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EPT | September 1, 2014

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Lunes 30 de agosto de 2004

¿Por qué se desacelera la economía?

La incertidumbre política y económica está frenando los procesos de inversión, que son los únicos que realmente pueden hacer crecer a un país. Los signos de enfriamiento del nivel de actividad ya están empezando a verse. El gobierno está advertido de este hecho pero, equivocadamente, cree que puede cambiar esta tendencia con una suba de salarios.

En el segundo trimestre de 2004, el nivel de actividad económica desaceleró su aumento a aproximadamente la mitad de la tasa de crecimiento que venía registrando en el último trimestre del año pasado y el primero de éste. Pero todo parece indicar que lo ocurrido en el segundo trimestre puede profundizarse en el segundo semestre del año. Es decir, la actividad económica seguiría creciendo a un menor ritmo en lo que resta de 2004. El gobierno sabe que la economía está enfriándose y por eso insiste con el aumento de salarios, creyendo que una expresión de deseos volcada en un papel puede sustituir la riqueza realmente generada por la economía en base a sólidas instituciones.

Pero, ¿por qué tiende a desacelerarse la economía? Los factores que influyen son los siguientes:

1) Estadísticamente, las tasas de variación tienden a ser menores porque se las compara contra un nivel más alto. Si uno compara contra un piso histórico como lo fue enero de 2002, cuando el país quedó literalmente paralizado, necesariamente las tasas de variación van a ser más altas porque cualquier mínima variación en la producción genera un salto estadístico. Pero si la comparación se hace contra un escalón mayor, entonces, la tasa de variación tiende a ser menor.

2) Varios sectores han llegado a su tope de capacidad productiva y ahora tienen que decidir si aumentan los precios o invierten para incrementar la oferta. Como el futuro económico y político del país sigue siendo un gran signo de interrogación, lo más probable es que ajusten por precio y, en el mejor de los casos, se hagan inversiones marginales.

3) El ruido político que vive la Argentina por las internas del Partido Justicialista (PJ), la creciente agresividad de los piqueteros y la inseguridad pública, más un comportamiento político infantil por parte de las principales autoridades políticas del país, hace que brille por su ausencia un clima de negocios que estimule la inversión. Resultado: el crecimiento tiende a agotarse en la actual capacidad productiva de las empresas. Resulta utópico pensar que va a ampliarse esa capacidad productiva en este contexto de incertidumbre y desgobierno.

4) Los movimientos que tuvo el dólar a principios de agosto automáticamente paralizaron decisiones de compra de bienes de consumo durable y, particularmente, de inmuebles, dada la incertidumbre sobre el futuro del tipo de cambio.

5) El Índice de Precios al Consumidor (IPC) aumentó en el primer semestre de este año lo mismo que aumentó en todo el año pasado. Este incremento en la tasa de inflación afectó el salario real.

6) El precio de la soja está en niveles sustancialmente menores a los del primer trimestre de este año y, por lo tanto, genera un efecto ingreso menor en el sector agrícola, lo que frena el consumo.

De los cinco factores mencionados, a mi juicio el más relevante y el que explica la desaceleración de la economía con mayor fuerza es el segundo. Éste es un modelo económico que tiende a agotarse con el tiempo porque no tiene en consideración la inversión como mecanismo de crecimiento. Y si la tuviera, el gobierno hace todos los esfuerzos posibles por espantar a cualquiera que piense en invertir un centavo en la Argentina. El comportamiento caprichoso, arbitrario y totalmente impredecible de la dirigencia política en general y del gobierno en particular hace de la Argentina un país de altísimo riesgo para invertir. El que invierte un peso aquí no sabe con qué “domingo siete” le puede salir el gobierno en materia impositiva, laboral, de precios o de cualquier otra índole.

Como el gobierno sabe que la actividad económica tiende a desacelerarse, no tiene mejor idea que impulsar un incremento de salarios en el sector privado, partiendo del falso supuesto de que ese incremento de salarios aumentará la demanda global.

El error en que cae el gobierno es más que evidente. Si los salarios no suben porque las empresas están demandando más personal o porque la productividad de la economía crece, toda suba de las remuneraciones surgidas de un decreto o de un forzado acuerdo entre algunas personas que “dicen” representar a los trabajadores y algunas personas que “dicen” representar a las empresas, lo que va a generar es una simple transferencia de ingresos de las empresas hacia los trabajadores en relación de dependencia.

Las empresas tendrán menos utilidades y las personas que reciban el incremento de salarios tendrán mayor capacidad de compra. Las primeras ajustarán sus costos por algún lado y disminuirán la demanda, y las segundas incrementarán sus gastos y aumentarán su demanda. Ahí se acaba todo el proceso. Es un juego de suma cero donde no hay más riqueza para repartir y, por lo tanto, ese forzado aumento de salarios no va a sacar a la economía de su tendencia a la desaceleración.

Claro, algún idiota dirá: “que las empresas ganen menos”. Y las empresas ganarán menos, pero si con las utilidades actuales no invierten, con menos utilidades podemos olvidarnos de cualquier inversión.

Lo que no ve el gobierno es que, dada la ausencia de un contexto pro inversiones, va a llegar un punto donde, en el mejor de los escenarios, siempre va a producirse la misma cantidad de bienes y eso es lo único que va a haber para repartir. Por lo tanto, el progreso de un sector sólo será posible a costa de otro sector que pierda participación en el ingreso. La lucha por una mayor participación en el producto será inevitable y el gobierno sufrirá políticamente las consecuencias.

Una vez más, asistimos al triste espectáculo por el cual los dirigentes políticos quieren que el salario aumente pero no están dispuestos a hacer nada que lleve a una genuina mejora de los ingresos. Todo el esfuerzo que están dispuestos a hacer es volcar sus deseos en un papel y esperar que, por arte de magia, lo que escribieron se haga realidad.

Esta película yo ya la vi varias veces y me acuerdo de memoria los diálogos, qué hace cada protagonista y el final. Pero si alguno no se acuerda de la película o no la vio puede preguntarle a Alfonsín sobre cómo el abrazo con los sindicalistas le volteó el inconsistente Plan Austral y lo llevó a la hiperinflación. © www.economiaparatodos.com.ar




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