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Jueves 24 de noviembre de 2005

Un caso de “logrolling” explícito

El episodio protagonizado por el diputado Eduardo Lorenzo (a) Borocotó ofreció una clase magistral sobre una de las técnicas de manipulación del sistema democrático más repudiada por la sociedad que, sin embargo, hasta el momento se había mantenido oculta.

Es posible que, sin darse cabal cuenta de lo que estaban haciendo, el presidente de la República, el jefe de Gabinete y el diputado recientemente electo Eduardo Lorenzo (a) Borocotó nos brindaron una clase magistral sobre una de las técnicas de manipulación del sistema democrático más repudiada por la sociedad, que hasta ahora se había mantenido oculta a los ojos y la comprensión popular.

Curiosamente, el mismo miércoles de la semana pasada, con diferencia de pocas horas, los principales protagonistas pretendieron justificar sus conductas personales, pero terminaron explicando de manera explícita y con lujo de detalles la intimidad de una maniobra deleznable.

En el lenguaje de la economía pública y la competencia política, dicha técnica tiene un nombre muy preciso. Se trata de la palabra “logrolling”, raramente usada en las versiones estadounidenses de los diccionarios de inglés y totalmente ignorada en los diccionarios británicos. El término “logrolling”tiene un significado muy simple, pero presenta tres distintas gradaciones.

La primera -de mayor ingenuidad- significa un intercambio implícito de votos parlamentarios que se aplican en los casos de presupuestos de obras públicas, gastos de defensa militar y programas sanitarios nacionales, donde los proyectos completos presentan un espectro tan amplio y extenso de temas que para tomar decisiones prácticas se deben acordar cuestiones muy concretas como, por ejemplo: ¿dónde emplazar una autopista de doble carril?, ¿qué efectos tendrán las obras públicas sobre el valor de las viviendas de muchos ciudadanos?, ¿qué sistema de armas comprará cada una de las fuerzas armadas?, y ¿dónde se construirán los nuevos hospitales públicos?. En esta primera versión, el término “logrolling” significa: “Yo estoy de acuerdo en votar por algo que usted desea, pero a cambio de obtener su apoyo en votar por algo que yo también deseo”.

La segunda acepción -ya no es tan candorosa- se presenta como algo cuestionable, como lo fue el caso de la compra de votos en el Senado denunciado por Mario Pontacuarto para que se aprobara una ley de reforma laboral que estaba siendo exigida por el Fondo Monetario Internacional (FMI) con motivo del otorgamiento de un fabuloso blindaje financiero a nuestro país. En este caso, “logrolling” significaba otra cosa distinta al sentido anterior: “Yo estoy dispuesto a apoyar la ley que usted necesita, pero a cambio de obtener un apoyo monetario de su parte o conseguir algo que a mí me interesa”.

La tercera connotación de la palabra “logrolling” -la más truculenta y pérfida de todas- significa lisa y llanamente una transfugada: “Yo soy capaz de abandonar mi partido y pasarme al suyo, o de cambiar mi ideología e involucrarme en su proyecto político según el precio que usted esté dispuesto a pagarme”.

No hay ninguna duda de que esta tercera acepción concita el repudio mayoritario de la sociedad porque es la manifestación corporativa más clara y evidente de una operación mafiosa formalizada por grupos de intereses políticos a espaldas del interés general.

Lo que agrava aún más el nivel del escándalo es la explicitación de esa maniobra mediante discursos públicos y la exhibición de fotografías documentándola con una increíble descripción justificativa por parte del propio presidente de la República, el mismo día en que lo hacía el inculpado de haber vendido su primogenitura por plato de lentejas no especificado.

En términos comunes, esa maniobra tiene un nombre más castizo que la palabra “logrolling” y se la conoce simple y crudamente como una “desfachatez”, o sea, el obrar con descaro y desvergüenza.

En general, la primera de las tres acepciones, entendida como un mero intercambio de votos, es una práctica muy corriente en el Congreso de los EE.UU. que ha sido perfectamente analizada por los autores que se han dedicado a estudiar los motivos del voto y las transacciones para obtener acuerdos políticos.

Pueden citarse, especialmente, las obras de Mancur Olson (La lógica de la acción colectiva, Harvard University Press, 1965), Gordon Tullock (Los políticos y la burocracia, Public Affaire Press, Washington DC 1965), William A. Niskanen (Políticas de la burocracia, Aldine Atherton, NY, 1971) y James M. Buchanan (El cálculo del consenso o fundamentos lógicos de la democracia constitucional, Espasa-Calpe, Madrid 1980).

En esta primera acepción, para que se produzca una mejora en el bienestar social a través del intercambio de votos, la suma de las utilidades logradas por los beneficiarios de una medida legislativa debe ser mayor que los perjuicios que sufren los perdedores. Sin embargo, los que analizaron este tema señalan que, llevado a la práctica política corriente, el esquema de compra de votos mediante intercambios de favores genera incentivos para hacer trampas, lo cual termina desacreditando al propio mecanismo.

En el tercer significado, que es el que parece aplicarse al caso de Eduardo Lorenzo (a) Borocotó, no existe ninguna duda acerca del repudio generalizado y de que la mayoría de los integrantes del pueblo argentino ha considerado totalmente reprochable la práctica política de la venta del voto a cambio de favores personales.

Ha sido una verdadera lástima que este episodio afectara la investidura de magistrado que debe revestir el propio presidente de la Nación, porque esa denominación de primer magistrado significa que él detenta la máxima dignidad y debe manifestar la máxima autoridad moral esperable de parte de quien ejerce el cargo de presidente. Magistrado, magíster o maestro es el que enseña y el que da buen ejemplo.

Pero, en esta oportunidad, lo que hemos recibido no puede considerarse de ninguna manera como una buena enseñanza, sino como un pésimo ejemplo de cómo puede burlarse abiertamente el mandato popular y el sistema democrático de manera desaprensiva. © www.economiaparatodos.com.ar



Antonio Margariti es economista y autor del libro “Impuestos y pobreza. Un cambio copernicano en el sistema impositivo para que todos podamos vivir dignamente”, editado por la Fundación Libertad de Rosario.




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