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Jueves 18 de febrero de 2010

Viaje a la mentalidad kirchnerista

El gobierno opera en base a una lógica que supone conocer con precisión cuál será el devenir histórico y por eso se expresa en términos condenatorios hacia quienes se oponen a sus designios.

La frase del Jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, en el sentido de que al vicepresidente, Julio Cobos, “la historia lo va a maltratar mucho”, es interesante porque demuestra con claridad cuál es el universo conceptual en el que el kirchnerismo se desenvuelve. Las declaraciones de Fernández, en sí mismas, no tienen ninguna trascendencia, excepto porque quien las vierte es el más calificado vocero la “casa real” y, cuando habla, lo hace en nombre de la “reina” y del “príncipe consorte”. ¿Qué idea subyace en esa frase según la cual a Cobos “la historia lo va a maltratar mucho”?

Fernández evidentemente cree que, para los historiadores del futuro, el gobierno de Kirchner será una “edad de oro” en la cual, a pesar de todos los esfuerzos de quienes repudiamos la gestión de este gobierno, quedaron sentadas las bases de una Argentina maravillosa. Aunque parezca trivial o académico, lo cierto es que este factor está implícito en todos los debates políticos de la Argentina actual. Los Kirchner creen que el futuro de la Argentina es el socialismo que ellos preconizan y suponen que, cuando ese proyecto esté definitivamente realizado, los historiadores reconocerán a los actuales gobernantes como unos preclaros precursores que impulsaron al país al destino que irremediablemente le espera.

El problema, para Fernández y para todo el gobierno, es que no todos compartimos esta visión del futuro del país. Hay quienes, sin perjuicio de que peyorativamente nos acusen de formar parte de “la derecha”, creemos y aspiramos a que el futuro del país esté enmarcado en un sistema capitalista institucionalizado. Pero esta convicción tan arraigada de que están “haciendo la historia” explica con nitidez la increíble tenacidad con la que el kirchnerismo defiende y sostiene posiciones extremas y no admite margen de negociación sobre ningún tema, a pesar de los costos que su intransigencia le depara.

Si no fuera porque afecta la vida de las decenas de millones de personas que vivimos en este país, todo esto sería gracioso. El hecho de que alguien crea irrevocablemente que está “haciendo la historia” y que todos quienes se le oponen serán “maltratados” –como lo dijo el Jefe de Gabinete sobre Cobos- es muy infantil. La historia no está predeterminada de ninguna manera. En líneas generales, la historia, en términos de largo plazo, se desarrolla en base al principio de que las ideas más fecundas y novedosas superan a las más antiguas y reaccionarias. Pero el desarrollo de la historia no es lineal, está plagado de vaivenes, contramarchas, desviaciones, estancamientos y contradicciones. Por lo tanto, la pretensión de anticipar cómo la historia evaluará la gestión de los actores de los hechos del presente entra en el terreno de la ciencia ficción.

Lo que sucede es que, para el kirchnerismo, esto no es ciencia ficción sino realidad efectiva. Los kirchneristas están convencidos de que conocen cuál será el recorrido que la historia tomará en el futuro. Es probable que estén influenciados por las doctrinas de Marx en el sentido de que la historia tiene un curso inexorable. Y, entonces, es lógico que actúen como lo hacen. Si alguien cree tener “la bola de cristal” y conocer con absoluta certeza cuál será el curso que seguirá la historia, es lógico que actúe en base al supuesto de que todos aquellos que oponen reparos al rumbo elegido serán “maltratados” por el juicio histórico.

Lo que la mentalidad kirchnerista no comprende es que no todos imaginamos el futuro de la misma manera y por eso planteamos puntos de vista diferentes. El pluralismo político está basado en la idea de que la diversidad de enfoques es inherente a la realidad humana y por eso los sistemas institucionales más desarrollados contemplan, a través de los mecanismos de elecciones periódicas, representaciones parlamentarias, libertad de expresión, etc., esa multiplicidad de orientaciones ideológicas que coexisten en todos los países democráticos.

Esta mentalidad es la que explica por qué, para el kirchnerismo, todos los problemas políticos se plantean en términos de “todo o nada” y no admiten ningún margen para una negociación. Si alguien se considera a sí mismo depositario de la “Verdad Revelada”, no puede hacer concesiones a quien está inexorablemente llamado a convertirse en un réprobo. Naturalmente, para aquellos que tenemos una visión menos dogmática, la forma de actuar del kirchnerismo admite muchos reparos. Pero eso no obsta para que entendamos que, dentro de los estrechos márgenes intelectuales en los que se desenvuelve, el kirchnerismo es coherente consigo mismo.

El peligro que involucra el kirchnerismo es que, además de estar equivocado, está convencido de que está “haciendo la historia” y por eso es tan obstinado para sostener posiciones que a todos los demás nos parecen absurdas, no tanto por la postura en sí como por la intransigencia con que las defienden. Lo llamativo del kirchnerismo no es el contenido en sí de su política, que no es novedoso (el intervencionismo económico del estado cuenta con una nutrida tradición en Argentina) sino la terquedad con que lo sostienen en un contexto donde, con una cierta flexibilidad, podrían obtener casi todo lo que reivindican y así evitarse todos los quebraderos de cabeza que vienen padeciendo desde hace casi dos años. Pero el kirchnerismo es una corriente política donde la obtención del 90 % de sus aspiraciones es una derrota porque ellos aspiran a obtener exclusivamente el 100 % y menos que eso no les interesa. Y así, lógicamente, las probabilidades de éxito se achican sustancialmente.

A medida que el tiempo transcurre, la posición política del kirchnerismo tiende a debilitarse a velocidad creciente. Esto es bueno porque abre la puerta a otras instancias políticas. Pero, a pesar de eso, el gobierno aún está en una posición bastante fuerte y tiene margen para incidir sobre el destino del país. La oposición, por su parte, ha avanzado bastante en la coordinación de estrategias destinadas a contener los intentos de avasallamiento del gobierno. En este contexto es que aparecen declaraciones como las de Aníbal Fernández, anticipando la condena histórica de la emblemática figura de Cobos. Pero, aunque no haya certezas, es bastante probable que el juicio de la historia sea mucho más benévolo con Cobos que con los personeros del kirchnerismo. © www.economiaparatodos.com.ar


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