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lunes 28 de julio de 2008

Se confirma el rumbo de colisión

Con problemas en todos los frentes y cada vez menos aliados, el matrimonio Kirchner persiste en los errores y la confrontación.

En mi nota de la semana pasada, me mostraba escéptico sobre un posible cambio en las formas y el fondo de la política de Cristina Fernández de Kirchner a partir de la derrota que sufrieron en el Senado, no solo a manos de Cobos, sino de una importante cantidad de senadores peronistas y radicales k que no acompañaron el proyecto oficialista.

¿Por qué pensar que los Kirchner iban a aprovechar las nuevas circunstancias para cambiar, si durante 5 años vinieron desaprovechando las fabulosas oportunidades que nos dieron los mercados internacionales para lanzar una etapa de crecimientos sostenido?

La sola lectura de los fundamentos del decreto que debería haber derogado la resolución 125 reflejan ese espíritu de confrontación permanente que ya no puede explicarse como una táctica política sino que, desde mi punto de vista, ha pasado a ser tema de otras disciplinas como la psiquiatría. Y no es una ironía el hacer referencia a las ciencias médicas dado que no es fácil explicar porqué causa el matrimonio presidencial parece gozar tanto con la agresión verbal, la división de la sociedad y las descalificaciones. Los dichos de Cristina Fernández de Kirchner sosteniendo que la clase media se equivoca si cree que su progreso se debe a su esfuerzo personal, sino que se debe a las políticas por ella aplicadas, son una clara muestra de ese comportamiento de agredir a los sectores que, ya en el 2007, no la acompañaron con su voto. Así que los Kirchner parecieran tener una incontenible vocación por ganarse enemigos. Si en el 2007 la clase media urbana le votó en contra y en el 2008 el matrimonio no tuvo mejor idea que pelearse con los sectores rurales que la apoyaron con su voto, lejos estamos de poder apelar al análisis político para explicar semejante comportamiento. Claramente el matrimonio está decidido a chocar el barco contra el iceberg y hasta pareciera estar disfrutando con los destrozos que van a causar.

No debe extrañar, entonces, que el leal ex jefe de Gabinete, Alberto Fernández, haya optado por saltar del barco, haciéndome recordar el salto que, oportunamente, también dio Roberto Lavagna allá por fines del 2005 cuando la inflación empezaba a convertirse en un dolor de cabeza.

Nuevamente, con la renuncia de Fernández, comenzaron los comentarios sobre la oportunidad que tenía la presidente de oxigenar su gobierno, de cambiar el gabinete y de alejar a su marido de la gestión presidencial.

Bastó que, otra vez, los analistas formularan esta última sugerencia para que, nuevamente, Cristina decidiera, en un mismo día, acudir a dos actos públicos junto con su marido. ¿Cuál es el mensaje que uno recibe frente a semejante comportamiento? Ni se les ocurra que voy a cambiar.

Otro dato a tener en cuenta. Quienes apostaron a que luego del cachetazo en el Senado y la renuncia de Fernández venía el dialogo, el nuevo secretario de Agricultura dijo que no iba a recibir a la Comisión de Enlace del campo sino que iba a recibir a las entidades por separado. En otras palabras, de entrada plantea un conflicto innecesario, forzando una nueva situación de conflicto, de la cual parece gozar el elenco gubernamental.

Hagamos un pequeño resumen de la situación del matrimonio presidencial. Electoralmente tiene en contra a los grandes centros urbanos y a las zonas rurales. Solo les queda (¿?) el conurbano bonaerense siempre y cuando la inflación no termine de alejarlos del oficialismo.

La caja que los ayudaba a disciplinar a gobernadores e intendentes ya no es tan abundante (¿lo habrá percibido Alberto y por eso renunció?). Basta con ver las transferencias de recursos no coparticipables a las provincias para darse cuenta que estas empiezan a estar en serios problemas. Cuando se compara el primer semestre de este año con el primer semestre del año pasado, las transferencias a las provincias subieron solamente el 10%. Muy por debajo de la inflación y del 36% que se incrementaron los gastos corrientes.

El otro dato relevante es que los gastos de capital, obras públicas, subieron nada más que el 17,4% primer semestre contra primer semestre. Como referencia vale la pena tener en cuenta que en el electoral primer semestre del 2007 los gastos de capital aumentaron el 42% con relación al primer semestre del 2006.

En otras palabras, la pregunta que deben estar formulándose más de un gobernador e intendente K, es, ¿para qué alinearme con el matrimonio si tengo problemas financieros y, encima, no me mandan plata para las obras públicas? El apoyo al matrimonio empieza a ser puro costo y cero beneficio para más de un intendente y gobernador.

Como si todo esto fuera poco, la inflación no solo se ha comido los salarios reales, llevando a nuevas negociaciones, sino que el llamado tipo de cambio competitivo ha dejado de serlo. Como referencia, tomemos el “Índice Big Mac” que elabora la revista The Economist. En abril del 2003 un Big Mac costaba U$S 2,70 en EE.UU. y U$S 1,43 en Argentina (el tipo de cambio, en ese momento, era de $ 2,88). En julio de este año un Big Mac en EE.UU. cuesta U$S 3,57 y en Argentina U$S 3,64. Este solo dato confirma mis anteriores afirmaciones de que el tipo de cambio real ha vuelto a los niveles del 2001, con lo cual el corazón de la política económica del Gobierno ha quedado destruido.

De los superávit gemelos, vemos que el superávit de balance comercial tiende a evaporarse, por un menor ritmo de crecimiento de las exportaciones y por un acelerado aumento de las importaciones, sobre todo por el incremento de las importaciones de combustibles para paliar la crisis energética. En el primer semestre de este año, dichas importaciones se duplicaron respecto al 2007. Paralelamente el superávit fiscal, cuando se le quita la contabilidad creativa, también se deteriora. Así que los superávit gemelos también tienden a desaparecer.

En síntesis, no sólo los Kirchner siguen batiendo récords en la tarea de conquistar más enemigos políticos sino que, encima, la economía ya no les sonríe como un par de años atrás.

A pesar de todo eso, no están dispuestos a cambiar el rumbo y muestran una férrea decisión de seguir con la confrontación, ya sea por estrategia o por cuestiones que, a esta altura, solo la psiquiatría puede explicar. © www.economiaparatodos.com.ar

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