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EPT | October 16, 2021

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Lunes 30 de julio de 2007

En la Argentina, la garúa parece tormenta

La suba del dólar y la caída de los bonos durante la semana pasada hicieron evidente cuán endebles son los cimientos que sostienen a la actual política económica.

Acabamos de dejar atrás una semana en la que, bajo la sombra de la inestabilidad internacional que sacudió a los mercados extranjeros, quedó de manifiesto la fragilidad del sistema en nuestro suelo. En apenas 24 horas, el alza del dólar generó un ruido tal que la Argentina quedó sin máscara, al descubierto. La estabilidad y la credibilidad en la política económica cayeron estrepitosamente, mientras que la señal de alarma se hizo sentir dentro y fuera de Balcarce 50.

¿Acaso no es un dólar alto la base de la economía kirchnerista? ¿No hay –o se dice que hay– reservas para frenar cualquier alza que repercuta en los precios? Lo cierto es que el dólar hoy tiene piso, pero no tiene techo. Por eso, desde el Banco Central (BCRA) se escucha la preocupación por una situación fiscal nada oportuna. Los títulos bancarios fueron golpeados por una masiva caída en los precios de los bonos, a raíz de la incertidumbre que generó la baja en el peso. Se dice que fue algo pasajero. Justamente, ahí está la gravedad de la cuestión: si fue pasajero, ¿por qué generó tanto ruido? Los números están atados con alambre, los índices dibujados, y eso es lo que se evidencia cuando se altera –efímera o mínimamente– alguna variable en este tipo de economía sin práctica y sin teoría.

Para colmo de males, la suba de la moneda estadounidense vino acompañada de la oratoria presidencial y la consecuente acusación. Pero no fueron los 70 ni los 90 los culpables señalados. Esta vez la inestabilidad y la “sensación” de inflación fueron causados por os fondos de inversión que salieron a vender bonos para hacerse del vil verde papel. “Quieren mayor rentabilidad”, sentenció el jefe de Estado desde el atril del Salón Blanco, como si eso fuese pecado. Asimismo, por si quedaban dudas, puso en claro el resultado de la gira de Cristina Fernández en la “madre patria”: la crítica explícita del primer mandatario a los empresarios españoles no fue sino una respuesta al reclamo por las tarifas que se le hizo a la senadora y actual candidata. En síntesis, que haya habido durante el viaje un blindaje al periodismo nacional para que no se acercara a la primera dama no sirvió de nada. El presidente obró como vocero oficial y destapó la verdad que pretendió que no se filtrara: el empresariado extranjero quiere algo más que visitas y glamour para los próximos cuatro años de gobierno.

Más allá de las responsabilidades, hay datos que no admiten réplica. El riesgo país aumentó un 17%, mucho más que el riesgo de cualquier otra nación emergente. La Bolsa se derrumbó y las tapas de los diarios pusieron nuevamente al dólar como protagonista. Mucha nostalgia se vivió en la city porteña. El temor por la repercusión que una suba de la moneda americana –por mínima que sea– puede tener en los precios internos no es gratuito. Los ganaderos aprovecharon para pedir un “sinceramiento” en el precio de la carne y es sabido que los comerciantes argentinos son vulnerables ante este tipo de situaciones, más allá de por qué se producen o quiénes son los culpables. En la Argentina, los precios se aumentan por si acaso…, por las dudas… y se frenan a veces por aprietes. La oferta y la demanda parecieran no tener demasiada injerencia. Así, las medidas “preventivas” terminan siendo peores que las consecuencias.

Para suma de males, simultáneamente a la depreciación del peso, floreció la desesperación de un amplio sector de la población y de la dirigencia que no está conforme con el actual gobierno. Cuenta regresiva para una alternativa que no llega. “Se busca un redentor”, parecería leerse entre líneas. La duda existencial que, de pronto, dicen que merodea a Mauricio Macri no se explica. Descubre el PRO, de la noche a la mañana, que no se puede gobernar la ciudad con un gobierno kirchnerista. No es novedad quién detenta la titularidad del Ejecutivo. Tampoco lo es que el kirchnerismo apuntaba a la continuidad. ¿De qué asombrarse? El mentado “estilo K” fue siempre igual. No hay margen para la sorpresa. El modus operandi del Ejecutivo con quienes piensan distinto es harto conocido. Macri no tendría las puertas de la Rosada abiertas, ni la predisposición política. Debió preverlo antes de las promesas. Del querer al poder a veces hay largos trechos. En política es necesario evaluar esas distancias primero, para no terminar defraudando al pueblo. Cambiar las reglas de juego una vez iniciada la partida es lo que se critica justamente al oficialismo. No puede la oposición ser más de lo mismo. Si los rumores acerca de la tentación del líder del PRO para postularse en octubre próximo a la presidencia ganan la calle, lo que debería hacerse es dar la cara, hablar de frente. “Quiero esto”. O “no quiero esto”. O… “no sé lo que quiero”. Las tres opciones pueden ser válidas o no, ése es otro debate, pero lo que se necesita es un líder que no haga lo que hace Néstor Kirchner: esconderse ante la incertidumbre, guardar silencio. No ayuda a nadie. Ni a sí mismo.

Posiblemente, Mauricio Macri no tenga obligación de apoyar explícitamente a ningún candidato con miras a los comicios presidenciales. Sin embargo, no es bueno imitar las estrategias de distracción que utilizó el Gobierno cuando creaba el enigma del “pingüino o la pingüina”. No es siquiera “nueva política” mantenerse en la especulación –que no prioriza a la sociedad, sino al interés particular– y dilatar las definiciones aunque estén cumpliéndose los tiempos electorales.

Lo que se vivió como éxito el 24 de junio no debería terminar en decepción. Fue una alternativa. Sería bueno que siga siéndolo en un país donde, de continuar con este rumbo, sólo tendremos a Cristina Fernández de Kirchner paseando por el mundo, aunque quizás con más derecho que ahora que, como simple senadora y candidata, utiliza todo el andamiaje oficial para hacer su campaña. © www.economiaparatodos.com.ar


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