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lunes 8 de junio de 2009

El 28 de junio fue ayer

El presente de una campaña electoral sucia, deshonesta y llena de chicanas nos hace desear que el día de las elecciones llegue lo más pronto posible para incorporarse al pasado.

Última fase de la campaña: mayor violencia, agresividad, denuncias, artilugios de todo tipo y a tirar los ases que en la manga aún quedan. Hasta ahora, lo que se dice “concreto”, fueron pocos los resultados.

El oficialismo sigue perdiendo la mayoría en el Congreso, aunque se acerque, o incluso supere por amplio o magro porcentaje a los demás candidatos en esa geografía que conciben –en estos días– como la única Argentina: el segundo y tercer cordón del conurbano.

Las provincias quedaron abandonadas a su suerte, que no es mucha. En rigor de verdad, están sacando el provecho que deja toda crisis cuando se la sabe ver como oportunidad. Es decir, en la mayoría de ellas el kirchnerismo ya no es siquiera una opción o una alternativa a considerar por la ciudadanía.

El descrédito es supino, no necesitan siquiera corroborar lo vació y fútil de los discursos presidenciales sino que les basta con observar el paisaje. Aquel campo verde que se amarillaba en junio, ahora es tierra e infortunio. Lo triste es que no ha sido solamente “la seca” aquello que ha jaqueado a la naturaleza. La mano del Estado, convertido en sinónimo de erario matrimonial, ha terminado por devastar eso que ha sido -nada más ni nada menos- que el epicentro del desarrollo y el progreso de este suelo

Jamás podrá explicarse racionalmente la causa o el motivo por el cual se ha llegado a tamaño desatino. El resentimiento de los Kirchner no halla origen en una sufrida marginalidad, ni en una veraz convicción ideológica por la cuál hayan empuñado el arma y el alma.

Quizás han estado alguna vez acompañando una marcha o esgrimiendo un grito en una plaza por empatía de una corriente que hizo mella en los ambientes donde se movían, pero cuán distante está esa conducta de la defensa de un “ideal”… Tan lejano aquel actuar cómo este otro que muestran ahora, en plena campaña electoral. No defienden nada, se salvan o mejor dicho tratan de “salvarse”, ni siquiera de una sociedad desencantada, sino de sí mismos.

Nada hay tan pacífico como el argentino cuando se lo diezma o cercena y se lo domestica o acalla con dádivas privándolo simultáneamente de educación y formación cívica. Si no surge un líder que infunda pasión, adrenalina y conciencia de pertenencia se puede prolongar años el estado de apatía, y hacer del “¡qué barbaridad!” una suerte de muletilla que haga eco por los tiempos de los tiempos.

Una breve anécdota personal: desde que tengo uso de razón escucho que estamos atravesando una “crisis mayúscula”, que “todavía falta lo peor”, que “hay que reconstruir la Nación”… Todas expresiones de deseo válidas que se quedan sólo en eso: intenciones, deseos.

Cuesta demasiado salir del ostracismo, de allí que haya que pedir fiscales como se piden enfermeros para hospitales. La propaganda para que no roben nuestros votos claro que es buena… ¡pero debería darnos vergüenza! En este contexto, lo que suceda pasada la elección se transforma en mera preocupación egoísta.

No me animo a afirmar que la mayoría de la población tenga en mente emitir un sufragio para frenar el poder hegemónico de los K. Desde luego que muchos así lo harán. No obstante, gran parte votará como acto reflejo; algo similar a comer locro en fecha patria o a pincharse la escarapela para el acto de la escuela.

Después, se olvidará toda esta parafernalia del proselitismo vivida como un circo más que como una realidad. Los “jueces” (valgan las comillas) regresarán a sus guaridas tras una actuación preeminente en un acto donde, paradójicamente, no es la Justicia la que el guión marca que debe ser protagonista. No elegimos jueces sino legisladores, pequeña diferencia, ¿verdad? Jamás escuché tantos magistrados hablando como si estuvieran haciendo actos partidarios.

A esta altura es difícil diferenciar entre políticos-candidatos y letrados. Todos están en el escenario sin terminar de recitar el libreto para que comprendamos de qué trata todo esto.

El día después, quién gane y quién pierda no interesará demasiado a no ser que se esté esperando al “ganador” porque hay cierto “negociado” del cual se puede sacar alguna tajada, para no quedar como los últimos seis meses en una suerte de letargo sin que pase nada de nada. Casi como en coma 4, mientras el mundo -crisis mediante, recesión, debacles de mercado, salvatajes, etc., etc.- sigue en potencia y en acto buscando salidas, alternativas y opciones que, por lo general, emanan de consensos y no de aislamientos, afrentas, amenazas y temores propagados ni más ni menos que por la autoridad que debe ser ejemplo y llevar paz al pueblo.

Alguna vez, Finlandia debió dejar de ser exportador de alimentos. No interesan ahora las causas. En ese momento no hubo quejas ni llantos, menos aún conspiraciones, búsqueda de brujas o dedos acusando. Hubo un gobierno que se puso el problema sobre la espalda, y en comunión con la ciudadanía salió a buscar otra alternativa: se discutió, todas las voces fueron escuchadas y respetadas, máxime aquellas que disentían. ¿La razón?: Qué del intercambio de ideas se aprende mucho más que de las coincidencias que suelen agotar el tema.

Simplifiquemos, hagámoslo gráfico: si alumnos y profesores supieran lo mismo, la educación o el aprendizaje sería utopía. No habría qué transmitir, y hasta se abolirían las jerarquías: una suerte de caos sin resultado. Sin embargo, de la interacción, la discusión seria y el respeto por los que más saben y por la libertad de opinión se sacaron conclusiones oportunas, y con ellas se ideó aquello que sería el sostén de un país que debía modificar la base de su economía para subsistir.

Finlandia empezó entonces a producir tecnología. Como bien lo expresara Orlando Ferreres, Nokia es a Finlandia lo que el campo y la industria son a la Argentina. Si allá el gobierno atentara sobre la empresa de telefonía celular, la economía volvería a derrumbarse y la pobreza a expandirse. Acá, el gobierno atentó sobre campo e industria y no hay forma de evitar en consecuencia que la economía se derrumbe (más todavía) y la miseria aumente descaradamente.

¿Para qué sirve lo que diga el INDEC o el Secretario de Comercio si lo que experimentamos a diario difiere 100% de ello? Si Guillermo Moreno “aprieta” a empresarios es porque éstos se dejan “apretar” por Moreno. No nos engañemos. Que Cristina Fernández critique el “neoliberalismo” no significa que éste haya existido en Argentina; apenas si hubo prebendas y capitalismo de amigos (lo mismo casi que hoy día).

Ahora bien, si queremos seguir en polémicas que sólo conducen a la pérdida de tiempo, empecemos de otro modo este análisis y hablemos de las encuestas si Néstor Kirchner y Francisco de Narváez están parejos o si Hermes Binner lucha contra Carlos Reutemann y Agustín Rossi esquiva huevos y piedras en Santa Fe mientras repite, como si se hubiera tragado un cassette: “Hay que profundizar el modelo”

En mi biblioteca hay un libro que sostiene que Lenin y Stalin decían, paradójicamente, lo mismo. Las malas lenguas sostienen que uno envenenó al otro. ¡Minga! Seguro que ambos luchaban juntos contra “agoreros del mal” que conspiraban. En realidad, ellos dos juntos fueron quienes idearon la Perestroika y lograron hacer Rusia de la Unión Soviética…

Siempre hay modos y maneras de contar la historia y argumentar los hechos. En un nuevo Día del Periodista, podríamos recordar algo de ello y bregar por encontrar la forma definitiva de contar con certeza: sujeto, verbo y predicado de lo que pasó y está pasando para no confundir víctimas de victimarios.

Nada está definido y eso no es lo más grave del asunto, aunque parezca un sinsentido. El día después es lo que debería sumar a la hora de optar, porque todo este “antes” que estamos transitando deja mucho que desear y no hace más que mostrar lo bajo y ruin que los argentinos hemos caído, así como el fracaso de un pueblo que se jactaba de su civismo. © www.economiaparatodos.com.ar

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