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EPT | September 24, 2020

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Jueves 7 de junio de 2007

Reaparece una extraviada cuota de madurez en la relación bilateral con Uruguay

Después del profundo deterioro de los vínculos con el país oriental a causa del conflicto por las papeleras, algunas señales parecen indicar que la Argentina estaría dispuesta a tratar de recomponer la dañada relación.

La administración de Néstor Kirchner será recordada –por muchos años– por sus enormes desaciertos en materia de política exterior.

A la prepotencia autoritaria de una personalidad que –está ya claro– es absolutamente patológica, en este capítulo bien particular de la gestión de su gobierno se sumó la tremenda improvisación que caracterizó a una primera etapa de política exterior que estuvo en manos de Rafael Bielsa, en la que se intentó sermonear –y llevarse por delante– a cuanto vecino tenemos, sin éxito alguno. El final previsible fue una panoplia de absurdos incidentes que empañó las relaciones con nuestros hermanos de la región.

A esta etapa la sucedió una segunda, liderada por Jorge Taiana, un hombre que luce sumiso y comulga con el radicalismo de izquierda que subyace en la mentalidad del matrimonio Kirchner, en la que se profundizó –hasta lo inimaginable– la intimidad de nuestro país con Hugo Chávez y su totalitarismo. Esto transformó a nuestra Argentina en una suerte de “junior partner” mundial del tirano venezolano y la puso (en los hechos) de rodillas frente a él, en una grave situación de absurda dependencia financiera de Venezuela desde que es el único país del mundo que compra nuestros títulos de deuda, aunque en condiciones que han resultado ser sustancialmente más onerosas –para nosotros– que las que tradicionalmente hemos logrado frente a los distintos actores financieros del mundo. (Esta situación es particularmente grave ya que nos está cerrado el acceso al mercado internacional de capitales por el capricho de tratar de imponer a todos nuestros acreedores externos términos de repago forzados, que sólo fueron aceptados por aquellos que no tuvieron otra opción y terminaron siendo rechazados de plano por cientos de miles de acreedores externos de diversa dimensión que aún permanecen impagos y procuran embargarnos cuanto sea posible, para poder así cobrar, aunque sea parcialmente, sus respectivas acreencias.) Ésta, y no otra, es la cruda verdad, que la historia habrá de confirmar con el paso inexorable del tiempo, como suele suceder.

A lo antedicho cabe agregar que nuestro país –presuntamente un campeón mundial (que sabemos selectivo) de la defensa de los derechos humanos y de las libertades individuales– ha permanecido en un vergonzoso silencio oficial ante las más flagrantes y ostensibles violaciones de la libertad de opinión y de prensa que está protagonizando Chávez, como era absolutamente inevitable. La sumisión argentina, sumada a la identidad ideológica de nuestros gobernantes con el caribeño, tiene este precio, que es realmente terrible para una sociedad que tradicionalmente supo defender las libertades y que hoy, de contramano con su propia tradición, apaña el accionar de un tirano que va camino a transformar a su país en un infierno muy similar al que Fidel Castro estructuró en Cuba.

El caso de las papeleras

De los diversos incidentes bilaterales que han sido desaprensivamente provocados por la actual administración nacional –por influjo siempre del populismo que mira sólo hacia lo doméstico y condiciona todo nuestro andar exterior al imperio de la suma o resta de votos–, el que tiene como contraparte a Uruguay, nuestra nación más hermana, es el peor de todos. Y así seguramente lo juzgará la historia.

Con el más absoluto desprecio por los compromisos expresamente asumidos en el seno del MERCOSUR –y dejando de cumplir un laudo arbitral específico emitido por un tribunal arbitral ad hoc que, como cabía esperar, terminó condenándonos por unanimidad, esto es con el propio voto del árbitro que nosotros habíamos designado–, el presidente Kirchner, por omisión de conducta, permitió y sigue permitiendo que algunos ciudadanos, atropellando con abierta prepotencia a la ley y llevándose por delante a todos los demás, hayan generado un daño al país vecino que el Finantial Times ha estimado ya en un orden de 800 millones de dólares y que, desde que se publicó esa estimación, continuó creciendo, ininterrumpidamente.

Esto pese a que nuestro país ha llevado (inéditamente) a Uruguay ante los estrados de la Corte Internacional de Justicia, lo que –desde luego– no ha sido suficiente para nuestros “piqueteros” del barroso litoral del río Uruguay, que nos dicen que solamente cejarán en su empeño si imponen su criterio.

El reloj del tiempo corre. Y no a favor del Gobierno. Aparentemente, la planta industrial objetada por algunos estará en funcionamiento en septiembre. Es decir, antes de las elecciones presidenciales de octubre.

El cuadro de situación es, entonces, bastante simple. Puede pasar una de dos cosas, a saber: (i) que la planta contamine (lo que probablemente tratará de probarse de cualquier manera, sin que –conociendo ahora bien el paño– puedan descartarse las aventuras y las picardías para tratar de moderar, con ellas, el impacto obviamente adverso que el episodio puede tener respecto de la imagen del matrimonio Kirchner si la planta entra efectivamente en funcionamiento sin incidente alguno y las predicciones agoreras de desastre ambiental no resultan inmediatamente confirmadas por los hechos), y (ii) que, como cabe suponer ante lo que sucede en todos los rincones del mundo con la nueva tecnología que se utilizará en Fray Bentos (que no es utilizada por la enorme mayoría de nuestras papeleras, que como resultado contaminan, sin que esto preocupe a nadie), la nueva planta, en cambio, no contamine las aguas del río internacional.

Pronto, muy pronto, sabremos cuál es la única verdad. La realidad nos ayudará rápidamente a distinguir entre los hechos y la fantasía, lo que hasta ahora no parece haber sucedido.

El regreso del realismo y las actitudes amistosas

Con el telón de fondo orquestado y fogoneado desde Gualeguaychú –que pronto sabremos si es real o simplemente grotesco–, la relación con el Uruguay se empañó, en todos sus rincones. Más allá de las declamaciones.

No obstante, las cosas parecen haber empezado a cambiar, empujadas por la necesidad y las urgencias.

La primera señal concreta de cambio apareció en el muy lastimado sector eléctrico, expresión clara de uno de los más evidentes y dogmáticos desaciertos de los Kirchner. Como ya había sucedido –aunque en la dirección contraria–, ante la crisis que nos afecta y frente a los previsibles apagones generalizados que son la lógica consecuencia de la misma, Uruguay no vaciló un instante en suministrarnos la electricidad que necesitábamos perentoriamente.

¿Se imagina usted, lector, si los “implacables activistas” de Gualeguaychú y su red de “ad láteres” habrían actuado de esa misma manera y con idéntica solidaridad ante una circunstancia similar? ¿Habrían abierto o, quizás, cerrado la “llave de paso”? Usted opina, lector, yo sólo sugiero.

Los países han comenzado así, ante la dura emergencia provocada por los Kirchner, a regresar a una línea de conducta, la que es tradicional entre dos pueblos hermanos, que nunca debió cambiar. Y esto debe resaltarse.

Otra expresión de cambio de actitud –presumiblemente provocada por el pantano energético en que nos han sumergido los Kirchner, que se empeñan, después de más de cuatro años de gestión, en tratar de convencernos de que el problema es heredado, aunque nadie pueda creerlo– es el anuncio de que ambos países construirán, en Uruguay, una planta de “regasificación” de gas que se importaría licuado desde Trinidad-Tobago y otras naciones, para así asegurar no sólo las necesidades orientales, sino, además, suplir las graves carencias y faltantes de nuestro país, utilizando para ello –seguramente– el gasoducto de interconexión que nos une a Uruguay, que (expresión de otro fracaso bilateral notable) ha operado –hasta ahora– muy lejos de su capacidad. Para ello se aportarán algo más de unos cuatrocientos millones de dólares.

El respectivo acuerdo, suscripto entre Julio De Vido (hoy asediado por las oscuras sombras de una ola de corrupción que, de pronto, parece estar creciendo en su cercanía) y Jorge Lepra (el eficiente ministro oriental), incluye otro capítulo. El que conforma un programa de capacitación de técnicos orientales en la utilización de la energía nuclear, campo en el que nuestro país tiene amplia experiencia y que Uruguay sólo ha comenzado a encarar como posible complemento de su actual oferta energética.

Esto implica superar, con hechos y realidades, un absurdo antagonismo que hasta ahora ha sido demagógicamente inflado en nuestro país desde lo más alto del poder. Y es, además, un reconocimiento explícito del daño atribuible a las decisiones de los Kichner que han sido tan suficientes, caprichosas y equivocadas como ha quedado visto y que (beneficiando a unos pocos pícaros que hasta ahora han permanecido entre bambalinas) afectaron (como era previsible) adversamente al flujo de inversiones imprescindibles, y cuya ausencia o demora han causado daños enormes a la Argentina, Chile y Uruguay.

El poder se expresa siempre con actos. Y no con amenazas, diatribas o discursos populistas. Mucho menos con la arrogancia o el desprecio. Y gobernar es, en definitiva, animarse a ejercer, o no, el poder.

En paralelo, Celulosa Argentina acaba de tomar el control de la uruguaya Fanapel, una empresa del sector papelero oriental. Esto ocurrió cuando, hace algunos días, el Grupo Tapebicuá adquirió el control de esa empresa a la familia Calcagno, por unos 45 millones de dólares. Toda una apuesta, pese al pantano.

Tapebicuá, recordemos, tiene inversiones entre nosotros, en Corrientes y en Tierra del Fuego. Hay quienes sugieren que la planta industrial de Juan Lacaze será ahora modernizada, para estar seguramente a tono con un sector celulósico-papelero oriental que –con las inversiones de Botnia, a las que se sumarán dos inversiones de similar magnitud de capitales españoles y suecos que acaban de ser ratificadas– será realmente de punta a nivel mundial y aportará a la economía del país hermano divisas por exportaciones que triplicarán el total que hoy generan las exportaciones uruguayas de carnes rojas (curiosamente, también fuertemente estimuladas por otros desaciertos de los Kirchner, que cedieron nuestros tradicionales mercados a los exportadores orientales), lo que transformará la estructura productiva de un país, hasta ahora eminentemente agrícola, en una con modernos perfiles industriales, lo que no es poca cosa.

Esto es para celebrar, porque comienza a recomponer una relación bilateral lastimada por nuestra prepotencia.

Pese a que las reuniones recientes en Nueva York transcurrieron sin avances concretos en la remanida cuestión que allí se discutía, más allá de haber comenzado a quitarle presión a una olla que algunos, no obstante, aún mantienen sobre el fuego sin advertir el costo político que esto tendría y al que los Kirchner naturalmente temen, por su costo en votos, que tratan de postergar.

Y pese a que algunos piqueteros argentinos todavía insisten en provocar abiertamente a nuestros vecinos en su propia tierra. Como ocurrió recientemente con tres activistas argentinas que, desde los micrófonos de “Radio Rincón”, en la propia Fray Bentos, tuvieron que cesar en su encendido discurso opositor en medio de una verdadera lluvia de huevos e insultos de la indignada (y cansada) población local.

A modo de reflexión final

Las cosas, reiteramos, parecen estar tomando de pronto, un nuevo curso, regresando al clima tradicional de amistad y acción conjunta que nunca debió abandonarse. Pero nunca es tarde cuando, como ahora, la dicha es buena.

Si fuera efectivamente así, sería para celebrar; a pesar de que los argentinos aún no estamos libres del “saber universal” que los Kirchner creen tener.

Lo cierto es que, más allá del muy lastimado escenario de nuestras relaciones exteriores, hay presagios de liberación que han comenzado a aparecer y a generar alguna esperanza.

De pronto, ya no luce imposible que la prepotencia, las demonizaciones, los “patoterismos”, las intimidaciones, el pensamiento único, el desprecio por la ley, la siembra constante del odio y los resentimientos, el populismo, la demagogia, los relativismos progresistas y hasta el mal trago de estar obviamente inmersos en una nueva ola de corrupción puedan empezar a quedar atrás.

No es poca cosa. Se trata, nada menos, que de recuperar la República, en todos sus aspectos. Por eso no hay espacio para aquello de “mañana digo basta”. © www.economiaparatodos.com.ar

Emilio Cárdenas se desempeñó como representante permanente de la Argentina ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU).


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