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jueves 12 de abril de 2007

El cul-de-sac de la educación

La muerte del maestro neuquino Carlos Fuentealba puso en blanco sobre negro la situación de la educación argentina, encerrada en el callejón sin salida de la politiquería.

Después de la muerte del maestro Carlos Fuentealba en Neuquén, no hay término más adecuado para describir la situación de la educación argentina que señalar que está metida en un verdadero cul-de-sac, expresión que significa un “callejón sin salida”.

El cul-de-sac de la educación es la politiquería, que está adquiriendo nuevos bríos. La politiquería es política de intrigas y bajezas, una actividad ruin y nefasta ejercida por quienes medran desde el poder con dineros públicos cobrados por ocupar cargos en los que son incompetentes, por acomodar a familiares todavía más ineptos aún y por percibir sobornos derivados del tráfico de influencias o de sobreprecios en licitaciones.

La muerte del maestro neuquino ha puesto todas estas cosas en el centro de la escena y ése ha sido su invalorable testimonio.

La educación es problema del presidente

La opinión generalizada piensa que no se trata de un mero desmadre de la policía provincial, sino de una crisis que atañe al presidente de la Nación, a los gobernadores y al ministro de Educación, que fue quien abrió esta caja de Pandora al incurrir en la torpeza de firmar un convenio de mejoras salariales cuyo costo endosó, sin aviso previo, a las provincias.

Los docentes deben comprender ahora que, si se someten a la política, transitarán el camino que los conduce a un callejón sin salida. Así no tienen solución. Tienen que separarse de la política, independizarse de la politiquería y asumir su papel de maestros, que son quienes enseñan las primeras letras y luego acompañan a los niños para formarlos como personas.

Educar viene de “educere” que significa sacar afuera, crear y formar el espíritu, el cual es la raíz de la personalidad.

El alumno no es un mero ser físico, posee una existencia más rica y más noble: tiene una sobrexistencia espiritual, propia del conocimiento y del sentimiento. Los docentes deben saber convertir a los niños en hombres y mujeres que sepan gobernarse a sí mismos por su inteligencia y voluntad. Ésa es su insustituible misión.

Nueva actitud de los docentes

Por eso, los docentes no pueden reclamar sus derechos cortando rutas y caminos, impidiendo el tránsito de vehículos, ocupando edificios o pintarrajeando sus fachadas. Mucho menos les está permitido ejercer violencia sobre los alumnos, haciéndoles perder días de clase, alentando la indisciplina, estimulando la indolencia, escandalizando sus almas y confundiendo su mundo de valores. Porque si así obran, no sólo darán un mal ejemplo, sino que estarán tomando de rehenes a quienes no tienen la culpa de sus aflicciones.

Cuestionar al Gobierno provocando daño a inocentes es una perversión, porque están dando una clase práctica de lo que es execrable. Se convierten en germen de violencia, difundiendo la incultura salvaje de la patota, de la turbamulta, de la horda, de la barra brava. Por este camino nunca conseguirán lo que buscan.

Para escapar de la encerrona en que están metidos, la estrategia de los docentes tiene que ser otra muy distinta. Independientes de la política y libres de la politiquería. La educación es crucial para asegurar no sólo la sustentabilidad económica, sino la propia vida civilizada del país.

La tarea que tienen por delante es inmensa.

Los docentes tienen que enseñar valores a los niños apelando a la imaginación y al lenguaje narrativo como si estuviesen contando una leyenda o un cuento, porque el universo del niño es el universo de una imaginación que evoluciona hacia la vida racional.

También tienen que suministrar a los adolescentes el razonamiento y el lenguaje descriptivo para que ellos puedan aprender a pensar, a reflexionar y a discernir entre la verdad y el error, porque el universo del adolescente representa un estado de transición hacia el universo del hombre.

Por último, tienen que ayudar a los jóvenes a saber argumentar y a comprender el lenguaje crítico para que ellos encuentren explicaciones racionales, conozcan las cosas por sus causas y puedan cambiar rápidamente el objeto de conocimiento aplicando la metodología adecuada. El universo del joven es ya el universo del adulto.

Para conseguir todo esto, los docentes no deben estar sujetos a la politiquería.

Es urgente y necesario que ellos planteen el rescate de la educación, separándola de la política, exigiendo una descentralización de la administración de recursos que los gobiernos gastan en educación. Hay que transferir el manejo del dinero de los burócratas a los directores.

Programa de renovación

Para obrar de una manera inteligente, los docentes tendrían que proponer a los padres de los alumnos un programa de renovación que respete estas líneas:

1. Establecer el marco jurídico para que todas las escuelas puedan convertirse en sociedades escolares autónomas, totalmente exentas de impuestos directos e indirectos, dirigidas y administradas por el propio personal de dirección y con cargo de rendir cuentas anuales ante la asamblea de padres y profesores mediante una memoria y balance debidamente auditados.

2. Decidir que el personal dedicado a la educación, cualquiera sea su tarea –desde la más trivial hasta la más compleja–, deba estar incardinado en una escuela determinada, es decir que se terminen todos los puestos de acomodados que perciben remuneraciones por etéreas funciones, funcionarios técnicos inexpresivos, pedagogos de escritorio y planificadores sin experiencia práctica, que como no saben lo que hacen se dedican a fraguar los planes extravagantes que soportamos en los últimos 25 años.

3. Consolidar la totalidad de las partidas vinculadas con la educación, subsidios, becas escolares y fondos para construcciones escolares de cualquier naturaleza y jurisdicción. Concentrar esas partidas en un fondo fiduciario educativo, administrado independientemente del presupuesto por un consejo de administración ad-honorem, de reconocido prestigio y capacidad de gestión.

4. Establecer distintas categorías de escuelas teniendo en cuenta dónde están instaladas, las posibilidades económicas de las familias que envían sus hijos al colegio, la capacitación docente y el rendimiento escolar, medido según la calidad de formación.

5. Dividir el fondo fiduciario educativo provincial por el número de alumnos primarios y secundarios y emitir “cheques escolares nominativos” ponderados según las categorías anteriores para ser entregados a los padres o tutores de los alumnos, que sólo puedan ser endosados para pagar la cuota escolar a una escuela autónoma.

6. Decidir una profunda reforma en la calidad de la enseñanza variando el enfoque desde la planificación pedagógica hacia la total revisión de los contenidos, calificando especialmente el aseo, la aplicación y la conducta. Volver a poner notas y premiar los méritos de los mejores alumnos.

7. Transformar los ministerios provinciales en consejos escolares que anualmente convoquen a prestigiosos especialistas en diversas áreas del conocimiento para que recomienden los contenidos de las materias básicas y esenciales con el propósito de que los alumnos puedan entender y afrontar el mundo moderno.

8. Exigir que los contenidos mínimos para los niveles primarios, secundarios y terciarios sean enseñados con la profundidad y dedicación aconsejada por los especialistas. Pocas materias, pero aprendidas a fondo, y muchas lecturas de los textos de grandes autores mundiales. Ejercitación de la memoria y de la expresión oral y escrita.

9. Otorgar sustancial importancia a los contenidos, dotando a las escuelas de bibliotecas del aula para consulta de docentes y alumnos.

10. Preparar alumnos que sepan pensar con ideas y no sólo con imágenes, que puedan discriminar entre la certeza y el error, que alcancen a comprender textos de cierta complejidad y que estén en condiciones de expresarse con claridad, precisión y elegancia.

Si los docentes toman este camino y formulan un planteo semejante, serán seguidos por la inmensa mayoría de los ciudadanos que se sientan responsables del destino de sus hijos. Entonces, la muerte del maestro Carlos Fuentealba no habrá sido en vano. © www.economiaparatodos.com.ar

Antonio Margariti es economista y autor del libro “Impuestos y pobreza. Un cambio copernicano en el sistema impositivo para que todos podamos vivir dignamente”, editado por la Fundación Libertad de Rosario.

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