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Martes 8 de febrero de 2005

¡Y dale con el canje!

La atención del periodismo y, por consiguiente, de la opinión pública se concentra por estos días –casi con exclusividad– en el proceso de canje de la deuda en default. Mientras esta novela nos mantiene entretenidos, seguimos olvidándonos de ocuparnos de los temas que verdaderamente importan y pueden llegar a cambiar nuestro futuro como Nación.

Muchas veces me pregunto: ¿de qué van a hablar los medios cuando se termine el tema del default?

Casi todos los días suena mi teléfono con el llamado de algún productor de alguna radio para ver si puedo opinar sobre la marcha de la renegociación de la deuda, y las pocas veces que accedo a tratar el tema digo siempre lo mismo: el problema de la Argentina no se soluciona solamente arreglando el problema del default. El problema de la Argentina se soluciona teniendo políticas públicas sensatas de largo plazo que generen una fuerte corriente inversora en el sector real de la economía, de manera tal de poder crecer en forma sostenida.

Mi visión es que si mañana los acreedores de la Argentina decidieran condonarnos toda la deuda, en este contexto de insensatez política es muy difícil que los argentinos retornen sus capitales o que los extranjeros inviertan en un país que tienen reglas de juego arbitrarias y, por lo tanto, imprevisibles. Nadie invierte en un país en el cual el Estado está buscando con la lupa a los sectores que les va más o menos bien para confiscarle su utilidad con el objeto de atender los llamados planes sociales o tener más caja para ganar las elecciones.

Ahora tenemos el nuevo chiste de sancionar una ley por la cual el Poder Ejecutivo no pueda, en el futuro, abrir una nueva renegociación de la deuda. El objetivo es en convencer a los bonistas que todavía no se decidieron a entrar en el canje a hacerlo ahora porque si no en el futuro la van a pasar peor.

El apuro que mostró el Gobierno por sancionar esta ley refleja lo mal que debe venir la aceptación del canje, porque, si éste viniera bien, no se entiende para qué sancionar esta ley y mucho menos la rapidez con que está siendo tratada en el Congreso.

Pero lo gracioso es que un país que está sumergido en la más absoluta inseguridad jurídica pretenda convencer a los tenedores de bonos recurriendo a un argumento jurídico. El Gobierno les dice a los bonistas: “miren que vamos a sacar una ley y si no entran ahora esa ley nos impedirá hacer una mejor oferta en el futuro. Así que agarren lo que les damos o no cobren nada”.

Cualquier persona medianamente informada sabe que el Congreso argentino votó la ley de intangibilidad de los depósitos. Luego, ese mismo Congreso suspendió esa ley y, finalmente, la Corte aceptó la pesificación.

Pero amenazar con una ley para que la gente entre al canje causa todavía más gracia teniendo como antecedente la anulación de leyes. Todos recordamos que el Congreso no tuvo mejor idea que “anular” leyes para poder juzgar a los militares que enfrentaron a los terroristas en los 70. No hace falta ser constitucionalistas ni experto en Filosofía del Derecho para saber que las leyes no pueden anularse. Pueden derogarse pero no anularse, porque si las leyes se anulan es como si nunca hubieran existido y, por lo tanto, quien hoy cumple con la ley, mañana puede ser un infractor porque esa ley hoy vigente fue anulada, es decir, es como si nunca hubiera existido. ¡La inseguridad jurídica llevada a su máxima expresión!

Al cometer semejante mamarracho jurídico, la misma dirigencia política ha cavado su propia fosa. ¿Por qué? Porque el bonista puede pensar que mañana otro Congreso o el mismo (total en la Argentina los políticos no tienen ningún problema en girar 180 grados en sus posiciones) puede llegar anular esta ley que le impediría al Ejecutivo renegociar la deuda. Es más, a nadie le sorprendería si la Corte terminara fallando a favor de la inconstitucionalidad de la ley o que el Congreso sancionara otra con efectos retroactivos anulando la que ahora van a votar. Con los antecedentes que tenemos, cualquier disparate jurídico puede ocurrir en la Argentina.

Mientras Kirchner lo recibe a Chávez y deja una señal sobre el rumbo de la Argentina, los medios siguen analizando el tema del canje de la deuda como si se tratara de un partido de fútbol, relatando cada paso como si se tratara de una nueva jugada.

Voy a ir bien derechito al punto. Francamente el tema del canje de la deuda me tiene saturado, porque mientras la gente se entretiene con este asunto, el país sigue sumergido en la incertidumbre. Es como si los medios prefirieran ocuparse del canje para no tratar los temas que verdaderamente comprometen nuestro futuro. Tener un gobierno limitado y sujeto a ley, practicar una verdadera democracia, crear un ambiente de negocios y terminar con el clientelismo político parecieran ser cuestiones secundarias que se van a resolver solas el día que se dé por terminado el canje.

Por otro lado, me resulta difícil imaginar que el mundo termine aceptando la postura del gobierno argentino, en la que, después de declarar el default, le dijo a los acreedores: “les voy a pagar lo que quiera, cuando quiera y como quiera”. ¿Alguien puede pensar que van a dejar que se siente como precedente que un país puede no pagar su deuda y después pagar lo que quiere y como quiere sin tener que afrontar ningún costo? Porque si el negocio está en defaultear la deuda y después hacer lo que a uno se le ocurre, el resto de los países endeudados pueden llegar a seguir el ejemplo argentino. Estaríamos haciendo un gran descubrimiento económico según el cual no cumplir con los contratos es la mejor forma de crecer.

Que los acreedores no tengan muchas alternativas para recuperar su capital y acaben aceptando lo que les ofrece el Gobierno no quiere decir que la Argentina vaya a tener éxito en el canje. En todo caso, seremos vistos como el vivo del barrio que le debe plata a medio mundo y, encima, da cátedras de moralidad. Esto quiere decir que seguiremos siendo los chantas del barrio.

Finalmente, a los medios: por favor, paren con el tema del canje y empiecen a ocuparse de los temas importantes. © www.economiaparatodos.com.ar




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