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jueves 24 de agosto de 2006

Dependencia y aislamiento

Los argentinos manifiestan una inclinación natural hacia aquellos factores que irremediablemente empujan un país hacia el fracaso: aislarse del resto del mundo y entregar todo el poder a la voluntad de una persona.

Si pudieran reducirse a sólo dos las razones modernas del atraso y la pobreza de los países, podríamos decir, sin temor a caer en exagerados márgenes de error, que ellas son la dependencia y el aislamiento.

Con la primera de las palabras no hacemos referencia al significado que desde la década del 60 se le ha dado en América Latina desde que los cráneos de la CEPAL inventaron el engendro de la Teoría de los Términos de Intercambio.

En este caso nos referimos a una dependencia social del mesianismo. La sociedad argentina se ha adaptado a la creencia de que los problemas se resuelven por la aparición de un Mesías clarividente que, interviniendo hasta en los más mínimos detalles de la vida cotidiana, pondrá fin a las penurias de millones.

Esa creencia lleva a entregar incluso el funcionamiento institucional del país a las manos salvadoras de un hombre.

Aparentemente, el artículo 123 de la Constitución provincial entrega una redacción confusa para el caso en el que encuadra Solá. Recordemos que el actual jefe del ejecutivo provincial completó –por renuncia del entonces gobernador Ruckauf– un período de gobierno en La Plata. Finalizado ese término, Solá se presentó como candidato a gobernador y ganó las elecciones. Ahora se presenta la duda acerca de si la Constitución permite o no la reelección según se considere el completamiento del término de Ruckauf como un primer período de Solá.

Ésta es una cuestión esencialmente jurídica e institucional, y así debería ser resuelta. De hecho así se resuelven este tipo de dilemas en los países de avanzada. Sin embargo, en la Argentina, la dependencia social del Mesías de turno transforma la cuestión en un asunto político que todo el mundo asume que es natural que resuelva el presidente Kirchner. Hace unas semanas, por ejemplo, Clarín titulaba: “Solá aguarda un guiño de Kirchner para presentarse a la reelección”. Hace algunos días, La Nación dijo con total soltura: “La palabra definitiva será la de Kirchner”.

No se trata aquí de criticar la voluntad de Solá de forzar una interpretación favorable a su reelección. De hecho, comparto la idea de que bien podría interpretarse que el actual gobernador tiene derecho a presentarse. Lo que decimos es que el país ha perdido la noción de la juridicidad y mansamente admite que cuestiones como éstas deben –y piensa que está bien que así sea– ser resueltas por el presidente.

La dependencia temporal del poder de un hombre es el enemigo número uno de la perdurabilidad de las inversiones. D’Elia podrá organizar cientos de zafarranchos públicos, pero si la comunidad internacional está segura de que la Argentina es un país gobernado por la ley, confiará en ella y traerá sus dineros para multiplicar sus dividendos. Esos dineros serán los cimientos para salir de la miseria.

Si, en cambio, el mundo recibe la imagen de un país dependiente de los humores de una persona, se abstendrá de arriesgar sus activos en una ruleta rusa de simpatías y antipatías aleatorias. Tampoco se convencerá de la conveniencia de llegar a un lugar en donde no se sabe qué ocurrirá cuando el Mesías no esté o cuando haya perdido su poder de encantamiento. La Argentina tiene experiencia en esta materia y cuesta entender cómo no saca provecho de los dolorosos episodios del pasado.

En cuanto a la segunda razón para el atraso y la pobreza, esto es, el aislamiento, el país se ha empecinado en liderar una contra-ola mundial de crecimiento del comercio y del intercambio que está haciendo crecer al mundo a tasas superiores a la media histórica. Se me dirá: “la Argentina también crece”. Es cierto, pero gran parte de ese crecimiento es explicado por un fenómeno de recuperación del mercado interno con una capacidad instalada que volvió a funcionar luego del colapso del2001 y no por un crecimiento exponencial de las exportaciones y de la inversión en infraestructura.

Mientras Chile tiene firmados tratados de libre comercio con EE.UU., México, Nueva Zelanda, China, Singapur, Brunei y se apresta a tener otros con Uruguay, Perú, Ecuador y Colombia, la Argentina se ha lanzado en una campaña “antiimperialista” de la mano de Chávez y de Evo Morales.

En este contexto, la Argentina se aislará de tal modo que ni siquiera podrá vender cuando sea económicamente más competitiva, porque –al no tener acuerdos de libre comercio– sus productos quedarán rechazados frente a los provenientes de aquellos países que tienen alianzas firmadas entre sí.

Con este nivel de aislamiento, el país se empobrecerá, verá envejecer su infraestructura y su nivel de vida decaerá aún más con impacto inicial y preferente en los que ya son pobres.

Ignoramos las razones de esta fuerte inclinación consuetudinaria de la Argentina por los factores preferidos del atraso, pero desde hace décadas que nos persiguen sin descanso. Por estar aislados y entregar nuestra suerte a la voluntad de una persona no hemos mejorado ni nuestro nivel de vida, ni nos hemos mezclado con las naciones lideres de la Tierra, ¿no será hora de intentar otra cosa? © www.economiaparatodos.com.ar

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