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EPT | April 21, 2019

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Jueves 28 de febrero de 2008

Sin lugar para los débiles

El Gobierno sigue cimentando su poder en la habilidad de convertir el fracaso en éxito y venderlo tan barato que todos lo compramos. ¿Por cuánto tiempo más?

“No busquéis el apoyo del fuerte; su abrazo aplasta.”
Friedrich Nietzsche

Aun cuando la maquinaria comunicacional sigue insistiendo con la buena imagen presidencial y vendiendo un país que flota plácido en medio del océano sin que se pueda avizorar todavía grandes tempestades que amenacen, hay datos y hechos que no cierran. No es tan importante quizás precisar la dimensión de esos agujeros, sino evaluar el daño que pueda causar la sumatoria de todos ellos en un mediano, largo plazo. Si una herida no se sutura hasta el final, en algún momento, o sangre o pus va a aflorar. Lo mismo pasa con la Argentina. O sangre o podredumbre emergerá de una sociedad que sigue dividida, de un Ejecutivo más acéfalo que bicéfalo, de las promesas incumplidas y de las mentiras que, de tan cortas patas, terminarán paralizadas sin poder defender a nadie ni defenderse de nada.

Los grandes protagonistas del primer bimestre de 2008 ya son casi elenco secundario. Aquella Cancillería que durante el primer período kirchnerista estuvo “guardada” como si no existiera, pasó a ser la vedette del verano denunciando autos diplomáticos con papeles adulterados, visas chinas muy similares a las inversiones nunca recibidas, hasta envalentonándose ante los Estados Unidos e incluso ante el mismísimo Vaticano. Grandes titulares anunciaron la decisión de mandar a Rodolfo Iribarne como embajador a la Santa Sede con extraña ofuscación en que permanezca en un cargo nunca otorgado, y cada vez con posibilidades más inciertas de que se lleve a cabo. Podría decirse que Iribarne es prácticamente un característico peronista ya regresado.

Asimismo, todo el encono presidencial con los Estados Unidos se esfumó de la noche a la mañana. La foto con el embajador americano en la Casa Rosada no aportó nada. En Miami, sigue avanzando la causa por la valija con su peculiar remitente y destinatario que salpica la jefatura de Estado. Estos, como otros tantos temas que ocuparon la atención de los dos primeros meses del año, ya no desvelan a la opinión pública que apuesta por la suerte de un intendente de la costa como si Pinamar fuese, en síntesis, una reducción geográfica de la Argentina con su dirigencia y sus metodologías.

Podría decirse que el Gobierno es eficiente en el uso de cámaras ocultas más que en la transparencia, así al menos lo reflejan asuntos como la legislación de ticket canasta y las coimas pedidas con o sin sutileza. Pero todo esto podría ser anecdótico si no se sumaran otros aspectos que tampoco aportan claridad al escenario nacional.

En materia política, Kirchner, que demostró ser un gran fracasado en el armado de una fuerza política propia como la había soñado, aparece ahora como el hacedor de un “peronismo renovado” (suponiendo que no resulte una contradicción en términos así mencionarlo) Un ejercicio intelectual interesante resulta de imaginar la actitud de Juan Domingo Perón si viera los intentos del ex presidente electo y hoy oficiando como tal pero sin elección popular (¿eso no quiere decir de facto?) por insertar su movimiento en las filas de la internacional socialista o viceversa, nadie lo sabe a ciencia cierta.

La realidad es que la transversalidad murió en la noche de los tiempos, y la clase media urbana dio vuelta la taba y se le rebeló al santacruceño. Hoy esta vive dolarizadas: gana en pesos y paga en dólares… Es complicado ganarse adeptos con esos métodos, un detalle que se le escapó a Kirchner de las manos.

Su habilidad, sin embargo, le permitió virar 180 grados, abandonar el futuro y volver al pasado. Y si, acaso, los setenta son insuficientes para lo imaginado, un regreso a mediados de los cincuenta parece ser el nuevo desafió. Así ha encarado Néstor Kirchner el armado o rearmado de una estructura típica de la vieja política, aquella que pudo vencer en las urnas pero que siempre se ha caracterizado por estar atada a una caja y a un unitarismo fiscal que hace que Balcarce 50, Olivos o Puerto Madero, lo mismo da, tenga siempre las riendas del paso.

¿Qué país evolucionado puede emerger de allí? ¿A dónde ha llevado el peronismo a la Argentina? ¿Cuáles son las lealtades que tiene el kirchnerismo en su haber? ¿Quiénes son realmente los hombres del o de la presidente? Silencio de radio. Emigran macristas, radicales, socialistas. Todo vale. Lamentablemente, ni siquiera las caras de los empresarios que aparecen como “favoritos” en algún diario son referentes de una dirigencia con ideas nuevas y metas claras que se extiendan más allá de los intereses sectoriales, efímeros a veces o meramente coyunturales.

Es paradójico cómo estos datos sueltos muestran la capacidad que tiene el Gobierno de convertir el fracaso en éxito y venderlo tan barato que todos compramos. La Argentina es, definitivamente, propiedad de Alicia, porque ese país de maravillas únicamente admite que los sueldos suban un 20 o un 30% más que los precios en shoppings y supermercados y no sea decretada la panacea universal en esta parte del planeta. Encerrados en un cuento fantástico, estamos dormidos en los anaqueles de una biblioteca que nadie frecuenta. ¿Para qué vendría, por ejemplo, Angela Merkel? Mejor, le dejamos la respuesta al presidente de Nueva Guinea. Pruebas al cántaro.

Volvemos a recurrir al único Chapulín Colorado que se presenta cuando el titular de un Ejecutivo autista sostiene con exquisita verborragia que el “horno no está para bollos”. Hugo Chávez regresa, entonces, como el redentor de un país donde las crisis se niegan o se universalizan para evitar responsabilidades y desligar culpas afuera. La rareza es que, por ejemplo, aunque se niegue la crisis energética, se decide implementar un plan para reducir su impacto comprando millones de bombitas y reduciendo el envío de energía a industrias y a empresas. Contradicciones de una geografía donde nadie cuestiona demasiado, total no hay quien ofrezca, en forma sostenida y concreta, diferencias…

Una geografía donde los débiles no tienen espacio porque no son conscientes de su fuerza, y porque los fuertes son, en definitiva, los que no tienen la fuerza, pero aparentan tenerla. © www.economiaparatodos.com.ar


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