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lunes 16 de noviembre de 2009

Entre distracciones y providencias…

Las luces de neón encandilan, pero llegan las Navidades y la gente se distrae.

En China hicieron nevar derramando yoduro de plata sobre las nubes. En la luna, la NASA encontró agua. En Chile, mucho más cerca sin duda, definen un plan educativo tendiente a “conectar programas de posgrado con las carreras universitarias”. En Guatemala, el presidente se reúne con jóvenes generaciones en el marco del programa “Gobernando con la Gente de Mañana”, que instaura políticas de Estado en materia de salud, seguridad y educación, y se inicia el TLC (Tratado de Libre Comercio) con países de la región. Perú, simultáneamente, avanza en ese tratado con Japón.

Europa se recupera, Asia lidera. América Latina mira hacia esas geografías con excepciones, claro. No hace falta mucha pericia para descubrir cuáles son.

En Cuba hay nueva “lista negra” de periodistas por pretender cubrir el “Foro Global de Investigación en Salud”. En Venezuela, Hugo Chávez pide prepararse para la guerra y bañarse en menos de 3 minutos con linterna. En Bolivia, Evo Morales acusa a la oposición de “crear clima de violencia y tensión”.

¿Dónde ubicar a la Argentina? En el pasado más que en una geografía. Acá la política pasa por las “carpetas” que prepara el gobierno para acallar a Mirtha Legrand, a Marcelo Tinelli y a Susana Giménez, por ejemplo. Mientras, Hugo Moyano y Luis D’Elía aparecen retratados como si fuesen Churchill y De Gaulle pactando. Simultáneamente, crecen las filas en las puertas del ANSES para conseguir el mentado subsidio “universal” a la niñez, que hasta la fecha se asemeja más a los créditos hipotecarios cuya cuota igualaría el precio del alquiler. Todo enigmático. Pero lo cierto es que hay millones de familias que esperan con urgencia desmedida la suma de 3 pesos por día (o 180 por mes)

Asesinatos, ajustes de cuentas, espías, estadísticas falsas y ministros que justifican lo injustificable con naderías también son moneda corriente. No faltan las internas, los rumores fundados e infundados, la irrupción de patrimonios en extremo abultados, y los jueces que aman las cámaras (televisivas claro) más que a la doctrina.

En ese contexto, diputados oficialistas y de izquierda evalúan un proyecto para declarar el Día Nacional del Hincha de Fútbol… Interesante percepción de la dirigencia acerca de los temas prioritarios para la ciudadanía. Y esto es apenas una muestra muy limitada de las distorsiones políticas.

Pasó una semana del paro de subterráneos que, paradójicamente, trajo a la superficie una conflictividad que se estanca en la nada. No hay solución sino espurios tratos e incertidumbre que permite dejar para mañana lo que se puede y debe hacer hoy. Confrontaciones sindicales cuyos antecedentes no son agradables.

Mario Segovia tuvo su cuarto de hora, y sin duda volverá a ser protagonista en pocos días, como lo fueran también Milagro Sala, Emilio Pérsico, Juan Carlos Alderete, Raúl Castells, Ciro James, o Néstor Leonardo. En rigor de verdad son “extras”, no protagonistas. Los únicos nombres que se repiten son los de Hugo Moyano y Néstor Kirchner.

Analizar declaraciones obscenas, carentes de sentido y rayanas en lo grotesco no es (o no debería ser) metier de un analista político. Sin embargo, en la Argentina la política no sólo es grotesca y burda, sino que también hace alarde de ello. Se nutre de coyunturas que no aportan un ápice y distraen… Hay, en ese verbo, un arma que Néstor Kirchner supo usar de manera extraordinaria.

Los argentinos hemos estado distraídos durante muchos años. Compramos como si fuesen sinónimo de crecimiento y desarrollo, las falacias de “veranitos” económicos, vientos de cola y otros artilugios varios propiciados por la metodología poco ortodoxa de un Secretario de Comercio que oficia como “soldado”, entre otros tantos.

Si todo aquello hubiera representado un crecimiento real y no furtivo, cuasi mágico, no estaríamos presenciando la decadente imagen de los movimientos sociales cortando calles para asirse de planes sociales, ni habría filas para recibir un subsidio que en lugar de ser festejado debería avergonzarnos. Pero la “bonanza” kirchnerista se esfumó como se esfuma todo en la Argentina: desde las denuncias que surgen y desaparecen en pocos días sin que la Justicia se expida, hasta las crónicas de acontecimientos que parecieran jaquear al gobierno, y terminan luego como anécdotas, o se vuelve a saber de ellos cuando se roban los expedientes o los jueces se declaran incompetentes.

Resiste el sindicalismo. Dividido. Una amenaza latente porque se nutre de las mismas fórmulas que manejaran sus ancestros cuando se liquidaban entre ellos. ¿Qué es lo que explica que pueda haber espacio para esos regresos? La respuesta es simple: el vacío es grande. Y es que, en la Argentina, lo primero que se ha esfumado ha sido el gobierno. La autoridad máxima brilla por su ausencia. Nadie implementa políticas concretas. Se limitan a puestas en escena para anunciar lo que luego no se hará. La concepción política del kirchnerismo es la confrontación permanente y la creación de un relato inexacto. Así, la verdad y el escenario quedan vacíos, y nadie más veloz para ocuparlo que el sindicalismo.

El hartazgo está latente. No hay gestión de ningún tipo: hay apenas un balance de mesa chica para llevar las cuentas, y definir entonces, dónde apretar cuando los números no cierran. Hay “caja” y con eso basta, al menos por ahora. Si mengua, se apela a las conspiraciones inexistentes o autoprovocadas.

Toda la problemática actual se centra en esa realidad: la “caja”. Esta puede acallar reclamos, pero no gestionar cambios. De allí que en poco tiempo, el caos, la ciudad sitiada, el país cuasi anárquico, los enfrentamientos, los cortes de calles, los derechos vulnerados… volverán. Cuando se termine la novela de los Macri, cuando Luis D´Elía sea nuevamente ninguneado por conveniencia del oficialismo que lo usa como a un títere, uno más…. Cuando las declaraciones de la farándula sean reemplazadas por las guerras de vedettes en temporada, la Argentina afianzará aún más su anomia -quizás sin que se perciba tanto como ahora-, y se verá que sentido tiene esa exigua esperanza depositada en un recambio de figuras parlamentarias.

La próxima batalla se perfila desde esas bancas casi como una puja de poderes entre Congreso y sindicatos. El Ejecutivo ha decidido alejarse de la realidad, y quedar a resguardo del poder sindical que suele traicionar. ¿Será esa la confrontación final?

De la misma manera como han pasado 6 años de esta ignominia, que fue desde el primer día igual -aunque dos pesos más en el bolsillo haya podido distraer de esa verdad-, pasarán los dos años restantes. No hay golpe de ningún tipo a no ser que en Balcarce 50 o en Olivos se sinceren los ánimos, y con el DNI renovado digan quién es quién en realidad.

Así como no ha habido solución a los problemas que acecharon desde el vamos (las pasteras y Uruguay, son un ejemplo claro), no habrá salida para este estado de “crispación” como gusta decirse hoy. No se trata de pesimismo sino de tiempos y actores de reparto. Sin duda, esta vez a Néstor Kirchner se le alteró el reloj, razón por la cual la izquierda trasnochada, a la que alguna vez dominara, se le retoba complicándole el panorama. Pero para esos traspiés siempre hay alguna maniobra distractiva, aunque sea cada vez menos efectiva, cada vez más obvia. Distracción en definitiva. ¿O qué es sino la telenovela de Sandra y Leonardo, o los cruces de Tinelli con D’Elía?

Para sellar su obra, el director eligió al jefe de la central obrera como principal actor. ¿Se equivocó?. Hay problemas de cartel, vedetismo en demasía. Las luces de neón encandilan, pero llegan las Navidades y la gente se distrae. Distraídos también están el matrimonio presidencial y sus ministros, aun cuando ellos se distraigan de otra manera y con otras consecuencias. Hacen la plancha, ensayan la supervivencia. ¡Como si eso pudiera frenar la inevitable suba de la marea!

Cuenta la leyenda que, previo a la última batalla del Rey Arturo contra Mordred, al ver ambos la dimensión de la lucha pactaron para que “nadie saque su espada”. Fue la providencia la que ocasionó la desgracia: cuando aún no estaban dispuestos para la guerra, una serpiente mordió la pata de un caballo y el jinete desvainó su sable para matarla. Esto fue entendido por el ejército contrario como una señal de guerra y se lanzaron todos ferozmente a la batalla. La mortandad fue increíble. Mordred y Arturo perdieron la vida.

Quizás, acá también, todo dependa de la providencia y de saber esquivar al reptil que merodea. © www.economiaparatodos.com.ar

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