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Miércoles 18 de marzo de 2015

Un golpe cultural quirúrgico

Un golpe cultural quirúrgico

No hay duda alguna que existe la imperiosa necesidad de propiciar un “golpe cultural quirúrgico”, a fin de que gobernar deje de ser en nuestro país una aventura para muchos que siempre han contribuido a la descomposición moral de la sociedad.

Si se lograra un consenso al respecto, se podría asegurar el éxito de los gobiernos del porvenir, protegiendo los aspectos vitales y más vulnerables del aparato del Estado.

El kirchnerismo, dilapidó los mejores años de intercambio comercial y tecnológico con el mundo que hayamos tenido en las últimas décadas, otorgándose a sí mismo las posibilidades necesarias para fomentar una perfecta maquinaria de corrupción e ineficiencia.

Ante esta situación, sería oportuno recordar a Herman Kahn cuando decía que la réplica a ciertos desmanes sociales tiene diversos grados, pero uno solo es el decisivo: EL PRIMER GOLPE. Es ese el que deberá dar el próximo gobierno elegido en octubre.

Por el momento, habría que postergar el diagnóstico último de su ejecución “intelectual” (aclaramos que a este aspecto nos referimos), hasta el momento en que la presente administración entregue en tiempo y forma el detalle de los problemas pendientes de resolución, porque estamos seguros que de la olla a destapar emanarán olores bastante nauseabundos.

Mientras tanto, habrá que ir desarmando, como se pueda, las falacias ideológicas esparcidas en la opinión pública, siguiendo una estrategia de rigor analítico implacable, porque uno de los grandes venenos del actual gobierno ha consistido en enfrascarnos en discusiones irrelevantes sobre una burocracia inútil, ideologizada y muy perversa, marcada por el concepto de “amigos” y “enemigos”.

El psicólogo social y profesor de management industrial Warren Bennis predijo alguna vez que “aunque diversos defensores de las relaciones humanas pretendieran sostener una burocracia por razones humanitarias, es más probable QUE ÉSTA NAUFRAGUE A CAUSA DE SU INCAPACIDAD DE ADAPTACIÓN AL CAMBIO RÁPIDO, ya que responde a una estructura piramidal de autoridad, con el poder concentrado en manos de unos pocos”.

Es bien sabido que cada época debe producir una forma de organización política y social adecuada a su propio tiempo. Así como en la de la civilización agrícola las sociedades se caracterizaban por una transitoriedad muy lenta, la era industrial aceleró el ritmo de vida, tanto de los individuos como de las organizaciones sociales y políticas.

Las decisiones deben ser tomadas hoy mucho más rápidamente y para ello es necesario definir “de un golpe” una serie de principios aptos para resolver los diversos problemas modernos, cuya corriente decisoria debe adaptarse a dicho ritmo de vida más veloz. Esto exige un nivel de eficiencia muy superior al de antaño.

El kirchnerismo pregonó una falsa “progresía” y cultivó el conservadurismo más puro (un verdadero estancamiento), contando con el beneplácito de una sociedad pobre y embrutecida que creyó ingenuamente que los subsidios y las dádivas eran “la” herramienta adecuada a los tiempos que vivimos.

En realidad, se pregunta Bennis, “¿cuáles deberán ser las características de las organizaciones de la sociedad superindustrial? La palabra clave será el adjetivo TEMPORAL ya que habrá sistemas adaptables y rápidamente variables, que serán resueltos por fuerzas de trabajo compuestas por distintas personas que representen una serie de aptitudes profesionales diferentes”.

El siglo XXI será el siglo de la diversidad y la especialización (que el kirchnerismo ignoró por su primitivismo cultural e ideológico) y necesitará la colaboración de EQUIPOS DE TRABAJO para la resolución de las tareas complejas que depara la nueva modernidad.

La sociedad deberá prepararse pues “culturalmente” a la creación de relaciones laborales más rápidas e intensas y a SOPORTAR LA PÉRDIDA DE LAS TRADICIONALES RELACIONES MÁS DURADERAS.

Todo esto no excluye, por supuesto, la protección de la salud, la vivienda y la educación por parte del Estado, “suficiente y adecuada” para todos.

Por otra parte, hay que tener en cuenta que cuando un individuo permanece mucho tiempo dentro de una organización, se acostumbra a ver su futuro dependiente de la misma, desarrollando una falsa “lealtad” que con el tiempo lo mueve a resignar y subordinar sus propios intereses y convicciones a los de dicha organización.

Algo de ello es lo que ha ocurrido –por dar un solo ejemplo-, con los sindicalistas que siguen luchando aún hoy y después de treinta años, por mantener prebendas apoyados en conceptos totalmente anacrónicos.

Más allá de preferencias políticas, vemos solo un movimiento político que parece haber comprendido lo que aquí hemos expuesto: el PRO de Mauricio Macri. Mal que les pese a sus detractores -y con sus defectos y virtudes-, aplicaron en la ciudad de Buenos Aires el “golpe cultural quirúrgico” al que aludimos en estas reflexiones.

Quizá por eso no termina de ser aceptado enteramente por quienes lo “ven” con buenos ojos, pero le temen al “schock del futuro” cuyo advenimiento vaticinó Alvin Toffler en los 70.

carlosberro24@gmail.com