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Jueves 19 de agosto de 2004

Ganas de trabajar

El Diario Río Negro postula en este editorial que el fenómeno piquetero se ha convertido en una ocupación de tiempo completo, que no deja lugar a los seguidores del movimiento para otra cosa que no sea manifestarse y protestar. Según el medio, en lugar de ayudarlos a capacitarse para poder reinsertarse con éxito en el mercado laboral, los líderes piqueteros se aprovechan de los desamparados en beneficio propio.

Se equivocaba el ministro del Interior, Aníbal Fernández, cuando acusó al piquetero “duro” Raúl Castells de ser un vago sin ganas de trabajar. El problema no es que Castells no haga nada, es que lo que el militante hiperactivo hace con un vigor que en otras circunstancias sería digno de elogio no contribuye en absoluto a posibilitar la creación de más fuentes de trabajo. Por el contrario, al ayudar a difundir por el mundo entero la impresión de que la Argentina es un país sin ley en el que cualquier forajido que dice ser un “luchador social” pueda irrumpir con impunidad en las sedes de empresas multinacionales, intimidar a ciudadanos honestos en las calles de la capital o extorsionar como un capo mafioso a los dueños de casinos, Castells ya ha hecho un aporte muy significante a la desocupación que, desde luego, no podrá reducirse sin las inversiones que está claramente resuelto a mantener a raya.

Otro aporte al desempleo no sólo de Castells sino de otros caciques piqueteros, además de aquellos políticos que por los motivos que fueran los subsidian entregándoles fondos públicos para repartir entre sus seguidores, consiste en que se las han arreglado para hacer de la protesta una ocupación de tiempo completo. De haber sido cuestión de manifestaciones callejeras esporádicas, las consecuencias para los participantes no habrían sido demasiado graves, pero sucede que muchos ya se han convertido en piqueteros profesionales. Por razones comprensibles, a pocos empresarios les tentaría la idea de contratar a un individuo cuya experiencia laboral se ha limitado a cortar rutas, participar, encapuchado y con un garrote en la mano, en movilizaciones violentas y gritar consignas contra el capitalismo. Por lo tanto, aun cuando a pesar del temor de los inversionistas y las dudas de los empresarios la tasa de desocupación comenzara a bajar con rapidez, sería de prever que los piqueteros no se estarían entre los primeros en encontrar trabajo. No sería una cuestión de prejuicios políticos o de persecución, sino de sentido común.

El truculento fenómeno piquetero no es sino un síntoma de uno de los problemas principales del país. Debido a más de una década de desocupación masiva, de marginación social y de deterioro educativo, además de la evolución de la economía tanto en nuestro país como en el resto del mundo, una proporción creciente de la población está volviéndose casi imposible de emplear por carecer de la preparación más rudimentaria y de cierta familiaridad con la disciplina laboral. Aún más que en otros países que ya se han habituado a la desocupación estructural como España, Italia, Francia y Alemania, aquí la ruptura supuesta por la eliminación de grandes cantidades de empleos poco exigentes ha tenido efectos sumamente desmoralizadores que marcarán de por vida a millones de personas. Sin embargo, mientras que en las naciones más prósperas de Europa el Estado cuenta con los recursos necesarios para permitirse continuar subsidiando a los muchos que se han formado en lo que podría denominarse una cultura del no trabajo, porque ningún pariente o amigo desempeño nunca una función remunerada estable, en nuestro país su destino dependerá en buena medida de su capacidad para vincularse con políticos clientelistas.

Si personajes como Castells, D’Elía y otros tuvieran algún interés en el futuro de los desocupados, estarían reclamando dinero para abrir escuelas o talleres en los que podrían prepararse para su eventual reinserción en el mercado laboral. De más está decir que no es su intención emular a los dirigentes socialistas de hace más de un siglo, que entendían muy bien que la mejor forma de ayudar a un pobre consistía en enseñarle algo útil. Lejos de reconocer que para encontrar un empleo el primer requisito es ser empleable, quieren que los empresarios teman a los desocupados porque sólo así continuarán asegurándose tanto un ingreso significante como un grado notable de protagonismo. Como tantos políticos, lo único que aspiran hacer es aprovechar en su propio interés el desamparo de los rezagados, empresa ésta en la que los dirigentes más notorios, empezando con Castells, han tenido mucho éxito a costa de quienes conforman la carne de cañón para su cruzada insensata contra la realidad económica imperante.
© www.economiaparatodos.com.ar



El artículo fue publicado por el Diario Río Negro, en su sección Editorial, el miércoles 18 de agosto de 2004 (www.rionegro.com.ar).




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