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Miércoles 11 de marzo de 2015

¿Sublime obsecuencia?

¿Sublime obsecuencia?

El revuelo que está provocando la muerte del fiscal Nisman, nos incita a esbozar algunas reflexiones que pueden contribuir al esclarecimiento de un hecho que ha descontrolado completamente al gobierno y a la opinión pública en general

En efecto, es bien sabido que:

a) La concentración del poder en pocas manos, crea siempre “segundas líneas” compuestas por algunos audaces que deciden de qué manera se ejecutarán ciertas estrategias políticas de sus “jefes”, de modo de “agradarlos”.

b) Quienes supuestamente “mandan”, van perdiendo de tal manera, poco a poco, la perspectiva de lo que ocurre “por debajo” de ellos.

c) En general existe un gran temor de que se “filtren” datos sensibles para un gobierno, por lo que los “jefes” elijen muy pocos confidentes, con quienes comparten decisiones en un clima de estricta intimidad y secreto.

d) Dichos confidentes, para asegurarse el favor de los que mandan, se posesionan de los mecanismos de “distribución” de las órdenes y las “interpretan” a su manera.

e) Crean así su propia red, que “desparrama” las indicaciones que reciben entre adeptos de distintas jerarquías, que siguen instrucciones -supuestamente “secretas”-, recibidas “desde arriba” (sin que nadie sepa a ciencia cierta de cuan “arriba” se trata).

f) Una vez que se pone en marcha este mecanismo perverso, las políticas de origen pierden muchas veces consistencia e identidad, y terminan sin parecerse ni remotamente a los propósitos que emanaron de la cúpula (lo cual no excluye, por supuesto, la responsabilidad de ésta).

Esto ocurre, sobre todo, cuando el gobierno es ejercido por demagogos oportunistas -como los Kirchner-, sin planes de largo aliento, que crean “EQUIPOS DE TAREAS” para manejar la agenda diaria, dando órdenes a quienes demuestren ser más obsecuentes, porque lo único que les interesa es MANTENER EL PODER, ENRIQUECERSE Y SATISFACER SU EGO.

El kirchnerismo es un ejemplo prototípico de lo que aquí exponemos: se originó con el advenimiento político de una pareja egocéntrica, desconfiada, inescrupulosa, despiadada y sin ningún límite moral, que esparció la idea de que todo es lícito, si de lo que se trata es de acumular dominación sobre los demás.

No es casual entonces que Cristina deba enfrentarse hoy, después de varios años (más aún después del fallecimiento de Néstor), a un marasmo que responde a una extendida creencia que alimentó con su marido, que podríamos denominar como “la exageración de lo infinito”.

Por lo expuesto, ¿no resulta lícito suponer que a Nisman lo “ejecutaron” segundas líneas que quisieron agradar a Cristina?

Dicen que la Presidente exclamó rabiosamente entre el 14 y el 19 de febrero (días transcurridos entre la presentación de la denuncia de Nisman y su eventual concurrencia al Congreso para ampliarla):

“párenlo; detengan esto de cualquier manera”.

¿No es verosímil pensar entonces que algún chupamedias que recibió el “trascendido” emanado de la “intimidad” de Olivos haya aprovechado para “ganar puntos”, tomó la peor decisión y en lugar de “apretar” al fiscal, lo hizo asesinar con la complicidad de algún sicario internacional?

¿Quién puede asegurar que no haya sido así? ¿No cabe dentro del esquema dislocado del gobierno? ¿No fue de este modo que asesinaron en su momento al fotógrafo Cabezas para “congraciarse” con Yabrán?

Estamos convencidos que jamás se sabrá a ciencia cierta, porque la cadena de encubrimiento, por lo complejo de su urdimbre, se irá esfumando en la atmósfera de las complicidades.

Lo que conmueve es pensar cuántos asuntos “quemantes” como éste habrán sido resueltos estos años con esa misma lógica, dentro de un poder que tejió siempre escenarios donde se privilegió la impunidad.

Usando un lenguaje boxístico, diríamos que Néstor y Cristina han intentado “noquearnos” mientras estábamos tratando de acomodarnos el protector bucal. Tendremos pues que estar muy atentos hasta el final del “match” que libran por su subsistencia, para que no nos pillen nuevamente distraídos y tengamos que oír la cuenta del “knock out” desparramados sobre la lona del cuadrilátero.

Al compás de lo que está ocurriendo, quizá nuestra Presidente haya malinterpretado el sentido de una frase del pintor Jasper Johns y diga como él: “asumo que todo lo que he liderado ha sido un fracaso, pero he decidido que no importa, ÉSA ES MI VIDA”.