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Lunes 31 de mayo de 2004

Piqueteros: montoneros modelo siglo XXI

Los argentinos deberíamos aprender a llamar las cosas por su nombre. Si lo hiciéramos, comprenderíamos que el movimiento piquetero no es un grupo social que demanda trabajo y mejoras en sus condiciones de vida sino una fuerza de choque que es manipulada por dirigentes de izquierda que pretenden tomar el poder por medio de la violencia.

Es fenomenal la capacidad que tenemos en la Argentina para dar vuelta las cosas y presentarlas como si fueran algo distinto a lo que realmente son. Por ejemplo, la administración de los fondos públicos en beneficio de manejos políticos es presentada como planes sociales. Al no pago de la deuda se lo presenta como un acto de soberanía que termina con la explotación extranjera. El golpe civil de 2001 se muestra como una crisis social y de gobernabilidad y, desde hace tiempo, los movimientos piqueteros son presentados como movimientos sociales que reclaman trabajo cuando, en realidad, son grupos políticos cuyo objetivo es tomar el poder, financiándose con fondos de los contribuyentes. Esos mismos contribuyentes a los que los piqueteros les hacen la vida imposible a diario y a los que, en caso de no obedezcan sus órdenes, pueden romperles el auto o la cabeza según lo considere conveniente el jefe piquetero de turno.

En la década del ’70 los montoneros utilizaron los secuestros, los asesinatos, los FAL y las bombas como una forma de tomar el poder para establecer una dictadura comunista. Hoy, los dirigentes piqueteros buscan el mismo objetivo –tomar el poder para establecer una dictadura comunista–, pero utilizan una tecnología diferente a la de los montoneros. En vez de usar los FAL y las bombas, usan capuchas y palos para controlar parte del territorio nacional. Ellos mandan en la zona que toman y todos tienen que obedecer o aceptar las consecuencias de no acatar sus órdenes.

Sin ir más lejos, la semana pasada, en un mismo día, le rompieron el auto a dos ciudadanos que pretendían ejercer su derecho a transitar libremente. Unas semanas antes casi le rompen la cabeza a un taxista en la 9 de julio y pocos días después atacaron con bombas incendiarias la sede de la empresa Repsol YPF. Todo esto ante la pasividad de la policía, que no puede actuar por razones políticas.

Es muy normal que los dirigentes piqueteros hagan marchas para repudiar la guerra con Irak, protestar contra el Fondo Monetario Internacional (FMI) o reclamar el no pago de la deuda nominada en moneda extranjera (aunque esto signifique perjudicar a millones de argentinos que son tenedores de esos bonos). La mayoría de sus marchas de protesta, utilizando la violencia o la intimidación física, implican tratar de forzar al gobierno a adoptar determinadas políticas que nada tienen que ver con sus reclamos “sociales”.

La cantidad de leyes que, a diario, violan los piqueteros es fenomenal. Desde impedir la libertad de tránsito hasta levantarse en armas (los palos que utilizan no son bastones porque tienen problemas para caminar) contra el orden constitucional. ¿Por qué se levantan en armas contra el orden constitucional? Porque utilizan la fuerza bruta para intentar imponer sus ideas, intentando forzar al gobierno a modificar sus políticas.

En Bolivia, en Honduras o en Perú, grupos similares a los piqueteros argentinos, pero disfrazados de movimientos indigenistas, pueden voltear a un gobierno. Al igual que en la década del ’70, la violencia de la izquierda se ha desparramado por Latinoamérica en busca del poder político.

Frente a esta violencia, el gobierno argentino dice que no va a entrar en el juego de los piqueteros de reprimir porque sostiene que los piqueteros quieren tener un muerto para aparecer como víctimas. Por lo tanto, la estrategia es dejarlos que sigan violando leyes hasta que se desgasten.

Con el mismo criterio el gobierno podría decir que a los violadores no hay que detenerlos, sino que hay que dejarlos seguir violando mujeres hasta que su imagen pública se deteriore. También podría el gobierno proponer que los ladrones sigan robando hasta que los chorros pierdan su prestigio o que los secuestradores sigan secuestrando hasta que se cansen de secuestrar.

Desde mi punto de vista, al adoptar esta posición pasiva frente a los piqueteros, el gobierno está incumpliendo el mandato constitucional de hacer respetar la ley. Si los ciudadanos le delegamos el monopolio de la fuerza al Estado para que defienda nuestros derechos, es obligación de éste utilizar ese monopolio de la fuerza toda vez que nuestros derechos son conculcados por los piqueteros. Y no hay argumento de estrategia política que pueda ser esgrimido para no cumplir con la Constitución sobre la que juraron, porque si la táctica política justificara no cumplir con el mandato constitucional, entonces la Constitución pasa a ser letra muerta que es sometida a las conveniencias políticas de cada momento. Lo que se llama ausencia de Estado de Derecho.

¡Y que por favor no se argumente que de esa forma se estaría reprimiendo la protesta social! Digámoslo claramente: los dirigentes piqueteros manejan grupos de choque financiados con fondos públicos para sostener su negocio piquetero e imponer sus ideas.

Lo peor que le podría pasar al dirigente piquetero sería que la Argentina despegara económicamente, porque si el salario real aumentara, la gente dejaría de piquetear y se iría a trabajar, lo que haría que el dirigente piquetero perdiera su fuerza de choque, activo principal para avanzar con su estrategia de tomar el poder por medio de la violencia.

¿Acaso piensa el gobierno que los dirigentes piqueteros, que manejan miles de millones de pesos anuales y una fuerza de choque considerable, que es la que les da poder, van a aceptar pacíficamente perder esa fuerza de choque porque la gente se va a trabajar en vez de a piquetear? Si la gente se fuera a trabajar y a cobrar un sueldo, los piqueteros perderían sus grupos de combate, los fondos que reciben bajo la forma de Planes Jefes y Jefas de Hogar y también perderían poder político. Por eso cada vez que el Estado trata de reducirles los fondos en planes Jefes y Jefas de Hogar arman un lío fenomenal. Porque les quitan financiamiento.

Con los grupos piqueteros puede hacerse lo mismo que con el tema energético: no enfrentar el problema y tratar de esconderlo bajo la alfombra hasta que estalle. Entonces, cuando estalla, resolverlo resulta mucho más complicado. Con la diferencia de que, en este caso, se está jugando con la paz social y el mismo orden institucional.
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