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jueves 4 de junio de 2009

Una experiencia única

La aventura de abordar el Disney Wonder agrega a la magia propia de todo lo relacionado con Disney una experiencia inolvidable que retrotrae a la época de aquellos cruceros con el glamour de la Belle Époque.

El Disney Wonder es un barco diferente al modelo promedio de la industria de los cruceros. Por empezar el color blanco, que domina en la mayoría de los barcos, no es el que lo caracteriza.

Un profundo contraste entre la base del casco negro y las chimeneas rojas con el logo de Disney Cruise Lines a cada lado, enmarcan el blanco medio que denota la zona de los camarotes. Esa sola imagen recuerda los cruceros de antaño. El Queen Mary viene inmediatamente a la memoria.

La entrada está rodeada de toda la magia de que la compañía ha hecho gala por más de 60 años. Y cuando uno entra finalmente al stateroom aquella sensación del viaje en el tiempo se confirma. Uno de los guardarropas principales es un baúl invertido, en sentido vertical; un baúl como el que se solía usar cuando la navegación sobre el mar era casi el único medio para ir de un continente a otro.

La decoración Art Noveau está cuidada en los colores pastel y las referencias cartográficas están a la orden del día: en el acolchado de la cama, en los cuadros que adornan las paredes, en las pantallas de los veladores.

La habitación tiene un balcón para apreciar el azul del mar, o fumar un puro, en estas aguas tropicales del Caribe.

El recorrido nos lleva a Nassau, la capital de las Bahamas. En la noche ya nos espera el primer espectáculo teatral, “Los Golden Mickey”, una entrega de premios a distintas obras producidas por Walt Disney Company en donde se destaca siempre el valor de creer en uno mismo. La cena transcurre en Animator’s Palate, uno de los cuatro restaurantes del barco que tiene la particularidad de ir cambiando de colores conforme pasan los platos. La calidad de la comida es excelente y otro tanto debe decirse de la variada carta de vinos que incluyen varias etiquetas argentinas. Probamos un delicioso Malbec Zola.

Quien lo desee puede luego caminar por cubierta para contemplar la navegación firme sobre el estrecho de la Florida. O ir al cine, o participar de la fiesta que se arma alrededor de la piscina de los chicos en donde siempre desfilan los clásicos personajes de Disney.

La mañana nos encuentra amarrados en el puerto de Nassau. Ya desde la cubierta, donde desayunamos, se observa el típico colorido del Caribe en la edificación de la ciudad. Bajamos para recorrer ese centro comercial a pie. Todo esta armado para el turista: los bares, los restaurantes y, por cierto, los negocios de puerto libre en donde pueden conseguirse todas las marcas internacionales a buenos precios. El que lo prefiera tiene a disposición una completa carta de excursiones para pasar el día al aire libre.

Todos debemos estar a bordo como máximo a las siete de la tarde. Media hora más tarde estaremos nuevamente navegando, esta vez rumbo a Castaway Cay, la isla privada que Disney compró al gobierno de las Bahamas hace más de 10 años.

Nuestro espectáculo teatral de la noche es un musical “Toy Story, The Musical”, la historia que recrea la vida de los juguetes que cobran existencia propia cuando no están sus dueños. Cuando el espectáculo termina tenemos algo más de una hora libre para recorrer las tiendas que hay abordo hasta que se haga el momento de cenar. Esta vez nuestro restaurante es Parrot Cay, ambientado en los colores y los sabores del Caribe. Nuestro equipo de atención siempre es el mismo: George, que ha llegado aquí desde la India y Ashley que es inglesa. Ellos nos acompañan en cada cena. Esta vez probamos un Syrah australiano producido por Greg Norman, el golfista devenido a productor de vinos en su país. Excelente elección.

Al terminar de comer nos juntamos en la última cubierta para presenciar un espectáculo único: luego de que la música y los personajes que desfilan por el escenario que se ubica debajo de una inmensa pantalla digital, no hicieran bailar de alegría, comienza un despliegue de fuegos artificiales que se deshacen en el cielo negro de una cálida noche tropical.

La navegación lleva toda la noche. La mañana nos encuentra aún fuera del puerto de Castaway Cay, pero ya muy prontos a amarrar.

Luego del desayuno bajamos para un día repleto de aventuras al aire libre. La isla está básicamente virgen. La playa familiar es la que primero recibe a padres y chicos dispuestos a tomar sol, hacer snorkel, alquilar motos de agua o acercarse al galeón del capitán Jack Sparrow que, luego de filmar Los Piratas del Caribe, está “encallado” aquí para diversión de grandes y chicos.

Los adultos tienen a disposición, si quieren, una playa exclusiva, “Serenity Bay” que está un par de kilómetros más alejada. Se pueden alquilar bicicletas, jugar al volley, al fútbol de playa o asistir a una clase de conservación del medio ambiente marino que incluye la experiencia de alimentar a los peces manta, el más famoso y grande de los cuales es la Manta Raya.

La vuelta al buque es más temprano: a las 5 de la tarde todo el mundo debe estar a bordo. Ese tiempo, hasta que llegue nuestro espectáculo del día, se puede utilizar en el completísimo gimnasio en la proa del buque y luego en el Spa para un buen relax que incluya masajes o el tratamiento de “Rainforest”.

“Dreams” es el título de la obra que presenciamos en nuestra última noche de navegación. Su nombre lo indica todo: el poder de la imaginación y de los sueños como motor de la ilusión y del progreso. Como saben la frase preferida del propio Walt era: “No olviden que todo comenzó con un ratón”.

Al salir de allí nos espera una despedida gastronómica a todo trapo: “Palo”, el restaurante por reservación y el más lujoso del barco. Pietro su maitre, es italiano. Un personaje enamorado de su Italia natal y un perfecto anfitrión.

El chef principal del restaurante es argentino, de Olivos. Hace quince años que Chistian cocina para Disney; primero en Los Angeles y ahora a bordo del Wonder. Sus platos son una delicia. Cada elección es difícil, porque todas son exquisitas. Nos cuentan que hace un tiempo Disney Cruise Lines invitó abordo al crítico de gastronomía del New York Times. El hombre es conocido por su dureza al calificar a los establecimientos. Pero “Palo” y -por cierto- Chistian, salieron airosos de la prueba. El diario neoyorquino publicó que si “Palo” estuviera en algún lugar de la Gran Manzana sería, de seguro, uno de los “hot spots” de ciudad. Christian nos homenajea con su creación preferida: el gelatto de dulce de leche. Una delicia que inmediatamente nos trasporta a los sabores argentinos.

Al volver a mi stateroom abro una botella de champán que nuestros anfitriones nos habían regalado al abordar. Me siento en una de las sillas del balcón y enciendo un puro. El cielo está estrellado y el horizonte es profundamente oscuro. El barco corta las olas que se deshacen en mil variantes de colores turquesa debajo de los reflectores de cubierta. El momento resume toda la fantasía que uno protagonizó en los últimos cuatro días. Y es una ocasión para pensar la próxima ocasión que tendremos de vivir una travesía tan llena de ilusiones y de momentos mágicos. © www.economiaparatodos.com.ar

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