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Jueves 10 de marzo de 2005

También en Irán la gente coquetea con el poder de la calle

En forma silenciosa la sociedad iraní empieza a reclamar un cambio a través de armas sencillas, pero contundentes, como la vestimenta o la transgresión de pequeñas normas de comportamiento social.

En el Líbano, como antes sucediera en Georgia o en Ucrania, de pronto una multitud envuelta en colores, rosas en Tsibilisi, naranjas en Kiev y rojos y blancos en Beirut, ha salido espontáneamente a las calles a defender sus derechos y libertades esenciales. Sin que la traslade ninguna sospechosa columna de “ómnibus” o “colectivos”. Compuesta principalmente por jóvenes de distinta extracción religiosa, esa ruidosa multitud ha logrado ya la caída del gobierno pro-sirio del premier Abdul Hamid Karami. Ahora insiste en la inmediata retirada de las tropas sirias de ocupación.

En Irán, sin embargo, las cosas son diferentes y algo más complicadas.

Pero, de pronto, allí también las calles se han vestido pacíficamente de un nuevo color, el rosa. A la manera de sordo pero claro desafío a una teocracia cada vez más asfixiante.

Hasta hace poco, las mujeres iraníes se vestían uniforme -y monocromáticamente- de riguroso negro. De pies a cabeza, integralmente. Como lo mandan los “mullahs”, porque según la regla conocida como el “hijab”, ellas deben cubrirse completamente, con la sola excepción de las caras, las manos y los pies.

Esta nueva moda -que crece cada vez más- está mandando, desde la calle, un mensaje silencioso, quizás, pero poderoso. El de la protesta callada que puede mañana inflamar en dirección al cambio a los más de 70 millones de almas que componen la sociedad iraní.

Muchos jóvenes, en una sociedad donde la mitad de la población tiene menos de 30 años, acompañan a su manera la protesta femenina: afeitándose, portando “jeans” y usando el pelo largo. Y estrechando la mano, en público, de mujeres con las que no tienen relación familiar, lo que no es aceptado por los “mullahs” que tratan de segregarlas.

Mientras tanto, los religiosos conservadores que ocupan el poder desde 1979 están aumentando su control de todo. Encarcelando a disidentes y opositores. Desalojando a los reformistas del Parlamento y de los puestos de gobierno. Ahogando a la prensa. Cercenado las antenas parabólicas, e interrumpiendo constantemente la red de Internet.

Pero no pueden evitar la reacción discreta, pero generalizada, que llega desde de la calle. Que no sólo se ve, sino que de alguna manera se respira. Porque más allá de las palabras, hay actitudes que dicen sin hablar. © www.economiaparatodos.com.ar



Emilio Cárdenas es ex Representante Permanente de la Argentina ante la Organización de las Naciones Unidas.




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