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EPT | August 18, 2022

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Jueves 21 de agosto de 2008

Created equal

El daño que un sutil pasaje terminológico puede tener sobre la libertad es enorme y muchas veces ignorado.

La historia de la filosofía política y de las ideas ha evolucionado desde la servidumbre hacia la libertad en base a la modificación y adaptación de ideas peores a ideas mejores que supusieron, al mismo tiempo, un progreso en el pensamiento y un avance en el nivel de vida de las personas.

La regla de la vida en el mundo durante siglos fue la dominación y el sometimiento de la mayoría a los designios y el poder de una minoría. La Tierra lleva mucho más tiempo vivido bajo la esclavitud que bajo la libertad. Los primeros embriones de libertad datan de hace solo 800 años cuando por la Carta Magna cierta burguesía inglesa restringió el poder impositivo de la Corona Británica.

Los avances desde allí fueron extremadamente lentos y, a pesar de estos espasmos liberales, el mundo siguió siendo dominado por la concentración del poder, y el pensamiento único.

El cisma religioso del Cristianismo produjo un efecto tremendo en este campo, cuando Lucero, con la Reforma, invitó a todos, sea cual fuere su condición y su medio de vida, a interpretar la Biblia sin la intervención de un mediador iluminado. Se trató de un baldazo de igualdad irreverente. Paradójicamente nada fue igual desde entonces.

La migración de disidentes religiosos ingleses a las costas americanas iba a producir un fenómeno comprable, pero en el terreno filosófico y político. Salidos de Gran Bretaña para no volver pero no para buscar fortuna, sino para fundar una nueva Ciudadela, estos peregrinos estaban a punto de dar a luz un haz de instituciones nuevas que el mundo nunca antes había conocido, ni mucho menos había visto en un funcionamiento real. Es posible que alguno de los conceptos que ellos estaban por implementar hubiera sido presentado embrionariamente antes, pero no hay dudas de que el primer funcionamiento institucional en conjunto sucedió allí.

Cuando declararon su independencia porque la continuidad de su pertenencia al Imperio Británico resultó incompatible con sus ideas, produjeron un documento -la Declaración de la Independencia- en donde enumeraron las ideas fuerza que los guiaban y que por ser justamente antitéticas con las inglesas, los obligaban a romper los lazos de unión. Esas ideas se resumen en 1.- todos los hombres son creados iguales; 2.- que ellos reciben del Creador ciertos derechos inalienables; 3.- que entre esos derechos se encuentran la vida, la libertad y la persecución de la felicidad.

Nunca antes ningún documento había dicho tanto en tan pocas líneas.

Ese fue el punto de partida de un nuevo salto en la evolución de las ideas; un hito en el recorrido humano desde la servidumbre hacia la libertad.

El influjo de esa corriente ejerció una enorme influencia en el pensamiento hemisférico que medio siglo después iniciaba un proceso de emancipación de la Corona Española.

Pero en dicho proceso algunos hallazgos lingüísticos y terminológicos de la Declaración de la Independencia norteamericana se perdieron, quedaron en el camino o sufrieron la “traición del traductor” (los italianos dicen traduttore, tradittore).

En efecto, el condimento igualitario de las repúblicas y las democracias, dejado a salvo en la primera referencia de la Declaración, había sido mencionado utilizando una terminología muy precisa: “todos los hombres son creados iguales”. Esta definición pasó, interpretaciones mediante, a la idea de “todos los hombres son iguales ante la ley”, en nuestro idioma y desde allí, con poco esfuerzo, a la idea de que “todos los hombres son iguales”.

El daño que este sutil pasaje terminológico le ha hecho a la libertad, por lo menos en el resto de las repúblicas americanas, ha sido enorme.

La esencia de la idea contenida en las palabras originales se desvirtuó completamente. Las precisas palabras “creados iguales” daban la idea clara de una igualdad de inicio, pero al mismo tiempo aceptaban la diferencia de resultado. El remate, por si hacia falta, venía dado por uno de los tres derechos inalienables con que los hombres eran dotados por el Creador: el de perseguir su propia felicidad. Estaba claro que si cada uno podía perseguir su felicidad, esa felicidad era propia, definida por cada uno, distinta de la del otro y con resultados materiales diferentes.

Este esquema de diferenciación que distingue entre la igualdad inicial y la desigualdad de curso y de llegada, no fue comprendido entre nosotros. La mezcolanza reemplazó al conjunto, la muchedumbre a la comunidad y lo colectivo al individuo. El resultado está a la vista.

Si alguna profundización de este desquicio necesitaba la Argentina ella llegó de la mano del kirchnerato. Incentivador de la igualdad pobre, de la miseria repartida y de la jerarquía ausente, el sistema implementado por Kirchner ha sumido al país en una “proletariez” artificial, incompatible con la posibilidades del país y tan impostada como sus mocasines de Guido, sus lapiceras Bic, sus sacos desabotonados y su fortuna de millones.

Con las ideas que Kirchner ha profundizado, la Argentina recorre la ruta inversa al progreso de las ideas: después de haber conocido la libertad, va camino de caer en una recia servidumbre. © www.economiaparatodos.com.ar


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