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Lunes 18 de julio de 2005

Tres formas de expoliar a los pobres

A través de un modelo de sustitución de importaciones, un tipo de cambio artificialmente alto y una profusa emisión de bonos, el gobierno nacional lleva adelante una política económica que perjudica a la gran mayoría de la población en beneficio de unos pocos sectores.

El presidente Kirchner viene insistiendo con el argumento de que en octubre necesita el apoyo de la gente (léase el voto) para tener gobernabilidad. A juzgar por lo hecho hasta ahora, no se entiende muy bien para qué quiere la mayoría en el Congreso si no ha presentado ninguna reforma estructural de la economía que haya sido frenada en el Senado o en la Cámara de Diputados. Por el contrario, en estos dos años de gobierno ha recibido el apoyo del Congreso al punto tal de que le han votado una ley de presupuesto por la cual puede manejar a su antojo los recursos de los contribuyentes. La pregunta es: ¿qué reformas estructurales tan importantes quiere llevar a cabo, que los actuales diputados y senadores lo están obstaculizando?

Cuando uno pide un apoyo como el que solicita Kirchner es, por ejemplo, para implementar una profunda reforma laboral que elimine los privilegios de los dirigentes sindicales y alentar a las empresas a que contraten personal, o para llevar a cabo una profunda reforma del Estado que elimine los cotos de caza existentes, fuentes de gran corrupción. Ahora, pedir el apoyo de la gente para que todo siga igual no luce para nada convincente. Si uno pretende mantener este sistema económico corrupto y, al mismo tiempo, pide más apoyo popular, la única conclusión a la se puede llegar es que se pide el apoyo del voto para lograr convertirse en el único que controla el sistema corrupto.

Pero hay más. Kirchner pide el apoyo de la gente sin decir para qué lo quiere, pero al mismo tiempo aplica una política económica altamente regresiva y expoliatoria de los sectores de ingresos fijos. Voy a dar tres ejemplos de cómo la política económica del Gobierno es absolutamente contraria a los intereses de la inmensa mayoría de la población, generando rentas extraordinarias para pocos sectores. Lo que podríamos definir como una política económica que lleva a una fuerte concentración del ingreso a costa de los más débiles.

Primer ejemplo. El Gobierno aplica una política de sustitución de importaciones. ¿Qué significa esto en castellano básico? Que les otorga a los productores locales el beneficio de no tener que competir con productos importados. Por lo tanto, reduce artificialmente la oferta de bienes y les ata las manos a los consumidores, que se ven restringidos en su libertad de elegir qué comprar con el fruto de su trabajo, es decir el salario. Con este mecanismo, el Gobierno redistribuye ingresos de los asalariados y jubilados hacia los que sustituyen importaciones, concentra el ingreso en los segundos, los pocos beneficiarios del modelo. El sector beneficiado puede, de esta manera, elevar los precios y bajar la calidad de los productos sin tener miedo a que productores más eficientes los desplacen del mercado. Tampoco tienen estímulos para invertir porque el Gobierno los resguarda de la competencia.

Segundo ejemplo. Para sustituir importaciones el Gobierno estableció un tipo de cambio artificialmente alto. Para ello, el Banco Central (BCRA) tiene que emitir moneda, lo cual genera inflación. Como la inflación es un impuesto sobre los activos e ingresos en pesos, resulta ser que el tipo de cambio alto se financia, en parte, con un impuesto (el impuesto inflacionario) sobre los sectores de ingresos fijos. Dicho de otra manera: el sostenimiento del tipo de cambio alto se logra, en parte, cobrándole el impuesto inflacionario a los asalariados y jubilados. Así, estos dos sectores son expoliados por una doble vía de carácter progresista: a) son consumidores cautivos de los productores locales, y b) pagan el impuesto inflacionario para implementar la sustitución. Es decir, el Gobierno los liquida licuándoles el salario real y restringiendo su libertad de elección.

Tercer ejemplo. El BCRA esteriliza parte de la importante emisión monetaria para sostener alto el tipo de cambio al emitir bonos. Esa colocación de deuda pública está aumentando la tasa de interés y generando un negocio financiero fenomenal del cual se benefician muy pocos. La última licitación de bonos dio como resultado que quien los compró tiene asegurado el capital ajustado por CER más un 5% de interés. Con un tipo de cambio fijo como el que tenemos, esto significa que quienes compraron esos bonos pueden llegar a tener una rentabilidad anual del 15% en dólares (10% de tasa de inflación y 5% de interés). Con semejantes rendimientos, el modelo productivo iniciado por Duhalde y seguido por Kirchner se ha transformado en una fantástica timba financiera. En definitiva, el Gobierno, a pesar de su discurso, está privilegiando la especulación financiera por sobre la producción, porque con semejantes tasas de interés que ofrece el Estado el sector privado está imposibilitado de acceder a créditos de largo plazo a tasas pagables. Basta con ver cuál es la tasa de interés que tiene que pagar una PyME por acceder a un crédito para advertir que si llega a tomar ese crédito está pavimentando el camino directo a la quiebra.

Pregunta: ¿quiénes compran esos bonos que ofrecen tan buenos rendimientos? ¿El operario de una fábrica, la cajera de un supermercado, el jubilado? No, los compran unos pocos inversores especializados que obtendrán grandes utilidades. ¿Quiénes van a pagar semejantes utilidades que ofrecen los bonos del Estado? Los mismos que tienen que pagar el impuesto inflacionario para sostener alto el tipo de cambio y los mismos que hoy son cautivos de los productores que sustituyen importaciones. Nueva transferencia de ingresos de los más pobres hacia unos pocos sectores. Al igual que Alfonsín, un declarado pogre, Kirchner está armando un circo de negocios financieros como los que vimos en la década del 80 con el famoso gasto cuasifiscal y el festival de bonos que, en su momento, denunció el actual ministro Lavagna.

La verdad es que con esta política económica a la gente la están violando descaradamente. Pero, eso sí, como siempre hacen los progres y los populistas, mientras violan a la gente, por lo menos le dicen que la quieren. © www.economiaparatodos.com.ar




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