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EPT | June 25, 2022

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Domingo 8 de diciembre de 2013

Cómo salimos de todo esto

Cómo salimos de todo esto

El gobierno nacional hoy tiene el poder pero carece de autoridad. Entonces, debiera tomar nota de la enorme culpabilidad que tiene  en este proceso de degradación social. Porque es evidente que no sabe gobernar

ASI NO SE PUEDE SEGUIR

Los recientes acontecimientos de rebelión policial en varias provincias, tienen una misma causa: son la consecuencia directa e inmediata de la inflación. De la inflación provocada por el propio gobierno con un delirante gasto público y una insensata emisión de papel moneda por el Banco Central.

No hay excusa ni subterfugio alguno.

La inflación genera  el caos y el caos termina en la anarquía. Con la anarquía la sociedad pierde la paciencia, se exaspera, se lanza a la calle y hace justicia con manos propias. Reacciona así porque no puede tolerar la falta de autoridad. Los españoles lo llaman (1)  “somatén”.

El gobierno nacional hoy tiene el poder pero carece de autoridad. Entonces, debiera tomar nota de la enorme culpabilidad que tiene  en este proceso de degradación social. Porque es evidente que no sabe gobernar  y sólo atina a dar vueltas a la noria en medio de anuncios triviales. Gira constantemente sobre un eje, repite idénticas volteretas  y retorna a las mismas mañanas, consistente en improvisar y recitar un relato de palabras huecas,  pronunciadas con pedantería.

Ahora mismo, el flamante equipo económico está plagiando lo que -con más autenticidad-  hacía  el anterior e inefable secretario de comercio. La  presidente tiene que darse cuenta y tomar el toro por las astas. Consciente de estas circunstancias,  debe ordenar  a sus ministros,  o a quien sepa hacerlo,  que preparen  un inmediato Plan para contener la inflación antes que el incendio lo destruya todo, incluyéndola a ella.

Debe dejar de improvisar  y de dictar  medidas que ni siquiera se atreve anunciar. Porque las comunican a  la población mediante tweets, voceros ocultos, trascendidos periodísticos, rumores de pasillo, confusos anuncios y comunicados sin sello ni firma. Todo es  misterioso y enigmático. Sin embargo, va  durando  gracias a la incomprensible paciencia de los ciudadanos de a pie….., hasta que se rebelen. Por eso, así no se puede seguir.

LA DISYUNTIVA: PLANIFICAR U ORDENAR.

Es evidente que las cosas no pueden seguir así porque se están quedando sin reservas y las divisas libremente disponibles son negativas,  como lo demuestra el balance del banco Central al 23 de noviembre de 2013.

Los políticos que vengan a reemplazar a este gobierno debieran tener presente que la reconstrucción o el regeneramiento de la economía  sólo puede hacerse por dos caminos: la planificación centralizada o el  orden de la competencia. La tercera vía es la improvisación en que estamos inmersos;  sólo sirve para prolongar la anarquía y una decadencia sin tiempo.

La planificación centralizada es el primer camino. Significa  la concentración de todas las decisiones económicas en manos de algún funcionario iluminado  con  poder absoluto sobre la actividad económica  para intentar  administrar un primitivo y rústico sistema de permisos y autorizaciones, de controles y prohibiciones,  de subsidios y sanciones. Por este camino, los habitantes estarán obligados a obedecer  órdenes  y el cálculo económico no se hará  por medio de los precios en los mercados, sino en las  oficinas del comisario político que tendrá en cuenta las cantidades virtuales informadas por sus secuaces, sin importar calidad ni costos. Este  camino de planificación centralizada  estará lleno de cepos, regulaciones, reglamentos y trabas, más que ahora. Todos estaremos sometidos al control de un  hermano mayor que vigilará e indagará hasta las más pequeñas intimidades de nuestra vida. Viviremos  metidos en la celda  de un  Estado servil. Tendremos comida y abrigo pero perderemos la libertad.  Dependeremos del Gobierno y deberemos cumplir la voz del amo. Dentro de este camino está metida la actual reforma del código civil que condicionará todos los derechos y garantías individuales, empezando por limar el derecho de propiedad, las seculares relaciones familiares  y la posibilidad de hacer frente al Gobierno cuando éste incumpla sus obligaciones y viole derechos ajenos.

El orden de la competencia con responsabilidad moral es el otro camino. Consiste en iniciar la precisa e inteligente tarea de construir un ordenamiento legal  para que el proceso económico cotidiano pueda ser conducido libremente por centenares de miles de empresas y millones de familias, sin necesidad de recibir instrucciones manu militari. Ese ordenamiento sólo puede basarse en la competencia, con  decencia y libertad para elegir, nunca con la prepotencia del Estado ni con la uniformidad de las corporaciones enquistadas en el poder.  Este segundo camino nos permitirá liberar todo el  potencial creativo que guardan los individuos en su interior. Los laboriosos, los que tengan ingenio y los que se den maña  podrán crear bienes y ofrecer servicios para satisfacer las necesidades de los demás. Deberán estar protegidos por las leyes del Estado y amparados por una justicia eficiente contra cualquier presión o intento de violencia, engaño, fraude y arrebato. Por su parte, los holgazanes, los remolones y aquellos que  no se hayan preocupado por estudiar ni desarrollar ninguna habilidad, tendrán que esforzarse y ponerse a trabajar. No podrán seguir viviendo de la dádiva política. Así cada uno podrá construir el propio destino y desarrollar su proyecto de vida dentro de una Sociedad libre.

La diferencia entre uno y otro camino, es bien clara y reitera la lucha que se viene librando desde hace miles de años entre el Estado Servil y la Sociedad Libre.  El viejo y sabio maestro, Lord Acton, el mismo que nos enseñó que “el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente”  nos dijo que “si existe algo de divino en lo humano, eso es el anhelo de libertad, un deseo contagioso que explica el devenir de la historia  y reconcilia las creencias religiosas con las ideas agnósticas”  (2).

Por eso, en los días de desolación que estamos viviendo, nuestra esperanza radica en la certeza de que  al final y pese a nuestras cobardías, debilidades y traiciones, la idea de la libertad no se perderá nunca. Porque la ley moral no puede derogarse ya que está escrita en las tablas de eternidad grabadas en nuestra conciencia.

LA NUEVA POLÍTICA ECONÓMICA

La nueva política económica debiera renunciar para siempre a la improvisación y la intervención  para  regular el proceso económico cotidiano, multiplicando reglas, regulaciones y controles. Debiera dedicarse a establecer un ordenamiento social  basado en la libertad. Ese ordenamiento no debe confundirse con el libertinaje donde  inescrupulosos trepadores, y   codiciosos aventureros,  se convierten en chacales de sus conciudadanos. Sino como un  orden estructurado y vigilado por el Estado para que triunfen los más eficientes, los más laboriosos y los más honestos, sin que el Gobierno  se entrometa en la economía  implantando en la actividad económica los  métodos y taras de la política.

Para implantar esa nueva política económica,  el gobierno tiene que anunciar y decidirse a poner en marcha,  simultáneamente, los  ocho principios constituyentes  de un ordenamiento  justo y eficaz. Esos principios debieran ser las  verdaderas  políticas de Estado. Lo cual no es producto de una ideología determinada, ni una utopía sin posibilidades de realización.

Hace 70 años, desde que terminó la II guerra mundial, se están aplicando en los países más avanzados del mundo y últimamente en los emergentes como China, India, Rusia y Singapur.  En Alemania, Austria y Suiza se lo denomina “Sozialen Marktwirtschaft”, término creado por Alfred Müller-Armak (3) y  cuya traducción sería  “modelo de economía de mercado con responsabilidad social”.  Tiene poco que ver con una posición ideológica socialista, individualista, conservadora o liberal-hedonista  en el sentido clásico de los términos.

Consiste en condicionar todo el poder del Estado para que se dedique a crear y vigilar el  orden económico dejando que el proceso económico cotidiano discurra libremente por manos privadas.  Ese orden económico se basa en normas generales obligatorias para todos, gobernantes y ciudadanos,   con  estos objetivos básicos: sistema de precios apto para señalar escasez y oportunidades, moneda estable, economía competitiva, libre iniciativa privada, responsabilidad social, sistema  financiero no especulativo  y apertura al comercio exterior.

PRINCIPIOS CONSTITUYENTES DEL ORDEN ECONÓMICO

Para establecer el orden de la competencia con responsabilidad moral es necesaria  la aplicación práctica de estos ocho principios:

1º Hacer apto para sus funciones el mecanismo de precios libres, sin intervenciones  estatales, ni monopolios legalmente obligatorios, eliminando controles de  precios, prohibiciones a las importaciones, restricciones a las exportaciones y reconociendo lealmente que las divisas son de quienes producen y exportan no del intermediario que las cobra ni del Estado que se incauta de ellas mediante retenciones espurias.

2º Sostener una moneda estable libremente convertible, que asegure el mantenimiento de su poder adquisitivo, que permita sin adulteraciones la medición y el cálculo económico, que facilite el intercambio, que conserve y estabilice su valor por mucho tiempo y que impida la alteración de los datos económicos en costos y precios.

3º Establecer un sistema financiero encuadrado en un orden monetario estable para fomentar la producción de bienes y el financiamiento del consumo,  mediante la transformación de los bancos con un esquema legal que impida el apalancamiento excesivo, garantice los depósitos a la vista con respaldo del 100 %  y separe claramente esos depósitos de las inversiones especulativas sometidas a riesgo e incertidumbre.

4º Permitir y garantizar mercados abiertos a todos los que quieran competir en igualdad de condiciones, absteniéndose el Estado de facilitar monopolios basados en leyes o privilegiar las concesiones públicas.  Prohibición estricta de que el Estado pueda impedir el ejercicio de la libertad de invertir o imponer cupos, licencias, permisos previos, aranceles proteccionistas y retenciones que obstaculicen el libre comercio exterior o  faciliten  la constitución de monopolios locales.

5º Garantizar la propiedad privada tal como lo establece la constitución nacional sin socavarla con confusos derechos de incidencia colectiva o  apelaciones a la función social que será entendida como el sometimiento a un régimen de competencia abierta. Prohibición absoluta de que el Estado constituya empresas públicas, con  derechos o privilegios distintos a los que tengan las empresas privadas, permitiéndolas sólo con el requisito de idénticas obligaciones y responsabilidades y no entorpezcan la formación de precios en mercados abiertos.

6º Asegurar  la libertad de contratación en todos los actos civiles y comerciales incluyendo el contrato de trabajo, el sistema previsional y el  seguro de salud.   La libertad de contratación no debe ser garantizada para firmar contratos que limiten o eliminen la libertad de contratación o que faciliten la constitución de monopolios.

7º  Restablecer la responsabilidad individual directa  por los actos propios sin adjudicarle responsabilidad indirecta o sustitutiva por actos u omisiones ajenas. Alentar fiscalmente la personalización de las actividades económicas y no precisamente su anonimato, estableciendo un tratamiento diferencial entre la imposición a sociedades de capital y a sociedades de personas.

8º Confirmar la permanencia y estabilidad de las reglas económicas estableciendo claramente un horizonte de largo plazo en su vigencia y aclarando que cualquier modificación intempestiva o instantánea carecerá de efectos y sólo podrán aceptarse si se difiere su puesta en marcha por un período no inferior a 6 meses de la fecha de promulgación para  que todos los interesados puedan adecuarse sin grave riesgo a su integridad patrimonial.

Así y sólo así podremos salir de todo esto.

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(1)  Palabra de origen catalán que significa “som-atents” (estamos atentos)  y que representa a  un cuerpo armado de vecinos para la protección civil,  separado de la policía y del ejército, en defensa propia y de sus propiedades.

(2)  Paloma de la Nuez: “Lord Acton, ensayos sobre la libertad y el  poder”, Madrid 2011.

(3)  Alfred Müller-Armack: “Genealogía de los estilos económicos”, Stuttgart, 1967.