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Lunes 13 de marzo de 2006

Populismo en estado químicamente puro

Las recientes declaraciones del gobierno kirchnerista respecto al precio de la carne han demostrado en forma fehaciente que la política argentina se rige por la demagogia y el populismo. Y que, con la excusa de proteger el bolsillo de la gente, una vez más se lucra con el bienestar de la población.

Si algo faltaba para confirmar el populismo y la demagogia que inspira la política Argentina, las declaraciones del presidente Kirchner sobre la suba del precio de la carne permitieron confirmar en forma científica esas deformaciones. Ya sabemos que tenemos populismo en estado químicamente puro. Dijo Kirchner: “No nos interesa exportar a costa del hambre y el bolsillo de los argentinos”. Y agregó: “Está bien que exporten, está bien que ganen, pero primero vendan a los argentinos a precios que puedan comprar”.

Veamos, si el argentino no come carne, ¿inevitablemente se muere de hambre? ¿Acaso el argentino no puede comer cerdo, pollo, pescado o verduras? ¿O para Kirchner lo único que alimenta es la carne vacuna? Decir que no se puede exportar carne vacuna a costa del hambre de los argentinos es populismo del más barato que uno puede encontrar en el mercado político.

En la segunda parte de su afirmación, Kirchner confirma que el modelo económico argentino se basa en salarios bajos medidos en dólares. En efecto, cuando sostiene que primero tienen que vender la carne a precios que puedan comprar los argentinos, está diciendo que el argentino no puede comprar carne vacuna al precio que se vende en el mercado internacional. Si el argentino no puede adquirir la carne a ese precio es porque Duhalde destrozó los salarios con la devaluación y el actual presidente continuó con esa política de mantener salarios en dólares acorde a los países pobres. ¿Cuál es la solución que le encuentra Kirchner al problema de la pobreza que desataron? Igualar hacia abajo haciendo pobres a los productores ganaderos. Salvo, claro está, que alguien, todavía sumergido en su ignorancia, crea que en la Argentina existe la oligarquía vacuna.

Para decirlo más directamente, el problema de Kirchner no es que la gente se muera de hambre por no comer carne vacuna, el problema de Kirchner es que en su ambición por acumular poder necesita que el Índice de Precios al Consumidor (IPC) le dé bien. Si para alcanzar ese objetivo es necesario acusar a 200.000 productores ganaderos de que se pusieron de acuerdo todos ellos para conspirar contra el bolsillo de la gente o para matarla de hambre, se los acusa. Lo primordial es que el IPC evolucione de acuerdo a las necesidades políticas del presidente, no de acuerdo al bolsillo de la gente como dice desde la tribuna.

Con sus declaraciones Kirchner confirmó algo que era obvio pero que el gobierno no había explicitado hasta el momento. El tipo de cambio alto no es para exportar más, sino para sustituir importaciones y para que los empresarios cortesanos del poder hagan sus buenos negocios, en este caso sí a costa del bolsillo de la gente.

Como no podía ser de otra forma, el ministro del Interior, Aníbal Fernández, también opinó sobre el tema carne. Sus declaraciones no tienen desperdicio. Dijo el ministro: “Si el mercado no se comporta como tendría que suceder en el propio mercado interno, hay que garantizar que vuelva a su cauce normal y para eso está el Estado promotor”. ¿Qué habrá querido decir el ministro con este trabalenguas? Semejante frase me hizo acordar al famoso Fidel Pintos cuando hacía el personaje del charlatán y lanzaba frases que nadie entendía qué había querido decir.

De todas maneras, haciendo un gran esfuerzo de interpretación, parece ser que el ministro dice que el mercado no se comporta como él quiere que se comporte. Ahora bien, el mercado no es un lugar geográfico, ni una entelequia. El mercado es un proceso en el cual la gente actúa manifestando sus valoraciones y, en base a su escala de valores, lleva a cabo transacciones o no las lleva a cabo. Con cada transacción que se realiza y con cada transacción que la gente se abstiene de llevar a cabo se van formando los precios de los bienes de consumo, insumos y bienes de capital. Son las valoraciones de la gente en el mercado las que determinan los precios finales de los productos, y son estos precios finales los que determinan los costos de producción en que pueden incurrir los productores de bienes y servicios.

El ministro debería hacer el siguiente ejercicio de razonamiento: si la carne de consumo sube en el mercado de Liniers es porque alguien está pagando un precio mayor. Supongamos que el frigorífico paga un precio más alto por el kilo de carne. ¿Pagará más para perder plata o porque estima que la demanda en el mostrador está dispuesta a pagar más cara la carne? En otras palabras, si la carne sube en el mostrador es porque la gente está dispuesta a pagar más el kilo de carne. Si la gente no estuviera dispuesta a pagar más cara la carne, no la compraría y comería más pollo, pescado, cerdo o ravioles de verdura, con lo cual el precio de la carne bajaría en Liniers porque el dueño de frigorífico no va a ser tan estúpido de pagar la carne en Liniers a un precio al cual después no podrá venderle al consumidor. Por lo tanto, lo que nos está diciendo el ministro es que el consumidor no se comporta como él quiere que se comporte. Algo así como que los consumidores son tarados que necesitan del señor Kirchner y de su ministro del Interior para que les indiquen cómo tienen que gastar su dinero, porque las valoraciones que manifiestan los consumidores en el mercado no coinciden con las valoraciones que tienen el ministro y su presidente. En otros términos, en la Argentina tenemos un mercado libre siempre y cuando la gente tenga valoraciones que se traduzcan en precios de mercado que sean consistentes con las necesidades políticas de Kirchner y compañía.

Finalmente, lo más grave es que al quedar científicamente comprobado el populismo que impera en la Argentina, todos los precios deberían subir para cubrirse del riesgo institucional que implica estar sometidos a tan arbitrarios razonamientos. En efecto, dado que la rentabilidad que uno le pide a un proyecto de inversión está ligada al grado de riesgo institucional, a mayor populismo más riesgo, y a más riesgo más rentabilidad para recuperar rápidamente el capital que uno invierte. Cuando uno tiene en un país un presidente que adopta medidas económicas de acuerdo a sus necesidades de acumular poder, lo que tiene que hacer es llevar a cabo inversiones que tengan un rentabilidad lo suficientemente alta como para cubrirse de la arbitrariedad reinante. Lo que ha hecho Kirchner no es atacar solamente a los productores ganaderos, ha hecho algo más grave. Les ha enviado el mensaje a todos los inversores de todas las actividades económicas de que invertir en la Argentina es altamente peligroso. Es decir, ha condenado a la gente a la pobreza por falta de inversiones. Algo que, dicho sea de paso, hace rato que viene pasando.

Kirchner ha acusado a los productores ganaderos de querer lucrar con el bolsillo de la gente. La realidad es que, con su comportamiento y su discurso, Kirchner está lucrando políticamente con el bienestar de la población por la forma en que espanta a los inversores. © www.economiaparatodos.com.ar




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