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lunes 21 de febrero de 2011

Proteccionismo: otra medida contra los trabajadores

Bajo el argumento de proteger a la industria nacional y los puestos de trabajo, el Gobierno lanzó una fuerte política proteccionista que, a pesar del demagógico discurso, perjudicará a los trabajadores.

Una vez más, el Gobierno ha salido con medidas que, como mínimo, atrasan 50 años y un discurso para justificarlas que no resisten el más mínimo análisis. Me refiero a la batería de proteccionismo anunciada días atrás.

Uno de los argumentos usado por Débora Giorgi, ex funcionaria del gobierno de Fernando de la Rúa y hoy ferviente kirchnerista, consiste en afirmar que “estamos defendiendo nuestro mercado interno de la competencia desleal, no podemos permitir daños a la industria nacional que impliquen el deterioro de las condiciones laborales de nuestros trabajadores”. La primera medida que adoptaron fue frenar la importación de autos de alta gama, es decir AUDI, BMW, VOLVO, etc. Pregunto, ¿dirá en serio Débora Giorgi que los alemanes y suecos están haciendo competencia desleal? ¿Puede afirmar que los trabajadores alemanes y suecos son explotados y mantenidos con una taza de arroz? Una verdadera barbaridad de argumento.

Pero luego se fueron a una lista mucho más amplia de productos. En rigor, cuando uno ve cómo se está reduciendo el saldo de balance comercial y el nivel de fuga de capitales, comprende que los argumentos usados son más para la tribuna y con fuerte contenido populista para esconder un problema mucho mayor, que es que la fuga de capitales de este año puede sobrepasar el saldo de balance comercial y crearle serios problemas en el mercado de cambios.

Pero vayamos al punto central del proteccionismo. Por supuesto que quien es protegido aplaudirá estas medidas. En ninguna parte del mundo a los empresarios les gusta competir. De manera que es lógica la reacción positiva que tuvieron algunos sectores apoyando la medida.

Lo que luce contradictorio es el discurso de Cristina Fernández por el tema precios y esta batería de medidas proteccionistas. CFK dijo que en Argentina no hay inflación sino que hay dispersión de precios y que algunos (no dijo quienes), ante la mayor demanda prefieren aumentar los precios que invertir para aumentar la oferta. Es decir, les echó la culpa de la inflación a los empresarios por no invertir y subir los precios. Trascartón salen con esta medida proteccionista que lo que hace es desestimular aún más la inversión. ¿Por qué voy a invertir para aumentar mi capacidad de producción si el gobierno me da un mercado cautivo al cual puedo venderle productos de menor calidad y a mayor precio? El discurso del gobierno es tan burdo, contradictorio e inconsistente que alarma pensar en manos de quien estamos.

Tampoco es cierto que, como dice Giorgi, “no podemos permitir daños a la industria nacional que impliquen el deterioro de las condiciones laborales de nuestros trabajadores”. Por empezar no hay tal cosa como industria nacional porque las industrias no tienen banderas. Hay empresarios argentinos que tienen sus empresas pero esas empresas no son nacionales, son simplemente empresas con dueños privados. Así que no confundamos los negocios con los símbolos patrios. En segundo lugar, el deterioro de las condiciones laborales de nuestros trabajadores será mayor cuánto más protección se aplique porque la gente tendrá menos opciones para elegir. Que recuerde Débora Giorgi cuando cursamos en la UCA las clases de microeconomía de Valsecchi, cuando nos enseñó los primeros palotes de la curva de oferta y demanda. ¿Qué pasa cuando la oferta disminuye, en este caso artificialmente? El precio sube si la demanda es la misma. Por lo tanto, más que defender las condiciones de vida de los trabajadores argentinos, lo que acaba de hacer el gobierno es perjudicarlos al restringir artificialmente la oferta. Si a esto se le agrega el desparramo de emisión monetaria que está llevando a cabo el BCRA, el perjuicio para la población será enorme. ¿Por qué? Porque a menos bienes disponibles por la restricción de las importaciones y mayor cantidad de moneda en el mercado, la inflación se les va a disparar más de lo que se disparó hasta ahora perjudicando a los trabajadores. Esta es una medida típicamente contra los sectores de ingresos fijos disfrazada de un discurso, no ya económico, sino de un populismo de barricada, para esconder el verdadero problema que se puede presentar en el flanco cambiario.

Veamos un ejemplo sobre cómo es falso que el proteccionismo garantice mejores condiciones laborales y defienda los puestos de trabajo. Supongamos que la economía es abierta y la gente puede comprar una camisa importada a $ 150. Aparece el burócrata y aplica proteccionismo, restringe la oferta y el precio sube a $ 200. Los $ 50 más que la gente tiene que desembolsar para comprar la camisa le impedirá comprar otros productos. Bajará la demanda de otros bienes y servicios y habrá menos ocupación y actividad en otros sectores productivos. Si la economía se mantiene abierta, el trabajador puede tener la camisa por $ 150 y los otros $ 50 gastarlos en otro bien o puede ahorrarlos. Algo que no le vendría mal a la economía argentina. Es decir, proteger al que hace camisas tiene un costo que es menor capacidad de compra para el trabajador y puestos de trabajo que se destruyen en otros sectores de la economía. Por eso no sé de dónde sacó Giorgi que con la extensión de las licencias no automáticas se defendieron 1 millón de puestos de trabajo. Supongamos que ese número, que me luce inventado, sea cierto. En ese supuesto caso se defendieron 1 millón de puestos de trabajo y se perjudicaron 3 millones de puestos de trabajo en comercios e industrias que venderán menos por el aumento de precios de los productos protegidos.

En su discurso tan antiguo, los funcionarios del gobierno insisten con los puestos de trabajo en la industria y se olvidan que en el mundo se ha producido una gran revolución tecnológica por la cual ni el sector agropecuario ni el sector industrial generan puestos de trabajo en forma directa. Los generan en forma indirecta porque ambos han pasado a ser capital intensivo. La realidad es que el sector servicios (comercio, logística, seguros, hotelería, turismo, etc.) es la que genera el 66% de los puestos de trabajo y del PIB. Esta gente se ha quedado en la revolución industrial y ni se enteró de la revolución tecnológica.

Digámoslo de esta forma: el Gobierno, con su tan declamado modelo de inclusión social, prefiere tener cientos de mujeres mal pagas tejiendo a mano una bufanda, que importar la bufanda más barata y crear las condiciones institucionales para que haya más inversiones y esas mujeres ocupen puestos de trabajo más productivos y mejor remunerados. Su preferencia es nivelar para abajo y crear una gran masa de gente humilde con unos pocos privilegiados.

Por último, una pregunta hasta ingenua de parte mía: ¿quién les otorgó el derecho a los burócratas del Gobierno para decidir qué puedo y qué no puedo comprar con el fruto de mi trabajo? Arrogarse semejante poder de atropellar los derechos de las personas es típico del fascismo de máxima pureza. © www.economiaparatodos.com.ar

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