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EPT | November 27, 2022

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Jueves 6 de octubre de 2005

Bolivia se encamina hacia sus próximas elecciones

En los comicios nacionales para elegir un nuevo presidente en el país andino, los bolivianos deberán optar entre dos modelos económicos y sociales que son casi diametralmente opuestos. Por ello, se espera una gran polarización en el electorado.

Después de haberse prácticamente asomado a las puertas mismas del abismo, Bolivia se encamina -más o menos ordenadamente- hacia sus próximas elecciones nacionales, programadas para el 5 de diciembre.

Con las distintas candidaturas ya registradas formalmente, todo parece sugerir que -al final- habrá una fuerte polarización electoral. Y que las grandes opciones por las que se deberá votar tendrán que ver con dos modelos o diseños de pacto social que lucen absolutamente diferentes, casi contrapuestos.

Por una parte aparece el candidato del centro, Jorge Quiroga (“Tuto”). Éste es el hombre que ya ejerciera -prolijamente- la presidencia de Bolivia entre 2001 y el 2002, luego de que un cáncer terminal obligara al presidente Hugo Banzer a dar un paso al costado y él, a la sazón vicepresidente, tuviera -de pronto- que asumir la primera magistratura, para completar así el mandato.

Es un hombre joven, experimentado, que está apoyado por la comunidad empresaria y especialmente por muchos en el este del país, donde sin embargo compite abiertamente con el empresario cementero Samuel Doria Medina, de ideas de centroizquierda. Allí es -recordamos- donde está hoy el dinamismo económico boliviano.

Por la otra parte está Evo Morales, un indígena aymará, líder de los “cocaleros”, de gran carisma personal y probado coraje, pero fuertemente radical en sus concepciones.

Apoyado por Hugo Chávez, tiene recursos que nunca estuvieron, antes, a su disposición. Conduce el llamado Movimiento al Socialismo” (MAS), que ya tiene una fuerte presencia en el Congreso de su país, con 27 diputados y 7 senadores. Tiene alguna experiencia política, aunque no de gestión, entonces. Y además la certeza de que, no hace mucho, fueron sus huestes -en una suerte de extorsión social- las que llevaron a Bolivia al borde mismo del precipicio económico-social y obligaron a Carlos Mesa a renunciar a la presidencia. Lo que no deja de ser especialmente peligroso.

Morales es particularmente fuerte en las zonas rurales. Postula una Asamblea Nacional que confiera la preeminencia a los indígenas que, en Bolivia, componen el 75% de la población, cifra que sin embargo esconde todo un curioso espectro de nacionalidades aborígenes en su interior. No es ciertamente lo mismo un quichua, que un aymará, ni que un guaraní. Y, hasta ahora al menos, sus diferencias han terminado siempre siendo irreconciliables.

Su candidato a vicepresidente es Álvaro García-Linera, un conocido universitario, sociólogo de profesión. Su elección parece haber sido todo un acierto. Porque atrae al mundo intelectual y a la clase media, que se inclinan a la izquierda, pero no están cómodos al tiempo de escuchar propuestas que obligan a todos a asomarse al abismo o a caminar por su filo. Ambos componentes de la fórmula del MAS quieren nacionalizar el sector de los hidrocarburos y creen poder vivir -todos- cómodamente de esto, en el mejor de “sus” mundos.

Bolivia, recordemos tiene inmensas reservas de gas, superadas en Latinoamérica solamente por las venezolanas.

Pero todos en la región parecen desconfiar del eventual “manejo” de Morales, a punto tal que Brasil negocia importar por gasoducto gas desde Venezuela, directamente, y tanto Chile como la Argentina están activamente promoviendo un gigantesco gasoducto que podría transportar hasta ambos países gas peruano, proveniente del yacimiento de Camisea, marginados a las eventuales presiones de Bolivia.

Nadie quiere, es obvio, quedar “rehén” de Morales. Lo que hizo ya en su propia casa es suficiente para generar enorme sensibilidad, y no sin razones.

Por ahora Morales encabeza las encuestas, aunque por escaso margen. Las distancias seguramente se acortarán. En parte, porque todavía hay un sólido 19% del electorado que, pese a todo, prefiere al empresario cementero Samuel Doria Medina. Y quienes siguen a este último, en caso de polarización extrema no votarán seguramente por Morales. Pero además porque las reglas de las elecciones bolivianas disponen que, si nadie obtiene el 50% de los votos en una primera vuelta, al presidente lo elige entonces el Congreso.

Esta elección, como ninguna otra, al menos hasta ahora, definirá el futuro de Bolivia y de su sociedad. El riesgo de intolerancia es grande y nada asegura que las minorías serán respetadas después de la contienda electoral. De allí los comprensibles recelos de muchos, alimentados por resentimientos profundos, que vienen de muy atrás.

La inversión extranjera, bien importante en el sector de los hidrocarburos, está visiblemente preocupada y atenta ante lo que presumiblemente se avecina. Su propio futuro está también en juego.

Bolivia puede elegir detener el reloj del tiempo y “barajar y dar de nuevo”. Lo que no es nunca fácil y la obligará a tener que replantear prácticamente todo en el capítulo de las instituciones políticas y algo similar podría inevitablemente ocurrir, asimismo, con lo económico y social.

Paradójicamente, para unos todo esto suena como una negra y eventual pesadilla; pero para otros, en cambio, se trata de un sueño lleno de esperanza que quizás se materialice, aunque en este tipo de “transformaciones”, según enseña la historia, nada es nunca demasiado previsible. © www.economiaparatodos.com.ar



Emilio Cárdenas es ex Representante Permanente de la Argentina ante la Organización de las Naciones Unidas.




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