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Jueves 11 de junio de 2009

Si gana Kirchner, si pierde Kirchner

¿Cuánto cambia el escenario político y económico nacional tras el resultado de las próximas elecciones legislativas?

A menos de un mes de las elecciones, los escenarios posteriores al 28 de junio que desvelan a más de uno dibujan perfiles diferentes si Kirchner gana la elección o si la pierde. ¿O no tan diferentes? ¿Y si no la pierde, pero tampoco la gana?

Veamos qué se dice y qué puede ocurrir. Algunos encuestadores de firme compromiso con el gobierno dicen que K ganaría en la provincia por un margen de 9 puntos (Rouvier, 38% a 29%). Otros más independientes (Poliarquía) prevén un margen de tres puntos. Por último, no faltan quienes creen que el ex presidente perderá la elección.

En el campo del análisis, muchos entienden que si Kirchner gana se profundizará un modelo chavista de fuerte intervención del Estado –cuando no directamente de estatizaciones– a la manera del comandante de Caracas.

Para ir al otro extremo, si el voto significara un freno en seco para el matrimonio gobernante, las previsiones se bifurcan en dos interpretaciones opuestas. Una entiende que en esas condiciones será muy difícil que los K continúen en el gobierno, abriéndose la posibilidad de que el vicepresidente Cobos asuma la presidencia. Otros, al contrario, recuerdan que tras el rechazo de la 125 y los rumores de abandono, Kirchner subió la apuesta y enderezó la proa del gobierno hacia un modelo decididamente estatista con un fuerte tono de populismo barato que se materializó en la confiscación de las AFJP, la nacionalización de hecho del comercio agrícola, la designación de funcionarios estatales en los directorios de las compañías a las que la ANSES tuvo acceso como consecuencia de la estatización del sistema jubilatorio y a un generalizado intervencionismo que impide distinguir qué compañías son realmente “privadas”, entendiendo por ello aquellas que mantienen una zona de soberanía indisputable por el poder público. La reciente prohibición a Edesur de repartir dividendos legítimamente obtenidos lo demuestra.

De modo que, siguiendo este criterio, no se podría asegurar con certeza total que un triunfo de la oposición pararía la locura oficial: Kirchner nunca fue un buen perdedor, no se caracteriza por reconocer las razones o los votos de los demás y, obviamente, no es un contemporizador que admita la negociación y el consenso como base del progreso.

Pero las posibilidades “blanco-negro” (que pierda o gane Kirchner) tampoco son tan absolutas. Es más lo más probable es que ninguna de ambas ocurra, sino que lo que se produzca sea un empate.

Lo que sí tiene perdido el oficialismo es la batalla real de la elección, esto es, cuántos legisladores se ponen en juego y cuántos se logran retener. Ese cálculo ya está terminado: el gobierno perderá una abundante cantidad de diputados y senadores, algo que, incluso le va a ocurrir a Scioli, a nivel de la Legislatura de la provincia de Buenos Aires.

De modo que lo único que se debate en términos de duda es quién se llevará los títulos de los diarios del día 29. Kirchner dijo, cuando le preguntaron por cuanto debía ganar para considerarse “ganador”, que las “elecciones se ganan por 1 voto”. Esa respuesta es toda una definición acerca de cómo el ex presidente en funciones entiende la lógica del poder: al día siguiente de un resultado de esa especie (100 a 99) se arrogará, de todos modos, la representación “del pueblo”; es más, dirá que la elección demostró que “el pueblo” lo respaldó y que él “es” el pueblo.

Queda por verse qué poder real le reconocerá el PJ en ese caso. Su griterío podrá tronar fuerte, pero la sentencia pesada de los padrinos territoriales del peronismo es posible que decida otros planes para el matrimonio.

El costado económico cuya “fortaleza” algunos pretenden insinuar no es más que un conjunto de mentiras atadas con alambre. La presidente en un papelón histórico dijo el otro día que la Argentina era el quinto país del mundo en recibir inversión extranjera directa (IED). Escuchó mal y repitió como un loro frases de una ciencia que desconoce por completo: la Argentina es el quinto país de la región en recibir IED, detrás de Brasil, Chile, México y Colombia. Si las “fortalezas” se apoyan en afirmaciones como esa, válgame Dios.

La ceguera de ver “tranquilidades financieras” no deben hacer olvidar que el país va camino de importar leche, carne y pan, la base histórica de “la mesa de los argentinos”. Quien siga sosteniendo que, después de todo, no estamos tan mal porque los bonos de la deuda subieron 40% y el Merval pasó de 900 a 1500 puntos está viendo un canal con 2 puntos de rating. Esos “mercaditos” no sirven como unidad de medida para saber cómo está la economía.

En el escenario más probable (derrota parlamentaria importante, empate técnico en los porcentajes), Kirchner quedará preso de los gobernadores peronistas. Y en esa celda todo puede ocurrir menos una negociación civilizada. © www.economiaparatodos.com.ar


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