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lunes 2 de mayo de 2011

¿Esta vez, el fin justifica los medios?

Quienes se enfrenten en los próximos comicios serán, de ambos lados, grupos heterogéneos, amorfos y difíciles de encuadrar en una concepción política prolija. La puja actual es por los cargos, no por las ideologías ni las convicciones de índole partidaria o personal.

Parece mentira que a esta altura de las circunstancias debamos admitir que la única voz coherente que se ha escuchado en los últimos días, dentro de la dirigencia argentina, sea la de Hugo Moyano. Ninguna declaración ni discurso fue más claro. No es necesario siquiera hacer un análisis del acto que encabezó en la avenida 9 de Julio: “lo prometido es deuda”. Si querían una demostración de fuerza, ahí estuvo para todo público. Si querían saber qué buscaba el líder cegetista, se supo sin metáforas. El resto de los dirigentes y aspirantes a algún cargo dijo pero no dijo, o se desdijo o abusó de los eufemismos.

 

La movilización del pasado viernes sirvió, a su vez, para demostrar que Cristina Fernández de Kirchner tiene en claro hasta dónde puede llegar con sus veleidades de grandeza: ponerse en contra al jefe de camioneros implicaba un desafío del que no saldría ilesa. Aún así, no estaba decidida a enfrentarse a una multitud cuya conducta responde a intereses espurios y a la “gratuidad” del transporte, la vianda y la dádiva. Fue entonces cuando ordenó a sus funcionarios que asistieran al acto.

 

No es novedosa la actitud del avestruz en el comportamiento de la jefe de Estado. Pese a ello, no olvidó que para el último acto La Cámpora le sumó dos mil adherentes mientras los sindicatos de la mano de Moyano aportaron 11 mil. Lo cierto es que este último consiguió algo prácticamente inédito: la reunión del gabinete, prácticamente en pleno. De ese modo queda constatada la alianza entre el sindicalismo y el Ejecutivo, amén de que puedan aparecer obstáculos en el trayecto. Las causas judiciales contra el jeque de la CGT siguen en despachos en donde prima el poder del gobierno.

 

Quizás la gran diferencia en la relación de ambos radica en que el gremialista se sentía socio directo de Néstor Kirchner, mientras que actualmente hubo una suerte de puja por parte de la Presidente, intentando situarse en jefa de un pacto donde el trato se había establecido de igual a igual, más por conveniencia que por convicción presidencial.

 

En ese sentido, Cristina debió dar un paso atrás. Cuántos más esta dispuesta a dar es todavía un enigma que puede mantener gracias a la falta de certeza en su candidatura para continuar al frente del poder. Ella se halla donde más cómoda se siente: protagonizando la película.

 

Así, una fotografía del escenario político de estos días puede sintetizarse, en una de sus partes, en los deseos explícitos del jefe del sindicalismo: un oficialismo cercado por terceros que no responden sin embargo a la mentada oposición natural, es decir a aquella emanada de estructuras partidarias sino a “desprendimientos” de sí mismo. A pesar de las armas que aún están en poder de Balcarce 50, no cabe duda que le será más difícil a Cristina Kirchner lidiar con esta frontera más que con las alianzas que se tejen en la otra vereda.

 

Allí, en la otra parte, el rompecabezas parece querer encauzarse: Ricardo Alfonsín anda en estas horas como chico con juguete nuevo, una herencia insólita que lo situó en el medio de la escena y le da chance al radicalismo de pensar en un nuevo cuarto de hora. Ahora bien, descifrar si es este radicalismo similar a aquel de 1983 no es sencillo.

 

Posiblemente ni el mismísimo “Ricardito” tenga certeza en la respuesta. Lo cierto es que su padre ha pactado con un sinfín de políticos ajenos a sus huestes cuando fue necesario, razón por la cual no parecen suficientes las excusas del heredero para no aliarse con personajes capaces de aportar aunque más fuese un caudal paupérrimo de votos a la hora de llegar a un balotaje. La premisa por excelencia es la suma de las partes.

 

Nadie está dispuesto a aceptar explícitamente que aquello que surja de este experimento sea una bolsa de gatos asustados tratando de evitar un nuevo período presidencial, pero la diferencia no es tampoco sustancial: ¿qué queda de homogéneo en el kirchnerismo actual? Y de suponer no más que Cristina Kirchner no acepte, ¿a dónde iría a parar esa fuerza que pretendió ser transversal?

 

Se está frente al destino mismo del engranaje político creado por su marido. Si este dato pesará más que la objetividad y la conciencia de lo que viene, sólo la Presidente puede definirlo, y lo hará el último día apto para ese designio. Cuando Carlos Menem dejó el poder, el menemismo se deshizo, debe pensar en el frío silencio de El Calafate…

 

Resistir parece ser la clave. Lo han hecho durante 8 años, ¿por qué no intentarlo apenas 6 meses más? Hay tantos eventos de magnitud e imponderables para distraer la atención como una semana de “vacaciones” cuando deban darse las elecciones primarias cuyo sentido se deshizo como en el 2001 la Alianza.

 

Quienes se enfrenten en los próximos comicios serán, de ambos lados, grupos heterogéneos, amorfos y difíciles de encuadrar en una concepción política prolija. La puja actual es por los cargos, no por las ideologías ni las convicciones de índole partidaria o personal. Pretender imaginar siquiera el funcionamiento de ese motor con partes tan disímiles en su interior es una utopía. Se trata, sin embargo de salir de la perversión, y en ese trance parece que cualquier intento es potable.

 

Hay veces que un abismo separa las diferentes realidades aunque ambas sean palpables. Querer saber cómo funcionaría una alianza o coalición de radicales, peronistas disidentes o federales, socialistas y macristas es cómo intentar que en la Argentina se comprenda el protocolo de la Boda Real inglesa sin caer en críticas banales y superficiales. Jamás entenderemos la idiosincrasia sajona. Jamás podrían los ingleses, a su vez, entender que la conmemoración del 1ro. de Mayo tenga por escenario un acto como el que ha tenido lugar en pleno centro de la ciudad 48 horas antes de la mencionada festividad. O que un comicio, de repente, justifique los medios para alcanzar los fines.

 

Lo que es inevitable es observar como sobresalen las diferencias entre la civilización y la barbarie…