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Lunes 11 de diciembre de 2006

Sugerencia: un año sabático para Moreno

Si los funcionarios del gobierno entendieran que el precio de un bien no es un valor intrínseco al producto sino resultado de la utilidad y escasez de ese bien para determinada persona, descubrirían la improductividad del trabajo que realiza el secretario de Comercio Interior.

Antes de empezar a explicar la teoría de los precios, cualquier buen profesor de Economía tiene que comenzar enseñando las diferentes teorías del valor, porque es imposible entender cómo se forman los precios en el mercado si, previamente, no se comprende que el valor es algo subjetivo.

Las cosas no valen por sí mismas, sino porque el hombre les otorga valor. Las teorías objetivas tratan de explicar el valor de las cosas por el trabajo incorporado o por la escasez.

Pero cuando el plomero viene a mi casa y en 5 minutos resuelve el problema del agua, no me está cobrando por la cantidad de trabajo que le insumió arreglar el problema, sino por saber qué tuerca tenía que ajustar.

En definitiva, las teorías objetivas no lograban solucionar el problema del valor. La solución al problema del valor la dieron dos economistas austríacos (Böhm Bawerk y Menger), quienes explicaron que el valor de las cosas estaba determinado por su utilidad y escasez, aunque utilidad y escasez consideradas para determinada persona y en determinadas circunstancias. En otras palabras, el valor no es intrínseco a las cosas independientemente de las personas (los indios americanos no terminaban de entender por qué los conquistadores españoles le otorgaban tanto valor a ese metal amarillo que llamaban oro), sino que el valor se lo otorgan las personas a determinados bienes, según las circunstancias en que se encuentra y según la escasez de ese bien en ese momento. El ejemplo más conocido al respecto es el de un vaso de agua. ¿Qué valor tiene un vaso de agua para una persona que está en su casa con abundante agua corriente y qué valor tiene ese mismo vaso de agua para la misma persona en el medio del desierto?

Además, cada persona va cambiando el valor que les otorga a las cosas. El primer vaso de agua tiene un valor determinado para una persona, el segundo vaso menos valor, el tercero menos y llega un punto en que la utilidad del último vaso de agua es igual a cero. Es lo que se conoce como utilidad marginal.

De la teoría del valor se pasa a otro punto, que consiste en determinar cuándo una persona realiza un intercambio. ¿Cuando le otorga el mismo valor a lo que entrega que a lo que recibe o cuando le otorga más valor a lo que recibe que a lo que entrega? Obviamente, el intercambio se realiza cuando una persona le otorga más valor a lo que recibe que a lo que entrega. Si les otorgara el mismo valor a ambos bienes no realizaría el intercambio porque estaría en un punto de indiferencia. Insisto, el intercambio se lleva a cabo cuando le doy más valor a lo que recibo que a lo que entrego.

Si los funcionarios del gobierno entendieran este principio básico de economía, descubrirían la improductividad del trabajo que realiza el señor Guillermo Moreno. El secretario de Comercio Interior se pone de mal humor cuando la gente compra la lechuga y la carne a un precio más alto que al que a él le parece correcto. Sin embargo, si la gente compra la carne es porque valora más el producto que recibe que los pesos que entrega. Por supuesto que si la gente pudiera comprar la carne más barata estaría feliz de la vida, pero eso no quita que, aun con precios más altos, ambas partes salgan beneficiadas.

La improductividad de Moreno también tiene que ver con sus exigencias de pedir planillas de costos de producción. A la gente no le interesa cuáles son los costos de producción del carnicero, el verdulero o el productor lácteo. Sólo le interesa si lo que recibe vale más que lo que entrega.

A la gente tampoco le interesa cuánto gana cada empresa. La utilidad de cada uno es un problema de las empresas. ¿Qué problema hay que una empresa tenga buenas ganancias si para mí lo que entrego vale menos que lo que recibo?

Cuando el secretario Moreno se pone a fijar precios máximos, lo que pretende es sustituir la teoría del valor en base a la cual se forman los precios en el mercado, pretendiendo transformarse él en una especie de ser iluminado que puede definir qué valor tiene cada cosa para cada persona en cada momento. Ni la computadora más sofisticada del mundo podría resolver este problema que Moreno intenta solucionar mirando los costos de producción y las utilidades de las empresas.

La primera conclusión a la que uno llega sobre el trabajo de Moreno es que para el conjunto de la sociedad sería más económico pagarle el sueldo al actual secretario de Comercio Interior para que se quede en su casa y no se meta con los precios ni con las utilidades. En otras palabras, es preferible seguir pagándole el sueldo a condición de que no haga nada, que pagarle el sueldo para que continúe interviniendo en el sistema de precios. Para la sociedad es más costosa la entorpecedora labor del secretario, que otorgarle una especie de año sabático con sueldo pago.

En todo caso, si Moreno quiere hacer algo productivo, lo mejor sería que recuerde el concepto de utilidad marginal y que esa utilidad decrece a medida que la gente va consumiendo una unidad adicional de un bien. ¿Cómo podría aplicar productivamente ese conocimiento? Recordando que la moneda es una mercadería más y que cuando la producción de esa mercadería llamada moneda aumenta, como viene aumentando en la Argentina, la utilidad marginal de la misma disminuye.

Lo que está ocurriendo con el sistema de precios argentinos es que la utilidad marginal de los pesos está disminuyendo porque el Banco Central está inundando el mercado con esos billetes que produce, por lo tanto, los pesos tienen cada vez menos utilidad marginal para la gente, eso que los economistas denominamos demanda de saldos monetarios.

Lo único que ha logrado Moreno con su improductivo trabajo es aumentar los costos de producción de las empresas, que tienen que destinar recursos a llenar absurdas planillas de costos que no sirven para nada. Además, dilapida los recursos de los contribuyentes pagándoles sueldos a legiones de inspectores y funcionarios para que verifiquen a qué precios intercambia bienes libremente la gente y estudien si las empresas gastaron “mucho” en tinta para las impresoras, publicidad o energía. Datos que al consumidor no le interesan porque lo que le importa es si la relación calidad y precio del producto tiene más valor que el dinero que está entregando.

En síntesis, con su trabajo Moreno está dilapidando los recursos que con tanto esfuerzo aportan los contribuyentes al fisco. Sugiero que el Gobierno minimice esa dilapidación otorgándole unas largas vacaciones pagas. © www.economiaparatodos.com.ar


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