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jueves 2 de abril de 2009

Historias de una familia en una provincia distinta

La reciente fiesta de la Vendimia volvió a confirmar el carácter esencialmente distinto al del resto del país que reina en la provincia del occidente. La familia Zuccardi convirtió la tradición familiar en un culto al vino.

Mendoza es un desierto. La vida no sería posible allí de no ser por el empecinamiento humano. Vista desde el aire la tierra es una mezcla entre marrón y amarilla que confirma el dato de la ciencia: sólo el 3,5% de la superficie de la provincia es cultivable, el resto es un desierto.

Por eso, Mendoza es menos “versera” y hasta menos demagógica en todo lo que tiene que ver con su terminología laboral: los mendocinos saben que si no trabajan su vida en la provincia es inviable. Todos los cantos y las alegorías de la Fiesta de la vendimia tienen una innegable conexión entre el trabajo, la alegría y el optimismo. Allí no hay relación entre el trabajo y el castigo; la relación es entre la tarea cotidiana y el futuro.

Solamente un espíritu de esta naturaleza pudo convertir a esta tierra en una de las ocho capitales mundiales del vino, ese selecto grupo que ni siquiera Chile integra. Mendoza es uno de los pocos lugares del mundo en donde el vino se cultiva en medio de un clima continental. Alejada por mas de mil kilómetros del Océano Atlántico y separada del cercano Pacífico por una pared de roca de más de seis mil metros de altura, la provincia “armó” sus fincas de vides en base a un monumental esfuerzo humano.

El comienzo

A principios de los años Sesenta, el ingeniero Alberto Zuccardi comenzó a sembrar viñedos en la región de Maipú, al este de la provincia de Mendoza, desafiando al desierto que los Huarpes llamaban “Cuyum” –en español “Tierras de Arena”. Para ello comenzó a experimentar con un sistema de riego ideado por él en base a un método empleado en California. Su objetivo era demostrarles a los productores de la zona los beneficios que esta invención podía aportar a los cultivos. Su reto triunfó. Demostró que su método servía. La finca que la familia posee en Maipú fue la primera en el país en contar con un sistema de irrigación superficial, conformado por cañerías subterráneas y que permite distribuir grandes volúmenes de agua en poco tiempo. Esta técnica de riego se aplica desde hace más de cuarenta años sobre un sistema de cultivo pionero en Argentina, el Parral Zuccardi. Este se diferencia del parral tradicional tipo “pérgola” en la disposición de las vides que forman una serie regular de arcos. La altura de estos arcos permite una exposición ideal de las hojas a la radiación solar y una mejor ventilación. Así la fotosíntesis se desarrolla en perfectas condiciones.

Cuarenta y cinco años después de iniciado este camino, somos una bodega que emplea todos los sistemas de cultivo –desde el innovador Parral Zuccardi hasta el espaldero- y todos los mecanismos de riego –por inundación o por goteo. De esta manera nos adaptamos a las condiciones que nos imponen las diferentes fincas que poseemos, procurando obtener la máxima calidad de sus suelos.

Familia Zuccardi cultiva más de 730 hectáreas de viñedos en las localidades mendocinas de Vistaflores y Altamira (Valle de Uco), Maipú y Santa Rosa. Entre las principales variedades anotamos: tintos: Malbec 110 has, Cabernet Sauvignon 90 has, Tempranillo 85 has, Bonarda 45 has, Merlot 43 has, Syrah 30 has; blancos: Chardonnay 43 has, Viognier 37 has; viñedos experimentales: 45 has con 35 variedades en proceso de experimentación.

Actualmente, el 30% de sus viñedos están certificados como orgánicos y en el resto se utilizan sistemas de cultivo sustentables. Bodega Familia Zuccardi se encuentra dentro de un proceso que la llevará a certificar el 100% de sus viñedos como orgánicos en el mediano plazo.

Innovación y mercado

Familia Zuccardi es la única empresa de su tipo en Argentina que posee una bodega experimental en la que se desarrollan 35 nuevas variedades de vinos.

La permanente introducción de variedades de uva no tradicionales en Argentina, demuestra el compromiso de Familia Zuccardi con la innovación. Pionera en desarrollar vinos varietales con cepajes como Tempranillo, Bonarda, Viognier, Caladoc y Sangiovese Familia Zuccardi, también desarrolló el primer tardío de Argentina, el Santa Julia Tardío, y el primer Malamado (vino fortificado en base a Malbec).

La innovación se inicia con el desarrollo de técnicas propias de riego y de sistemas de conducción. El sistema de riego es superficial, a través de cañerías subterráneas que permiten irrigar de forma precisa a las plantas de acuerdo a sus necesidades. El sistema de conducción, conocido bajo el nombre de Parral Zuccardi, permite proteger a las uvas en las horas de mayor radiación solar con una adecuada densidad de hoja y distribución de las uvas. También facilita la protección contra heladas tardías y granizo.

Sus ventas anuales ascienden a alrededor de $ 130 millones. Esto la ubica en el grupo de las diez principales bodegas que operan en Argentina. Es la principal bodega familiar y la única de capitales 100% nacionales que integra el top ten.

El 65% de su facturación proviene de ventas en el mercado externo, lo que la ubica entre las cinco mayores bodegas exportadoras del país. Sus ventas al exterior comenzaron el 1990, siendo el Reino Unido principal destino inicial. Hoy sus vinos llegan a más de 44 países, entre los que se destacan Reino Unido, Estados Unidos, Bélgica, Brasil, Canadá, Alemania, Polonia, Finlandia, Holanda, México, Noruega, Dinamarca, Colombia, Irlanda, Japón, Ecuador, Hong Kong, Suecia, Suiza y Panamá. Este año, la empresa consolidará su entrada a Rusia, China y otros mercados de Oriente como Singapur y Corea.

La vida hoy y sus marcas

José Alberto Zuccardi, hijo de Alberto (que aun saborea sus propios vinos a los 87 años), bromea diciendo que su vida ha consistido en rebuscársela para vivir del padre hasta que, ahora, ha logrado vivir de sus hijos. Sirve como broma pero no como resumen de su vida. El desarrollo del mundo global pescó a José en la flor de la vida y eso lo llevó a transformar a la bodega en una de las más innovadoras del país. Llevó su vino a mercados lejanos y, sin influir en el futuro laboral de sus hijos, algo habrá hecho bien como para que los tres estén fuertemente vinculados a la bodega. Sebastián el mayor tiene a su cargo prácticamente todas las fincas de vides; Julia maneja el turismo (próximamente construirán un hotel-bodega boutique) y Miguel es el responsable de haber desarrollado el cultivo de los aceites de oliva. © www.economiaparatodos.com.ar

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