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EPT | July 16, 2018

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Lunes 17 de noviembre de 2008

Quiero ser como vos

Además de transmitir valores, ideales y objetivos, criar hijos felices también implica enseñarles qué es ser feliz.

Cada vez que les preguntamos a los chicos qué quieren ser cuándo sean grandes nos ponemos en la escala de proyección hacia su futuro y solemos divertirnos ante sus ocurrentes respuestas. Cuando son chicos sus ideales están a flor de piel y suelen fantasear con ocupaciones de autoridad, de coraje, de alto vuelo. Muchas otras veces contestan con simpleza, ganándose nuestro corazón, que quieren ser como mamá o papá. El problema central es que a medida que crecen dejamos de hacer esta pregunta, tal vez porque tenemos miedo a la respuesta.

Pensar qué quiero ser es ponerse frente a frente con los valores que uno desea levantar como estandarte y poner en tela de juicio los que uno recibió como hijo.

Cuando somos padres, creemos que educar en la libertad es dejarlos solos frente a los grandes interrogantes de la vida, para que ellos decidan, para que sean felices, pero nos olvidamos de enseñarles qué es ser feliz. Probablemente porque perdidos en las responsabilidades diarias, aturdidos por los ruidos tecnológicos cotidianos, inmersos en los problemas de los adultos y del país, nos olvidamos que el objetivo de nuestra vida es ser felices y que ese es el sentido que debe impulsar nuestras acciones, elecciones, deseos y actitudes. Nos olvidamos que la felicidad es fuente de vida y estímulo vital y entusiasmante para nuestros hijos que por simple imitación, por atracción hacia el bien, por estímulo de contagio, buscarán también ellos ser felices, soportando, como dice Victor Frankl, cualquier cómo en la vida porque tiene claro su por qué.

Ser padre no es otra cosa que eso: Vivir nuestros valores con entusiasmo, palabra que en su origen significa, “lleno de Dios”, que es lo mismo que lleno de Bien. Mostrarles cuál es el sol que nos ilumina, que nos da calor, que nos llena de vida y que nos impulsa a buscarlo, sea el que fuere para cada uno de nosotros. Mostrar dónde nace el sol, mostrar el oriente, orientarlos. Esto es respetar su libertad pero no dejarlos solos.

Si todavía no encontramos o hemos perdido el verdadero y profundo sentido de nuestra vida, criaremos hijos desorientados, perdidos, listos para ser llevados por cualquier farol artificial que se les cruce en el camino. Si encontramos nuestro sol, ellos mismos tendrán ganas de buscar el propio, guiados por el nuestro, y tal vez puedan decir, cercano al día del padre, lo que hoy afirmo como hijo y espero ganarme el derecho a escucharlo algún día: “Feliz día, viejo querido. Cuando sea grande quiero ser como vos”. © www.economiaparatodos.com.ar

El licenciado Eduardo Cazenave es miembro del equipo de profesionales de la Fundación Proyecto Padres.


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