Image Image Image Image Image Image Image Image Image Image
Scroll to top

Top

lunes 21 de mayo de 2007

¿La casa está en orden?

Más allá de que el presidente y sus ministros afirmen que todo marcha sobre rieles y que la Argentina dejó atrás el infierno, todo parece indicar que el caos ha regresado y los focos de conflicto comienzan a estallar en distintos lugares.

¿Quién no recuerda la famosa frase de Raúl Alfonsín cuando se produjo el levantamiento carapintada durante las Pascuas de 1987? Considerando la situación que hoy vive la Argentina, podríamos preguntarnos si la casa está en orden, porque lo que se observa en los últimos días es un caos generalizado.

En primer lugar, el desborde de Santa Cruz es un hecho impensado que, seguramente, tomó por sorpresa al mismo Néstor Kirchner. Nadie hubiese apostado, tres meses atrás, que la provincia que durante tanto tiempo controló el actual presidente podía desbocarse de la forma en que lo hizo. ¿Quién hubiese dicho que, en Santa Cruz, su hermana Alicia no iba a poder caminar por la calle o que la casa de los Kirchner iba a tener que ser custodiada por la Gendarmería?

Segundo, luego de mostrar sus manos simbolizando que está limpio de corrupción, Kirchner ve cómo se le está desbordando el escandaloso caso de corrupción que involucra a la empresa Skanka y a su gobierno. Su argumento de que se trataba de un problema de coimas entre privados demostró, una vez más, la facilidad con que el presidente hace afirmaciones sin mucho fundamento. Y digo una vez más porque también había afirmado que venían U$S 30.000 millones de inversiones chinas que todavía estamos esperando o que los fondos de la provincia de Santa Cruz iban a ser repatriados ni bien él asumiera como presidente. Nada de eso ocurrió. Pero sí ocurrió que un presidente que se para en el púlpito para, desde lo alto, dictar clases de moralidad y levantar su dedo acusador a diestra y siniestra, se encuentra con una cadena de corrupción gigantesca dentro de su propia administración.

En tercer lugar, el caso Greco sigue estando pendiente de resolución y sólo fue tapado por un escándalo mayor como el de Skanka.

Cuarto, su secretario Guillermo Moreno está a punto de enfrentar una embestida por supuestas manipulaciones de los índices que elabora el INDEC.

Quinto, hay un caos fenomenal con el transporte público –subterráneos y trenes–, al punto tal que, durante la semana pasada, se produjeron serios disturbios en la estación de Constitución.

Sexto, el jueves se quedó sin luz una parte importante de la Capital Federal y el Gran Buenos Aires.

Séptimo, el caos de tránsito en la ciudad es fenomenal gracias a la nafta artificialmente barata que tenemos los argentinos.

Y, en octavo lugar, los aviones siguen volando como pueden con controladores aéreos que, en plena era de los avances tecnológicos y de las comunicaciones, deben manejarse con planillas llevadas a mano (lápiz y papel) porque, aunque el Estado argentino aumenta constantemente el gasto público y los contribuyentes pagamos fortunas en impuestos, no alcanza para comprar un simple radar. En un cuaderno Rivadavia y con una birome, los controladores aéreos anotan las rutas de los aviones y tratan de que no choquen en el aire. Un escándalo de proporciones bíblicas que, Dios quiera, esperemos no se traduzca en una desgracia por la ineficiencia de la ministra de Defensa y la incapacidad del Gobierno para comprar y poner a operar un simple radar.

A pesar de que Kirchner no quiera reconocerlo, el país es un caos y tiende a complicarse cada vez más. Y todo esto está ocurriendo junto con una inflación creciente, porque el Gobierno no se ha dedicado a establecer políticas públicas de largo plazo. Se ha limitado a revolver el pasado, a inventar enemigos o a tratar de acumular poder en vez de solucionar los problemas. El tema de los radares es un típico caso de ineficiencia administrativa. En vez de ocuparse de perseguir a cuanto cristiano anda por el mundo con un uniforme (aunque sea el botones de un hotel), deberían haberse ocupado de que la cartera del área evitara llegar a este descontrol aéreo que estamos viviendo. Mientras la ministra de Defensa goza con la compañía de Hugo Chávez y Kirchner se reúne con el autócrata venezolano para crear un banco que no se sabe con qué fondos funcionará ni qué financiará, los argentinos carecemos de un simple y común radar para evitar accidentes aéreos.

Mientras tanto, lo vemos a Martín Redrado, el presidente del Banco Central, haciendo piruetas para sostener el tipo de cambio en el nivel que desea el presidente, de modo que le permite continuar cobrando los derechos de exportación que generan una caja que, por lo que vemos, no está siendo destinada a financiar cuestiones elementales para el funcionamiento de la sociedad, sino que se derivan a obras públicas de dudosa necesidad que terminan en escándalos de corrupción.

No deben sorprendernos los casos de coimas que han surgido en los últimos días. Finalmente, cuando un gobierno no tiene controles por parte de los otros poderes, concentra todo el poder en una sola persona y la fortuna de las personas queda a su merced, es inevitable que aparezcan estos casos de corrupción. A mayor cantidad de intervención del Estado en la economía, más arbitrariedad en la asignación de los recursos. Y esa arbitrariedad, que permite definir ganadores y perdedores, se traduce en un negocio fenomenal para los funcionarios públicos. El sistema imperante es el que conduce a una corrupción generalizada. No se trata de ideologías, se trata de normas básicas de organización administrativa para que quienes detentan el poder no puedan generar una fenomenal corrupción.

Mi impresión es que estamos asistiendo a la descomposición de una forma de gobierno autocrática. El autócrata no se ocupa de los problemas de la gente, se ocupa de concentrar poder, por lo tanto no administra. Usa el poder en beneficio propio y, como resultado, más tarde o más temprano, esa falta de buena administración empieza a dejar al descubierto el cúmulo de problemas no resueltos. Un día, tal vez el menos pensado, el modelo autoritario se desploma sin previo aviso. © www.economiaparatodos.com.ar

\"\"
Se autoriza la reproducción y difusión de todos los artículos siempre y cuando se cite la fuente de los mismos: Economía Para Todos (www.economiaparatodos.com.ar)