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Jueves 29 de octubre de 2009

El “partido” imposible

Ninguna pesada estructura llena de burócratas será capaz de reemplazar la frescura y la eficiencia del caos creativo de la sociedad privada.

El sábado pasado se conoció la información de que el Gobierno estaba por dar a conocer, con bombos y platillos, el lanzamiento del nuevo DNI, un documento que pasará a tener la apariencia de un pasaporte.

Pero eso no es lo importante. Lo verdaderamente llamativo de esa información era el marco que habían resaltado las fuentes que habían revelado el hecho. Una de ellas, citada por Mariano Obarrio en La Nación, decía: “El DNI será único e intransferible. Tendrá los mismos datos que el actual, pero con tecnología y material elaborado por el Estado y por personal estatal. Ese es el mayor logro: cien por cien (sic) elaborado por el Estado y a costos muy bajos” (el subrayado es nuestro).

En esta frase se resume de manera concisa y muy gráfica, por cierto, la aspiración que persigue el actual gobierno; la presente tendencia que maneja las riendas del Estado en la Argentina.

Esta gente pretende demostrar que el Estado es una estructura con vida propia, independiente y opuesta a la sociedad privada, y embarcado en una competencia a muerte con ella.

Creen realmente (más por la conveniencia de sus propios bolsillos que por una convicción ideológica) que el Estado tiene una superioridad logística, de eficiencia y de operación muy por encima de los individuos y que, por esa razón, debe ocuparse de todo.

Lo declaran con soberbia y, como aquel que se sabe inferior y que no pierde oportunidad para demostrar que “ganó una”, tratan de publicitar casos en donde los hechos demuestren lo que alardean.

La nube de ignorancia en la que viven da pena. Solo el conocimiento verificado y cabal de que todo ese ideologismo es una pantalla para ocultar el uso del Estado como instrumento para agrandar sus riquezas personales evita que la furia se transforme en lástima.

Si no fuera porque todo el mundo sabe que las fabulosas cifras de corrupción que van a parar a sus “privadísimos” bolsillos es lo único que los mueve, quienes suponen que un mastodonte colectivo como el Estado puede alguna vez superar la espontaneidad repentina de la creatividad individual deberían ser dignos de pena. Solo alguien con una pobreza mental muy pronunciada puede creer semejante estupidez. Y encima querer demostrarla con la impresión de un DNI.

La Argentina, por este camino, va camino de parecerse a aquellos países de “Misión Imposible” (me refiero a la serie televisiva y no a la saga de películas de Tom Cruise) en los que “eficientísimos” uniformados pretendían imponer la superioridad del colectivismo. O aquellas postales del nazismo donde el Estado nacional-socialista venía a protagonizar el nuevo maná del pangermanismo. “Todo dentro del Estado, nada fuera del Estado”.

Por suerte esta gente no es seria y cuando uno les escucha la palabra “Estado” debería hacer una rápida traducción mental a la segunda persona del plural: “nosotros”.

Esta gente usa el Estado y sus estructuras para su propio beneficio. No hay dudas al respecto.

Esa barbaridad que, obviamente, debería constituir una afrenta es, en este caso, una bendición. En mi opinión personal esta gente no tiene entidad para el establecimiento de un Estado nazi, stalinista o de cortina de hierro. Son fenicios, no ideólogos. Quieren quedarse con todo por la plata, para actuar como empresarios privados financiados por el presupuesto público, con la sociedad como esclava compulsiva.

Utilizan la cortina de humo de la ideología para engañar a unos cuantos idiotas útiles que siguen soñando con aquellos mazacotes de la preguerra, llenos de brazaletes, enfundados en botas y charreteras.

El mundo moderno ha demostrado hace 400 años que, para el progreso, no hay ningún motor superior a la libre inventiva individual, germinada en un orden jurídico civil igualitario. Ninguna pesada estructura llena de burócratas será capaz de reemplazar la frescura y la eficiencia del caos creativo de la sociedad privada.

¿Qué es preferible, ser tenido por un corrupto o por un tarado? La disyuntiva es difícil. Pero muchas veces, para salvar el orgullo personal (y más en un país como la Argentina en donde rozar los límites de la delincuencia no es motivo de vergüenza sino de honor) es mejor que todo el mundo piense o sepa que se trata de corruptos.

La verdad es que, creer, en pleno siglo XXI, que un mastodonte burocrático como el Estado superará alguna vez la picardía inagotable de la sociedad privada es de una infradotez llamativa, digna de lástima.

Supongo que frente a ese tristísimo espejo, es preferible ser visto como un “vivo” que se la quiere llevar toda, antes que como un idiota que de verdad cree que el Estado es mejor que los “privados”. Se trata de un “partido” que no podría jugarse por manifiesta desigualdad de los jugadores: por un lado un equipo de gordos impresentables que le piden permiso a una pierna para mover la otra y, por el otro, un conjunto en perfecto estado físico, pura fibra y velocidad. La tribuna gritaría “Borón bombón, borón bombón, es un afano, suspendanló…”.

A veces, muchachos, la ideología es una carga para el ego… Y es mejor ocultarla. © www.economiaparatodos.com.ar


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