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EPT | September 16, 2019

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Jueves 3 de enero de 2008

Y llegó diciembre…

El final de un año es siempre un tiempo de balances y reflexión, que debería incluir no sólo los aspectos laborales y económicos, sino también los afectivos y familiares.

Cada mes del año tiene sus propias características, los meses de enero y febrero los asociamos a las vacaciones, marzo y abril con el inicio del otoño, julio y agosto con el frío, el invierno, septiembre y octubre con la llegada de la primavera.

Sin embargo, diciembre posee ciertas particularidades: es el último mes del año, tiempo de celebración, y el año se termina. Es un mes donde todo pareciera terminarse, nos reunimos para despedirnos, festejamos, cerramos agendas y por sobre todo corremos porque el mes es muy corto para tantos eventos.

En el plano familiar, los chicos finalizan el colegio lo cual trae aparejado un cambio en la dinámica diaria. Algunos se llevan materias, otros duermen, otros no saben que hacer, otros van de aquí para allá, en fin se van acomodando al tiempo libre de las vacaciones.

En este contexto particular comenzamos a evaluar como fue nuestro año. Hacemos el clásico balance con los aciertos y dificultades atravesados. Y nuevamente reformulamos nuestro nuevo año.

Quizá, sería interesante detenernos a reflexionar que lugar le damos a nuestros afectos, aquellos que siempre están a nuestro lado más allá de los éxitos y los fracasos.

En un mundo donde la velocidad no nos permite mirar el paisaje, sería bueno detenernos unos instantes y “mirar”.

“Mirar” a nuestros hijos, que también recorrieron un año más, que han crecido, no solo en altura, sino en nuevos conocimientos, experiencias, que vivieron alegrías, tristezas y un sin fin de situaciones ¿pudimos acompañarlos a lo largo del año?

“Mirar” a nuestro marido o mujer, que también tuvieron sus momentos buenos y malos, ¿pudimos apoyarlos, escucharlos?

Y así quizá podríamos seguir con cada una de las personas que se vinculan con nuestros afectos, que nos quieren por lo que “somos” y no por lo que “tenemos”; aquellos que nos llaman por nuestro nombre y quienes nos dan un sentido de pertenencia.

La propuesta es hacer un cambio de mirada cuando hagamos nuestro balance personal del año.

Comencemos por reconocer y agradecer a todos aquellos que hicieron posible que llegáramos nuevamente a diciembre.

Y para el año nuevo, cuando nos propongamos nuevos objetivos y metas, no perdamos de vista compartir y afianzar lo más profundo y esencial que le da sentido a nuestras vidas: los vínculos familiares. ¡¡Feliz año!! © www.economiaparatodos.com.ar

La licenciada Andrea Saporiti es psicóloga y miembro del equipo de profesionales de la Fundación Proyecto Padres. Realizó un master en Matrimonio y Familia en la Universidad de Navarra, España.


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