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EPT | October 1, 2022

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Jueves 26 de mayo de 2005

Abandono en la universidad

La alta deserción de los alumnos en el primer año de la universidad es consecuencia de la vigencia del ingreso irrestricto a las casas de altos estudios y de otras políticas equivocadas aplicadas en la escuela media.

Según un estudio elaborado por la Secretaría de Políticas Universitarias del Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología, recogido por el diario La Voz del Interior de Córdoba, unos 100.000 alumnos abandonan las universidades nacionales en el primer año de estudios.

La primera pregunta que uno se hace, antes de ponerse a analizar causas es: ¿sería la misma la deserción si las universidades nacionales tuvieran exámenes de ingreso? El tema no es menor. Probablemente habría muchísimas menos deserciones ya que habría muchísimos menos ingresantes que, a su vez, serían alumnos más capacitados y muchísimo más comprometidos con sus respectivas carreras que aquellos que entran a la universidad como una sencilla continuación de la escuela media, o que ingresan porque si no “mi viejo me manda a laburar” (recordemos que la mayoría de los ingresantes a la universidad corresponden a clase media).

En este sentido, el número de deserciones no parece ser enorme, sí lo sería si se tratara de alumnos que tuvieron que rendir un examen de ingreso. Y, visto desde la universidad, la pregunta es: ¿vale la pena el gasto para que deserten en el primer año?

Haciendo grandes números, ¿cuántos profesores fueron contratados para esos 100.000 alumnos? ¿Unos 500? ¿O habrán sido 1.000? ¿Cuánto se gastó en trámites administrativos de esos alumnos? ¿Cuántas aulas hicieron falta? Pero no, la solución no va a ser poner exámenes de ingreso: la solución va a ser darles más plata a las universidades para que inventen nuevas tecnologías para retener a esos alumnos. ¡Cuánto más fácil sería, si quieren mantener el ingreso irrestricto por razones ideológicas o políticas, implementar un examen que deban aprobar todos los que egresan de la educación media!

Vamos ahora a las causas: lo primero que se señala es la falta de capacitación. Y yo me vuelvo a cuestionar: si la educación media “prepara” para el trabajo y la universidad, pero los resultados muestran que aunque se permita el ingreso irrestricto igualmente un elevado número fracasa (y deserta), ¿no vamos a tomar ninguna medida sobre la enseñanza media? ¿Vamos a seguir ridículamente pensando que el solo paso del tiempo va a arreglar las cosas? ¿O también seguiremos insistiendo en que la debe “adaptarse” es la universidad? Y en este sentido, ya que como fracasaban muchos en el ingreso éste se hizo irrestricto, ahora que los alumnos desertan en primer año, ¿no sería útil poner un segundo año irrestricto? Es decir, que empiece a cursar las materias de segundo año aquel que transcurrió un año en la universidad. (Perdón por la digresión, pero antes siempre escribía universidad con mayúscula por respeto –pueden verlo en artículos anteriores–, pero a partir de ahora lo haré con minúscula.)

También se dice que los alumnos no están preparados para la vida universitaria, tan distinta de la escolar. Esto es cierto. Pero la realidad es que en vez de “desordenar” la escuela para que se acostumbren un poco, lo ideal es que la universidad tuviera un orden mayor al que tiene y el alumno pudiera adaptarse sin demasiado costo. Eso de que el alumno cursa las materias que le corresponden si tiene la suerte de ser “sorteado” o, en su defecto, que deba rendirlas como “libre” no parece algo a lo que uno debe “adaptarse”, sino una de las muchas locuras producidas por decisiones equivocadas de las universidades que deberían cambiar. Y es entendible si un alumno deserta porque “no se adapta” a semejante ridiculez.

Creo que otra de las causas en que no se ha reparado mucho es la falta de compromiso. Los jóvenes que acceden a la universidad han crecido en un mundo “descartable”, donde uno no se compromete con nada: con el juguete porque se rompe, con el auto porque cambia las luces todos los años, o con lo que fuera. Tampoco con una carrera universitaria.

Por último, nos guste o no nos guste, también existe el concepto de “universidad guardería”, es decir, aquellos chicos que se anotan en la universidad porque no tienen otra cosa que hacer, o no consiguen trabajo. Y, como consecuencia lógica, cuando empiezan a tener bajo rendimiento abandonan. Pero esto también tiene su lógica.

Si vemos problemas en el primer año de la universidad, tratemos de solucionarlos donde corresponde: en la escuela. Y no sigamos gastando dinero, tiempo y esfuerzo por puras razones ideológicas. © www.economiaparatodos.com.ar



Federico Johansen es docente, director general del Colegio Los Robles Pilar y profesor de Política Educativa en la Escuela de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la UCA (Universidad Católica Argentina).




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