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Jueves 9 de marzo de 2006

¿Para qué sirve el Himno Nacional Argentino?

Los actos escolares son una ocasión que permite comprobar que cada vez son menos, incluidos los adultos, quienes entonan las estrofas de nuestra canción nacional. Cantarlo no implica ser más patriota, pero sí es un síntoma que define a nuestra sociedad.

Hacía muchos años que no tenía oportunidad de asistir a actos de principio de cursos en escuelas distintas a las que he trabajado, pero este año se dio la oportunidad y pude asistir a varios.

Indudablemente, no es que pensara que los alumnos y padres de los colegios donde he trabajado eran los únicos que al sonar las estrofas del Himno Nacional Argentino no lo cantaban, pero no había tenido oportunidad de comprobarlo empíricamente.

Recuerdo que hace unos años, presidía un acto en un colegio y hube de pedir que suspendieran los acordes del Himno Nacional ya que nadie, con la excepción de los docentes, lo cantaba. Di una breve explicación y al volver a ejecutarlo sí cantó más gente.

Incluso hay escuelas que han optado por “versiones cantadas” para lograr que pase más desapercibido que muy poca gente lo canta.

Decir que se es más patriota por entonar las estrofas cantables de nuestro himno sería una exageración, pero comprobar que prácticamente nadie lo canta está hablando de que algo nos pasa como sociedad: si no se respetan los símbolos, raramente se respete lo simbolizado, en este caso nuestra patria. No creo que alguien que escupe la foto de su madre –que no es más que un símbolo- la ame demasiado.

Tuve oportunidad hace algún tiempo de estudiar el “plan de aculturación” que el gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica había diseñado para los latinos que, cada vez en mayor número, tomaban ese país como su residencia permanente (entre paréntesis, qué bueno sería que hiciéramos algo similar con comunidades como la coreana, o la china, entre otras, que han accedido a nuestro país con un número importante de miembros). En ese plan, una de las primeras cosas que estaba prevista era aprender a cantar el himno estadounidense, con mano en el corazón y todo. Desde luego que incluía aprender la lengua, los estados y sus capitales, y hasta seguir un equipo de baseball y saber el porcentaje de bateo de sus jugadores. Pero, volviendo al himno, es algo que une, identifica, crea sentimientos de pertenencia y que todos los ciudadanos de un país comparten.

Muchos amigos argentinos que viven en el extranjero me han comentado que han “redescubierto” el Himno Nacional en el exilio, y que en algunos casos se emocionan hasta el llanto a escucharlo y, desde luego, cantarlo. Como en muchos órdenes de la vida uno empieza a valorar las cosas cuando no las tiene.

No hace mucho, todos nos poníamos de pie si el Himno Nacional sonaba, aunque lo estuviéramos escuchando por radio o televisión solos, o con los miembros de nuestra familia. ¿Éramos más patriotas por ese sencillo acto? Lo ignoro. Lo que tengo claro es que para mí, de chico, ver a los adultos de pie y cantando me indicaba que se estaba en presencia de algo importante. Y si el símbolo es importante, más aún lo es lo simbolizado.

Sé que el Himno Nacional no es fácil de cantar, que a los varones en general el tono de muchas partes nos queda alto y que a las mujeres les queda bajo. Pero también me parece que los adultos deberíamos darle ejemplo a los jóvenes al menos intentando cantarlo cuando estamos en actos en las escuelas. Desde luego no creo que esta estrategia los haga más patriotas, pero lo que tengo claro es que no los hará menos, y quizá percibirán que los símbolos patrios son algo importante para los adultos. © www.economiaparatodos.com.ar



Federico Johansen es Licenciado en Ciencias de la Educación (UBA).




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