y en algunos aspectos el Poder Ejecutivo de la provincia de Buenos Aires. El presidente de la Nación, en varias oportunidades, planteó que pobreza más corrupción policial es igual a delito.
Pero es un diagnóstico equivocado, por dos motivos. Primero, considerar que la pobreza genera delito es no conocer la situación de marginalidad en la cual viven muchos de los argentinos y la vulnerabilidad que tienen frente al delito estos argentinos. Son los más vulnerables. Muchas veces uno debería plantearse qué lejos se está de la gente si se piensa que los pobres delinquen por su situación de pobres.

– Si ese razonamiento fuera correcto todos nuestros abuelos inmigrantes deberían haber sido delincuentes…

– … y en la crisis del ’30 debería haber estallado el planeta. Aquellos que se inmolan en nombre de los desamparados, de los pobres y de los marginales son los que criminalizan a los pobres.
Por el otro lado, cuando se plantea que la corrupción policial es igual a delito, ese tema es de una resolución simple, sencilla, que tiene que ver con liderazgo político y decisión. Cuando el alcalde Rudolph Giuliani se hace cargo de la ciudad de Nueva York, se encuentra frente a la policía más corrupta del mundo. Y, sin embargo, lo resolvió.

– ¿Descabezó de entrada a la policía?

– No. Generó un fuerte mecanismo de asuntos internos.

– El otro día se debatía en el programa de Mariano Grondona. Bernardo Neustadt sostenía que Giuliani no había hecho ningún descabezamiento porque sabía que si lo hacía se le pasaban del bando contrario. En cambio, Raúl Colman insistía con que sí lo había hecho.

– Lo que pasa es que en la Argentina hay algunos periodistas que son especialistas en seguridad y en política criminal que sería interesante que leyeran y estudiaran un poco qué sucedió. Son los que hace años vienen gastando tanques de tinta en diagnósticos pero en algún momento deberían hacerse cargo de la situación. Y sobre todo deberían caminar hoy un barrio marginal y ver cómo viven hoy los pobres en la Argentina que, por ejemplo, ponen rejas en sus casas.
No fue así, Giuliani no descabezó a la policía de Nueva York. Todo lo contrario. Lo que hizo fue que el Departamento de Asuntos Internos trabajara. El alcalde más el jefe de Policía apoyaron, decididamente, el trabajo de esa repartición. Aquellos que después de hacer los sumarios sumarísimos –no, como en la Argentina, que recién cuando llegó Arslanián a la provincia de Buenos Aires este año se dieron cuenta de que había algunos policías que tenían sentencias en juicios penales desde el año 2001, por ejemplo- se los dejó afuera. Pero se realizaron todos los procedimientos correspondientes para alejar a aquellos que debían ser exonerados, no fue de un plumazo.
Además, se levantó la ética y la moral de los hombres que estaban exponiendo su vida en las calles. Y lo más importante, y esto me parece trascendental, fue el rol que tuvieron los medios de comunicación en la reconciliación entre la sociedad, la comunidad y la Policía.

– Es decir que el paso previo a restablecer la seguridad dentro de Nueva York, que era intransitable en algunos lugares, fue recomponer la policía. Y luego recién se aplicó la “tolerancia cero”, no antes.

– Claro. Porque esa política de “tolerancia cero” primero implica “tolerancia cero” ante la corrupción policial. Después es castigar los delitos pequeños con penas -la mayoría penas menores, de compromiso comunitario- con el objetivo de evitar los delitos mayores. Esta es la “teoría de las ventanas rotas”. Esto tiene que ver con un fuerte apoyo del gobierno central frente a la recuperación de los lazos de la comunidad y de la comunidad misma como un todo.
Fueron trascendentales el rol que tuvo el al alcalde a partir de su decisión política, los medios de comunicación y la sociedad. La comunidad apoyó las políticas de Giuliani y así recompuso los lazos con su policía.
Ahora bien, ¿en qué situación nos encontramos ahora en la Argentina? Con un presidente que dice: “¿qué puedo hacer yo con esta policía que tengo de gatillo fácil?”.

– ¿Y qué se puede hacer?

– Ante la crisis institucional que se está viviendo en la Argentina, ante la inseguridad, ante la actitud de los piqueteros, yo propongo otras cosas. Por ejemplo, los piqueteros sabían perfectamente – Luis D’Elía lo dijo– que su compañero de militancia que fue asesinado había sido muerto en manos de un dealer de la droga.
En lugar de tomar una dependencia policial, lo que se debería haber hecho es una marcha de antorchas o un escrache en la puerta de la casa del dealer. Y del resto de los dealers. Porque si D’Elía tenía esta información, evidentemente pueden tener más información. Entonces, ellos deberían haber dicho: “hagamos algo por la sociedad toda”. ¿Por qué no escrachan, entonces, a los dealers de la droga que ellos conocen y que tanto daño les hacen a nuestros hijos?

– Más allá de que es seguro de que dentro de la policía hay corrupción, ¿no parece un poco deliberado el hecho de desprestigiar a las instituciones que tienen que defender los derechos de los ciudadanos? Así, un día, podrían aparecer D’Elía, Castells, Pitrola -cualquiera de ellos-, erigirse con el poder y desarmar a la Policía, la Gendarmería, las Fuerzas Armadas.

– No tengo ninguna duda de que es algo deliberado. Y hay un caso muy concreto. Cuando se pasaron a disponibilidad los 107 efectivos de la Policía Federal, se dijo “se exoneró de la fuerza a hombres vinculados con el delito”. Este fue el primer anuncio. Error. Mentira. Están en disponibilidad. Y, en realidad, el ministro Béliz tuvo que salir a aclarar, pero mucha trascendencia no se le ha dado, que se los pasó a disponibilidad -que no es lo mismo que exonerarlos- porque habían perdido la confianza del presidente de la Nación.
Entonces queda muy claro que lo que se está haciendo, deliberadamente, es destruir las instituciones de la Argentina. La pregunta sería: ¿para qué? Porque cuando uno sabe el para qué, en lo individual toma decisiones: o sigue luchando por un país en el que todos nos encontremos incluidos, por un país sin ningún tipo de sectarismos, o toma otro tipo de decisiones. Es preciso saber para qué se hace esto.
Pero lo más importante es que la gente no pierda la esperanza de que esto se puede resolver. © www.economiaparatodos.com.ar




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