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Miércoles 12 de marzo de 2014

¿Es injusta la concentración de la riqueza?

¿Es injusta la concentración de la riqueza?

“En un mundo en el que, según datos del Banco Mundial, 1.200 millones de personas sobreviven con menos de u$s 1,25 por día y 2.400 millones (un tercio de la población mundial) con menos de u$s 2 por día, hay 1.645 personas que disponen de un patrimonio superior a los u$s 1.000 millones...

La lista es encabezada por Bill Gates, Carlos Slim, Amancio Ortega, Warren Buffet y Larry Elison, e incluye a seis argentinos: Paolo y Gianfelice Rocca, Carlos y Alejandro Bulgheroni, Eduardo Eurnekian, Gregorio Pérez Companc, María Inés Lafuente Lacroze y Alberto Roemmers. Entre todos suman una fortuna de u$s 6,4 billones, equivalentes al doble de las reservas de divisas de China o a unas 250 veces las reservas del Banco Central argentino. Concentran el 1,5% de toda la riqueza privada del mundo, y cada uno tiene en promedio u$s 3.890 millones. Esa es la fotografía.

En 1996 eran 400 que poseían 1 billón; en 2005 eran 700 dueños de 2,25 billones; y en sólo los dos últimos años la concentración se aceleró aún más: el número de super-ricos subió un 37% y su capital un 42%. ¡En dos años!”

Marcelo Zlotogwiazda (El Cronista 7/3/14)

Suena como injusto, diría muy injusto que esos volúmenes de riqueza se concentren de modo que su ganancia supere al crecimiento de la economía.

Pero también creo que se podría pensar de modo inverso. ¿Qué pasaría si no existiera ese nivel de capital o riqueza en el mundo? ¿Estaríamos mejor o peor?

Personalmente soy profesional. Vivo bien, pero soy incapaz de generar capital, no genero empleos de modo directo, si lo hago de modo indirecto cuando compro una heladera, un lavarropas, un auto o viajo, en una palabra cuando consumo y también cuando puedo tener capacidad de

ahorro, porque ese ahorro algún emprendedor o un “capitalista” de la elite de la que nos habla Sloto (me cuesta mucho escribir su apellido), los usará para producir, innovar, generar más fuentes de trabajo y ganar más dinero…y es por esas personas que todos nosotros podemos vivir mejor.

Creo que la mayoría de la humanidad es como uno, podemos ser inteligentes, podemos ser buenos profesionales o buenos trabajadores, podemos ganar un poco más o un poco menos, pero los que están dotados para “hacer negocios”, para generar riqueza son menos y de esos menos, hay algunos que triunfan y otros que se funden.

No es tarea fácil ser rico.

En mi ya larga historia profesional he visto grupos empresarios importantes con los que he trabajado que luego de haber triunfado se fundieron por los riesgos propios que tiene todo negocio, especialmente en la rama frigorífica y textil o innovadores como fueron los creadores del famoso “Winco” que luego terminaron en una quiebra virtual ya que la empresa fue liquidada por el entonces Banco Nacional de Desarrollo “BANADE”.

El caso de Austral en la época de Willy Reynal, pese a sus esfuerzos y el de su personal finalmente la coyuntura económica y una huelga en la fabrica Douglas que demoró casi un año la entrega de nuevos aviones, tiraron por la borda un esfuerzo de años y la empresa no quebró porque la tomó el estado que luego la reprivatizó

Los ejemplos podrían seguir.

El sentido común me dice que sin estos nombres lo más probable es que viviríamos en un mundo con más desocupación, más hambre y mucha mayor pobreza.

Hoy a los Bill Gates, Carlos Slim, Amancio Ortega, Warren Buffet y Larry Elison, y a los seis argentinos: Paolo y Gianfelice Rocca, Carlos y Alejandro Bulgheroni, Eduardo Eurnekian, Gregorio Pérez Companc, María Inés Lafuente Lacroze y Alberto Roemmers (que son los mencionados en la nota) y muchos otros que no conocemos o que no llegan a ese volumen de capital o que ya desaparecieron, son personas a las que mucho le debemos.

Esta forma de razonar de creer que el “capital” en el fondo es la causa de la pobreza y la desigualdad es muy perversa porque además ese “capital” no está enterrado como en la parábola de los talentos, sus dueños no son avaros que lo disfrutan en la mera contemplación, “ al siervo inútil echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes” que fue el que enterró el talento recibido y no lo supo hacer producir al que se le reprochó por no haber dado el dinero a los banqueros, ya que en ese caso “y al venir yo, hubiera recibido lo que es mío con los intereses”.

Ese capital concentrado es el que posibilita que los que no tienen dinero, personas e instituciones, puedan investigar, inventar y crear, y los que tienen habilidades e idoneidades puedan producir bienes y servicios.

Sin ir más lejos la gente antes se moría en cantidades por causa de epidemias hoy erradicadas, el capital es lo que posibilita que esas mejoras se multipliquen y que muchas personas puedan vivir en un nivel superior.

La expectativa de vida es mayor que hace cien años y eso no es un logro, me pregunto.

Hoy más gente tiene acceso a mayor cantidad de alimentos gracias a los frutos de ese capital “concentrado”, se podrá argüir que aun hay hambre en el mundo, pero vuelvo a la pregunta sin ese capital ¿no habría mucho más hambre?

La parábola de los talentos también pondera la inversión financiera, ya que es lo que permite que funcione el instituto del “crédito” en sus múltiples formas.

Eso no quita que quizás podrían existir sistemas fiscales que permitan una mejor distribución de la riqueza o si se quiere faciliten la creación de programas de ayuda a los sectores más pobres o necesitados, por ejemplo el modo en que está legislado el IVA hace que un indigente al comprar un alimento pague el mismo impuesto que Bill Gates o Pérez Companc.

Hoy es un valor entendido, aunque cueste mucho ponerlo en práctica, que la dignidad de toda persona no se discute o no se debería discutir, pero también es cierto que todos los seres humanos no somos iguales, tenemos distintas vocaciones, distintos sabores, distintas habilidades, distintos

placeres, distintas ambiciones, distintos “dones”, distintas caras ya que entre estos casi siete mil millones de seres que habitamos el planeta creo que es casi imposible encontrar dos personas exactamente iguales.

La desigualdad es una de las condiciones de la humanidad o mejor dicho, la desigualdad está en la esencia del ser humano, como que desde que existe el hombre, existe el bien y el mal, en una palabra los opuestos como lo es lo bello y lo feo, o los valores y los disvalores y es mi convicción que para saber vivir hay que saber relacionar los opuestos.

No reconocer esa desigualdad, es no saber qué es la vida.

Desde que el mundo es mundo, habrá ricos y pobres, habrá personas inteligentes y personas no inteligentes, habrá audaces y cobardes, habrá decentes e indecentes, habrá violentos y pacifistas, es así, es inevitable.

Los males creados por los hombres no son erradicables, siempre existirá el crimen, los accidentes y las injusticias.

Es consecuencia de la imperfección humana.

No hay peor falacia que decir “que nunca más vuelva a ocurrir”.

Me parece en conclusión que estos razonamientos sobre la concentración de la riqueza son sofismas que en un primer momento deslumbran y causan una tremenda sensación de injusticia y a muchos les puede despertar la épica de que es necesario salir a combatir al capital que sería el causante de que existan miles de personas que solo disponen de un dólar diario para vivir.

Pero si no fuera por el capital cuantos seriamos los que ni siquiera podríamos disponer de ese dólar mínimo.

Creo que habría que hacer el estudio inverso, que pasaría si no existiera ese nivel de concentración de riqueza, y de ese modo quizás podríamos apuntar a un mayor respeto de la dignidad de cada ser humano.

Como sería el mundo sin un Gates, sin un Slim sin un Pérez Companc…no creo que sería mejor….

Hoy la demagogia no solo es patrimonio de los políticos, también de muchos intelectuales o “sabios brutos” de Ortega, que lo único que logran es sembrar este descontento, este relativismo, en este mundo liquido que como dijo Discepolo da lo mismo ser una cosa que la otra.

Sin embargo esas mismas estadísticas nos dicen “Hoy la desigualdad es menos extrema: 60-70% para el decil de arriba; 20-30% para el 1% más rico; 5% para la mitad de abajo; y un 40% en el medio que posee entre el 20 y el 30%. Sin duda es menos extrema; pero igualmente inmensa”.

Y esta consecuencia ¿no es la resultante de un buen o mejor uso del “capital concentrado”’

Leamos y aprendamos esa impecable lección de la parábola de los talentos, Del santo Evangelio según san Mateo 25, 14-30