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domingo 26 de mayo de 2013

10 años de destrucción económica e institucional

Si la crisis del 2001/2002 fue una explosión que conmovió a la sociedad, estos diez años de kirchnerismo se caracterizaron por ser una constante, metódica y diaria destrucción del sistema republicano y de la economía.

Si la crisis del 2001/2002 fue una explosión que conmovió a la sociedad, estos diez años de kirchnerismo se caracterizaron por ser una constante, metódica y diaria destrucción del sistema republicano y de la economía.

¿Cómo pudimos llegar a tal grado de degradación económica e institucional? En mi opinión hubo una combinación de suerte para los Kirchner, indiferencia de la gente, buena parte de un periodismo complaciente e irresponsabilidad de buena parte de la dirigencia política opositora.

La suerte de los Kirchner fue encontrarse con un precio de la soja que duplicaba el precio promedio que tuvo De la Rúa, que les permitió obtener recursos fiscales que no tuvo el derrocado dirigente radical. No voy a hacer la defensa de De la Rúa porque cometió muchos errores, los que dejé por escrito en mis artículos de aquella época, pero es obvio que si De la Rúa hubiese tenido los precios de la soja que tuvo el matrimonio tal vez hubiese llegado al fin de su mandato.

Por otro lado, la brutal forma en que Duhalde salió de la convertibilidad le dejó a Kirchner un tipo de cambio real muy alto, lo cual le permitió iniciar un proceso de sustitución de importaciones sin necesidad de obtener más inversiones. Solo había que pasarle el plumero a las máquinas que estaban sin funcionar, comprar materias primas y otorgar algunas horas extras para empezar a producir. No hubo crecimiento en todos estos años, hubo reactivación, que no fue otra cosa que poner en funcionamiento una capacidad instalada que no estaba funcionando.

Pero ojo que el kirchnerismo no se valió solamente del precio de la soja y del tipo de cambio alto para impulsar una artificial fiesta de consumo. En su proyecto de poder hegemónico fue destruyendo el stock de capital acumulado para mantener feliz a la gente con más consumo. El kirchnerismo destruyó el sistema energético, el transporte público, las rutas, el stock ganadero, nuestros ahorros en las AFJP y la moneda. Seguramente me debe quedar algo en el tintero.

¿Por qué pudo destruir tanto? Porque guste o no la gente estaba feliz comprando televisores, celulares, electrodomésticos y todo tipo de bienes gracias a que el gobierno impulsaba el consumo artificial consumiendo el stock de capital.

Hasta aquí uno podría decir que es normal que la gente no tenga por qué saber cómo se financia el consumo artificial. Es decir, así como en los 90 se decía que las privatizaciones era como vender las joyas de la abuela, en la era k el consumo de stock de capital fue como dilapidar la herencia de la tía, pero la gente no lo sabía o no le importaba. Podía consumir.

Con una lectura muy clara del comportamiento de la mayoría de la oposición, el matrimonio dijo: quieren fiesta de consumo, les damos fiesta de consumo y mientras tanto nos cargamos la república, que en última instancia es lo que nos interesa. El poder absoluto. Cuanta más borrachera de consumo artificial, mejor porque la gente no va a ver ni la destrucción del orden republicano ni los casos de corrupción que hoy brotan como hongos. ¿Por qué hoy la gente hoy se indigna con la corrupción y no se indignó antes? Porque hoy el modelo económico flaquea, la inflación destroza el nivel de vida de la población y el miedo a perder el trabajo ya es palpable.

Si uno ve la trayectoria de los Kirchner, se encuentra con que en 1976 se fueron al sur. En 1987 Néstor Kirchner es elegido intendente de Río Gallegos, luego gobernador y posteriormente presidente. Es muy raro que dos jóvenes abogados hayan hecho una fortuna en tan poco tiempo. Puede ser, pero no es lo común que dos jóvenes profesionales logren acumular un importante capital, como el que declara el matrimonio. Si uno hace cuentas, estuvieron solo 10 años en la actividad privada y 26 en la función pública. Cae de maduro que, si un funcionario es honesto, resulta sospechoso que pueda acumular fortunas durante la función pública.

Como al pasar, me pregunto: ¿no sabía Duhalde quienes eran los Kirchner cuando en 2003 eligió a Néstor para apoyarlo como su delfín para la presidencia?

También como al pasar, me pregunto: ¿dónde estaban la mayoría de los medios y periodistas que hoy se desgarran las vestiduras ante la corrupción y la destrucción de la república? Hay cosas que no hace falta ver para saber que existen. Y hay cosas que no hace falta que avancen para saber cómo van a terminar.

Pueden revisar este portal y encontrarán notas mías advirtiendo sobre la importancia de las instituciones. Argumentando que el que tiene la mayor cantidad de votos y llega al poder, se le delega el monopolio de la fuerza para que defienda el derecho a la vida, la propiedad y la libertad de las personas. Y que aquél que llega al poder con el voto y luego usa el poder para avasallar esos derechos se levantan contra la constitución pero, sobre todo, contra los derechos individuales.

Obviamente, hablar de instituciones y del errado rumbo económico que se estaba siguiendo en los años de fiesta de consumo era como hablar en el desierto. Nadie escucha cuando está emborrachado de consumo. Y así estaba la gente. Los Kirchner tuvieron la habilidad de emborrachar a la gente con un consumo artificial, aún a costa de destruir su sistema económico, para ir acaparando poder. Hicieron lo que puede hacer un habilidoso ladrón o ladrona. Drogan a la gente con algo en su casa para luego robarles. Eso es el kirchnerismo. Drogaron a la gente con consumo artificial y les robaron la república y destruyeron la economía.

Ahora la gente parece haber despertado de la droga del consumo y empieza a ver el desastre que dejó el matrimonio. A tal punto llegaron que la preocupación llega hasta temer por las libertades individuales más elementarles. Pero ahora es tarde. Porque tienen el monopolio de la fuerza y van a destruir todo lo que tengan que destruir con tal de intentar retener el poder como sea. Luego se verá. Y si no logran retener el poder más allá del 2015, dejarán tierra arrasada. Que se arregle el que venga.

Inflación descontrolada, ausencia de inversiones, fuga de capitales, destrucción de la moneda, déficit fiscal a pesar de la carga tributaria asfixiante a que se somete a los que trabajan en blanco y demolición de la infraestructura son algunos de los destrozos económicos del kirchnerismo.

La destrucción institucional era el objetivo último del matrimonio para tener el poder hegemónico y, en todo caso, no tener que responder ante la justicia por los escándalos de corrupción.

Nunca hubo un plan económico consistente, solo la subordinación de la política económica a sus ambiciones de poder. Y esto es lo que hoy le está fallando al oficialismo. Resto para seguir emborrachando a la gente con la fiesta de consumo mientras se roban la república y esconder los escándalos de corrupción.

Desde mi punto de vista, queda una primera instancia decisiva para saber si vamos de cabeza a una dictadura disfrazada de democracia o tenemos la oportunidad de revertir el proceso. Esa instancia decisiva es que la Corte Suprema de Justicia le ponga un límite al gobierno en su  proyecto de reforma de la justicia. Si eso se frena, entonces viene la segunda parte. Lograr que en las elecciones de octubre el oficialismo tenga una derrota categórica, para evitar que el Congreso siga siendo una simple mesa de entradas en la que se votan las leyes según los caprichos del momento de la presidente.

Si se dan esas dos condiciones: la Corte Suprema frenando el ataque a la justicia por parte del gobierno y luego quitarles el control del Congreso, entonces podemos empezar a pensar como reconstruir el país luego del incendio económico e institucional que ha hecho el kirchnerismo en estos 10 años. Primero apagar el incendio y luego ver cómo se reconstruye todo lo que destruyeron.

El tiempo es un bien escaso. No se puede comprar, ni alquilar ni pedir prestado. El tiempo que se pierde, se pierde irremediablemente. Nos han robado 10 años de nuestras vidas. Demasiado para lo que vive un ser humano.

Esperemos que la Corte Suprema ponga un primer límite. Luego la gente de un categórico castigo en las urnas en octubre y, como deseo fina, cuando recuperemos algo de la república, establecer un Nuremberg de la corrupción y el avasallamiento de las instituciones para que ningún político se anime en el futuro a destruir un país como lo hizo en estos 10 años el kirchnerismo.