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Jueves 2 de junio de 2005

Visas

Un excelente ejercicio para analizar qué políticas siguieron los países que lograron dar vuelta una historia de pobreza, exclusión y de ingresos nacionales distribuidos entre elites, consiste en estudiar la lista de las naciones eximidas de gestionar una visa para ingresar a los Estados Unidos.

Un simple formulario de pre check-in de una aerolínea norteamericana que opera en Buenos Aires genera la inquietud de este comentario. Allí se aclara que los países cuyos ciudadanos pueden ingresar sin el requisito de visa de no-inmigrante a los Estados Unidos son: Alemania, Australia, Austria, Canadá, Bélgica, Dinamarca, España, Finlandia, Francia, Holanda, Inglaterra, Islandia, Italia, Japón, Nueva Zelanda, Noruega, Suiza y Suecia. Sólo 18 países.

Ahora bien, cuando uno analiza los países, no tarda en advertir que se trata, en todos los casos, de naciones desarrolladas, de alto nivel de vida, que concentran una gran proporción del PBI mundial y que brindan a sus ciudadanos una altísima calidad de vida. También, con los matices de las opiniones soberanas propias, todos esos países son aliados de los Estados Unidos.

Si uno pudiera listar en un artículo como éste todos los países cuyos ciudadanos no gozan del privilegio de la exención de visa, se daría cuenta de que son países con enormes problemas de ingreso, cuya participación en el comercio mundial es sensiblemente menor y cuyos ciudadanos sufren condiciones de vida notoriamente peores que en los 18 mencionados más arriba. Allí aparecen los países africanos, los latinoamericanos, las ex naciones del bloque comunista y prácticamente todo el medio y lejano Oriente.

Surgen, después de estas observaciones, algunas preguntas. ¿Son amigos de los Estados Unidos aquellos países porque están bien? ¿O, al revés, están bien porque son amigos de los Estados Unidos? ¿Son estos países amigos de los Estados Unidos porque este país confía en ellos, o Estados Unidos confía en ellos porque son sus amigos?

Un dato que podría ayudar a develar estos misterios es el tiempo. ¿Cuándo ha empezado a darse la situación de afluencia económica y de alta calidad de vida en estos 18 países? ¿Han gozado desde siempre y para la generalidad de sus pueblos de este alto ingreso o, al contrario, este bienestar generalizado es relativamente reciente?

Europa ha sido históricamente el continente de la aristocracia. Aun en épocas de esplendor, la distribución del ingreso nacional distaba mucho de hacer llegar los placeres del bienestar a la generalidad de su gente. La democratización del bienestar es posterior a la Segunda Guerra Mundial. Lo mismo ocurre con Japón, Australia y Nueva Zelanda. Todos estos países tienen en común haber generalizado su alta calidad de vida cuando tejieron una alianza de valores con los Estados Unidos. El caso español es sintomático. Recluida como la nación africana de Europa, España recién puede entregarle un nivel de vida razonable a su gente cuando, de la mano de Felipe González, vota, en 1987, su incorporación a la OTAN, la alianza militar liderada por los norteamericanos.

El resto del mundo permanece en una relativa rebeldía axiológica con los Estados Unidos. Estos países no dan el brazo a torcer y siguen planteando opciones distintas, quizás no porque crean verdaderamente en ellas, sino simplemente porque representan elecciones opuestas a las sustentadas por los norteamericanos. Muchos de ellos, incluso, esperan saber qué posición tomarán los Estados Unidos respecto de determinado tema, para dar a conocer, luego, su postura opuesta. Algunos llegan al extremo de ir en contra de su propia historia de valores si eso les asegura mostrase en la vereda contraria a los Estados Unidos.

Esta táctica no ha logrado, empero, cambiar las posturas norteamericanas. Pese a lo que pueda opinar la mayoría del resto del mundo, los Estados Unidos se han mostrado firmes en sostener similares valores a lo largo de los últimos 300 años. Y en lo que se refiere a su propia performance, no les ha ido mal. A su vez, muchos ciudadanos de los países “rebeldes” han decidido emigrar a los propios Estados Unidos o a alguno de los 18 países que sellaron con ellos una alianza valorativa reciente pero firme. Es como si sus dichos, mientras viven en sus propias fronteras nacionales, confrontaran el perfil norteamericano, pero cuando tienen que decidir su futuro individual y el de sus hijos no dudan en rendirse ante la evidencia de lo que funciona.

Si el objetivo que debiera animar a todo gobierno fuera el de mejorar la calidad de vida de sus ciudadanos, sabiendo leer inteligentemente las objetividades eficientes que la realidad mundial entrega, un camino fácil y al alcance de cualquiera parecería consistir en analizar un simple formulario de pedido de visa. A partir de allí se podrá desgranar qué políticas siguieron los países que lograron dar vuelta una historia de pobreza, exclusión y de ingresos nacionales distribuidos entre elites.

La Argentina, que sin duda ha practicado casi como un deporte nacional el sostener esquemas, valores y posturas contrarios a los norteamericanos, debería realizar este ejercicio. Hace décadas que practica el contrario y lo único que ha conseguido es empobrecerse. © www.economiaparatodos.com.ar




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