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lunes 7 de septiembre de 2009

Calendarios falseados, suspicacias varias y Kirchner que no para

La derrota en las elecciones anticipadas no se convirtió en obstáculo para un desbocado ex jefe de Estado que sigue manejándose como pez en el agua.

Si el país que me toca analizar no se llamara Argentina, hoy faltaría un mes para las elecciones legislativas. Pero estamos en la Argentina y –por ese designio de los Kirchner que no obedecía a ninguna crisis internacional sino a un capricho más– hemos votado dos meses atrás. No es tanto y, sin embargo, parece una eternidad.

En muy poco tiempo, lo que creíamos era un triunfo, un freno al poder hegemónico que viene avanzando desde el 2003 sin solución de continuidad, se tornó un boomerang, o al menos una duda casi existencial: ¿Logramos equilibrar las fuerzas que han de conformar el futuro Congreso Nacional? Escasean las respuestas, y más aún las certezas.

Sin duda, este escenario es inédito. Elecciones a mitad de camino lograron cercenar a Raúl Alfonsín, y hasta aplacar las ínfulas ‘reeleccionistas’ de Carlos Menem. Pero está visto que nada han podido hacer respecto al atropello del matrimonio Kirchner. La lectura oficial fue una: un tercio del electorado lo ha votado, y es esa franja social, la única que existe para el ex mandatario. Nadie se atreve del todo a garantizar que esta especie de carrera alocada que emprendió tras las elecciones el santacruceño, culmine el próximo 10 de Diciembre con la renovación del Parlamento.

En rigor de verdad, todas las fechas son arbitrarias en el almanaque político de nuestra peculiar democracia. Presidentes que se fueron antes de culminar su mandato, otros que llegaron después de una semana de cambiar 7 mandatarios, y hasta alguno que fue capaz de reformar la Carta Magna para resistir un período más… Descalabros variopintos que hemos tolerado aunque es dable admitir que el costo fue saldado. Pagamos caro el desentendimiento ciudadano.

Hoy por hoy, la incertidumbre vuelve a ganarnos. Las elecciones anticipadas y la derrota cantada no han sido obstáculo para un desbocado ex jefe de Estado que sigue manejándose como pez en el agua. Situación jamás vista en la historia argentina. Las urnas siempre fueron redentoras. Pues bien, hay que asumir que ya no lo son. Nada fácil de digerir cuando el espíritu democrático nos ha ganado.

En un contexto que se suponía le era adverso, Néstor Kirchner redobla la pocima de veneno a través de un eufemismo de ley. Porque si se lee a conciencia el proyecto de regulación de medios, enviado por el Ejecutivo al recinto, se verá que la mordaza ya es más que una amenaza.

¿Quién, cómo y cuándo pondrá límite a tamaño desenfreno? Surgen repentinas voces críticas. Ni siquiera asombra en demasía que sean las mismas que antaño vivaban y aplaudían en el legendario Salón Blanco. Y es que los negocios ahora abarcan a unos pocos. Nadie está a salvo del atraco. Y en esa realidad es que aparece una “oposición” que nada tiene que ver con los candidatos votados el 28 de junio pasado.

Hoy, son los dueños de ciertos medios y determinados empresarios quiénes están dispuestos a poner freno. “Lo invertido no lo sacrificaremos” sostienen en voz baja. A Kirchner se le fue la mano: empezó con el fútbol, luego con la fusión de cables y ahora vendrán las denuncias sobre contaminación que generan las antenas de canal 13 y canal 11 de televisión. Está claro que no saca el pie del acelerador. ¿Qué pasará si tampoco aminoran la marcha del otro lado?

Tal vez los medios nos ofrezcan lo que no parecen darnos los representantes del pueblo que hasta ahora han decidido no representarnos demasiado, amparados en la teoría que les marca hacerlo recién a fin de año. Mezquindad poco propicia para un escenario tan crispado. Quiénes se suponen nos vienen representado desde hace unos años están paralizados ante esta despedida traumática de sus cargos. La actitud esquiva abre paso a todo tipo de sospechas y suspicacias. ¿Representan a la sociedad, a intereses sectoriales, o particulares quizás? Posiblemente la respuesta se torne evidente en los próximos días cuando haya que levantar la mano a favor o en contra de la libertad. La misma que a ellos los llevó incluso a estar donde están.

Esa libertad que hoy tienen para decidir, otros no la han de tener si avalan la censura y el control gubernamental que encubre el mentado proyecto de ley. En medio de este entuerto casi fellinezco, surge un dato que no ha sido muy rescatado ni por colegas ni por los medios: a la hora de debatirse el proyecto del impuesto tecnológico, el oficialismo no logró quórum. ¿Qué fue lo que pasó para que haya unanimidad de conductas en la “oposición”?

Sería triste por demás que haya obrado alguna suerte de ‘incentivo’ para que se produzca lo que la gente viene pidiendo a gritos: unidad para frenar desequilibrios de un político sin ningún tipo de prejuicio. Cabe la esperanza de que haya sido un “darse cuenta” casi tardío, frente a un millón de firmas que se estamparon debajo de un documento cuyo título decía: “Mi celular no es un lujo”.

Cualquiera haya sido la “rareza” que evitó el dislate de convertir a un teléfono en un objeto de lujo, ¿podría repetirse a la hora de tratar la Ley de Servicios de Radiodifusión o hay algo que está faltando para que los diputados hagan, ni más ni menos que su trabajo? Es decir: representarnos. Está claro que esta pelea es a todo o nada, sin mediatintas. Batalla decisiva. Así lo entiende Kirchner, y así lo asumen los más directos adversarios.

Hay una balanza que no sabemos a ciencia cierta qué es lo que está pesando: si los incentivos de algún multimedio, los de alguna telefónica, los deseos de Balcarce 50, o la conciencia…Tanto pus aflorando por todos lados, nos lleva a ser mal pensados. Cómo sea, es oportuno el momento para recordar a los legisladores, que lo que ellos deben poner sobre los platillos, no son los intereses o estímulos de terceros sino las demandas perentorias de la gente que los ha votado, y las necesidades de sus provincias muchas de las cuales están al borde del colapso.

Se abre un telón de suspicacias en torno a los debates que vienen signando el escenario político. Ese clima enrarecido debe disiparse porque lo que está en juego es determinante para el futuro de los argentinos. Esta ley tan discutida puede ser el final de un reino. Hay demasiada plata en el medio.

Mientras se oscurece el horizonte, los posicionamientos pos-electorales cambian radicalmente. Del mismo modo como Néstor Kirchner hizo saltar a Carlos Reutemann, ha hecho lo propio con el gobernador de Buenos Aires. Daniel Scioli sabe ya que su aspiración presidencial debe relegarse. La salida del secretario de Asuntos Agrarios fue otro as de los que suele sacar de la manga el matrimonio presidencial.

En ese sentido, es posible que sea justo el precio que se le está exigiendo al ex motonauta. Si bien no hay reglas de juego, haber optado por ser lazarillo del ahora diputado electo, no podía resultarle gratuito. Está entre dos fuegos. O se ciñe a las instrucciones que se imparten desde Olivos, o la provincia se le funde y lo deja a mitad de camino. Refugiarse en el peronismo -como intenta hacerlo- no le ofrece demasiada garantía, pero será desde esa plataforma desde la cual buscará continuar al frente del distrito más resonante desde el punto de vista electoral al menos.

Lo cierto es que tanta confusión torna errantes a los dirigentes. Van y vienen desorientados, y en ese trance, los espacios quedan vacantes. “A Cobos hay que preservarlo”, dicen los radicales. Elisa Carrió se corta sola, Mauricio Macri se refugia en la jefatura de la ciudad, Felipe Solá se asume segundo, etc.

A la vez, quienes culminan sus mandatos en breve pareciera que ya han emigrado, los que han de comenzarlos veneran que el calendario aún les da tregua. Y los presidenciables autoproclamados, que hasta hace unos días se relamían en falsos pedestales, tambalean temiendo que les alteren nuevamente el almanaque. Nadie quiere hacerce cargo de ajustes inevitables.

En contrapartida aparecen zombies probándose el traje aunque les quede demasiado grande. Es el caso de Juan Manuel Urtubey, en cuya Salta la linda uno de cada tres habitantes pasa hambre.

Pero “a mar revuelto, ganancia de pescadores”, aunque el anzuelo siga en manos del Gobierno. Algo hay seguro en materia política: el lugar vacío no dura demasiado. Hasta ahora está claro que Néstor Kirchner es el único que ha decidido llenarlo. Así estamos… © www.economiaparatodos.com.ar

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