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Lunes 30 de diciembre de 2013

Cristina: una mujer confundida y casi paralizada

Cristina: una mujer confundida y casi paralizada

Muchos ensayistas políticos, hemos escrito diversos artículos describiendo las razones “estructurales” –físicas y psicológicas-, que han afectado siempre a Cristina Kirchner. Habría que abrir paso ahora al escenario en que deberá moverse de aquí en más, habida cuenta que se han terminado los recursos y los residuos de una “materia gris” contradictoria, que le permitieron a ella y su marido encumbrarse en el poder político
Podemos aseverar que las dificultades presentes y futuras de todaíndole, le borrarán muy probablemente el semblante del “señorito satisfecho”, tan bien descripto por Ortega y Gasset. Ese gesto de superioridad y jactancia de una supuesta capacidad “intelectual” de quien siente que puede volcar siempre a su favor cualquier circunstancia de la vida que deba enfrentar por más negativa que fuere.
La “revolución” que intentó propiciar, se le ha caído encima como un alud de situaciones extrañas para ella haciendo añicos sus convicciones ideológicas e indicándole claramente lo que la naturaleza de las cosas puede provocarle a quien intente negar la realidad: tener que enfrentarse, tarde o temprano, con una implosión.
Nos confían algunas fuentes que Cristina está angustiada, confusa y semiparalizada. La transitoriedad de su antigua hegemonía, ha quedado en evidencia al ponerse en marcha FRENTE A SUS OJOS conflictos sociales para los que no tiene respuestas convincentes de ninguna índole. Sus sentimientos deben asemejarse hoy a los de ese “extraño en tierra extranjera” que siente el deseo de refugiarse muy lejos de lo que no entiende y que quizá lo obligue finalmente a “mudarse”.
En su caso, podría muy bien significar una huída. Pero, ¿hacia dónde? Difícil decirlo. Por ahora se ha refugiado en su recoleto y elegante “lugar en el mundo”, donde casi seguramente estará recordando de a ratos la película de su carrera política desde que huyó de Tolosa detrás de los pasos del arisco e impetuoso Néstor.
¿Qué podemos esperar de positivo en lo “sustancial” de aquí en más de su parte?
En realidad, muy poco.
El ritmo acelerado de la vida es una cosa cuando las situaciones son más o menos conocidas; pero cuando las mismas se vuelven desconocidas, extrañas y sin precedentes, el asunto cambia completamente para cualquiera.
Cristina no debe tener ya recuerdos demasiado precisos del “antes”.
Antes de que tuviera poder, se sobreentiende. Esta simple circunstancia parece no haber empezado a madurar totalmente en su conciencia, pero está enseñándole poco a poco sus formas poco placenteras, y a menos que alcance a “digerirlas” cabalmente, verá destruida su capacidad para enfrentar el mañana.
La soledad que se ha impuesto, enmudecida por el crujiente sonido de de una maquinaria que ya no responde a sus designios personales, le ha de estar produciendo con seguridad una enorme angustia.
De allí el silencio.
No es ya un problema de delegación de funciones. Es muy probable que ni siquiera pueda “ensamblar” correctamente las voces de quienes la rodean, como antes solía hacer. “La imposibilidad de comprender un impensado presente adverso, hace que muchos individuos inteligentes se comporten estúpidamente al poner su mirada sobre el futuro inmediato”, sostiene Alvin Toffler.
Nuestro pronóstico es que la Presidente ha dejado de ser tal, para convertirse en una persona confundida y sitiada por las consecuencias desatadas a su alrededor con su contumacia.
Serán muy duros los tiempos por venir para ella. No se trata de estadísticas, ni militantes, ni aduladores, ni ineficientes, ni vientos a favor o en contra. Es que se ha encontrado con un límite jamás imaginado para la epopeya que pretendió construir tenazmente.
Se han hecho añicos sus sueños, aunque no quiera admitirlo frente a la sociedad. Ya no hay eufemismos que puedan disfrazar la realidad de su fracaso. Por otra parte, comienzan a llegar a la justicia evidencias “quemantes” que la obligarán a hacer malabares para zafar de las nuevas probanzas.
La tragedia de Cromañón, la 125, el choque de trenes de Plaza Once y las inundaciones de La Plata deben parecerle hoy una pastilla de menta, en comparación con las fogatas callejeras levantadas por una multitud de enardecidos ciudadanos que comienzan a expresar su descontento con ferocidad al comprender la magnitud de los embustes del gobierno.