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jueves 23 de julio de 2009

La confusión va más allá de los modales

Las actidudes del kirchnerismo agotaron a la gente sana y bien educada, pero la Argentina no se arregla sólo con un cambio de forma de ser del Gobierno: hace falta más.

La lógica tiene la malísima costumbre de ser inexorable. Es inútil, no da respiro. Y la lógica indica que cuando uno equivoca el diagnóstico, equivoca también el tratamiento. Cuando uno cree que tiene el problema “A” y aplica soluciones “A”, irá a una vía muerta si el problema no era “A” sino “B”.

Y la Argentina -por una enorme malformación entre ideológica, tilinga, fashion y desactualizada- cree que tiene un problema con la “distribución de la riqueza”. En otras palabras, cree que el país genera riqueza suficiente pero por una mezcla de injusticia social, oligarquías y maldades diversas, reparte mal esa torta y condena (casi a propósito) a un conjunto de inocentes a la indigencia y la pobreza miserable, mientras encumbra a un grupo reducido a una riqueza obscena.

Esto constituye un fenomenal error. Lo que sí es cierto es que el camino elegido por la Argentina va dirigiendo al país a una división entre una mayoría pobre y una minoría rica. Pero a ese resultado no se llegó por un problema en la “distribución” sino precisamente porque el verso “distribuidor” triunfó en el país y entronizó en el poder a un conjunto de “distribuidores” que se volvieron millonarios “distribuyendo” mientras el pueblo se empobreció.

Pero la división entre ricos y pobres a la que se refiere la “teoría distribucionista” claramente no es esa. Es obvio que no iban a acusarse a sí mismos. La división entre ricos y pobres en la que creen los “distribucionistas” es que por una enorme injusticia económica unos se llevan todo y otros no se llevan nada, pero que, no obstante, el país produce una enorme riqueza.

La Argentina en realidad produce un número de PBI paupérrimo. Trescientos mil millones de dólares para un país como este, de 40 millones de habitantes, es una calamidad, un producto patético. Ese es el verdadero problema

. Y esa es la consecuencia de la falta de inversiones y de la fuga de dinero, que son las dos caras de una misma medalla. El dinero no llega y el que hay se va, porque el país no da confianza. Y no da confianza porque creyendo que tiene un problema de “distribución” de la riqueza toma medidas que desalientan su “generación”.

En efecto, las medidas tendientes a mejorar la “distribución” son, en principio, contrarias a la “generación” (desde el punto de vista impositivo, de movimientos de capitales, de tratamiento a las inversiones, del derecho del trabajo, de las regulaciones financieras, entre otras).

Cuando una sociedad por la vía de estimular la “generación” ha generado suficiente producto, puede corregir efectos nocivos en la distribución porque la maquinaria de generación de riqueza ya está en marcha. Pero cuando un país con un producto bajísimo y con una productividad ubicada directamente en niveles de tristeza, aplica más medidas “distributivas”, la pobreza aumenta y los “distribuidores” tienen más oportunidades para la demagogia y para seguir llenándose de oro.

Para ellos es un negocio redondo: verso social + captación de voluntades + manejo monopólico de los recursos del Estado = riqueza para sí mismos.

Mientras este círculo vicioso no se rompa en la Argentina, el país seguirá el rumbo que trae y el horizonte podrá adivinarse mirando al pasado.

Y ésta es la verdadera duda que surge a la hora de preguntarse si el descomunal fracaso argentino tiene arreglo. Hoy la sociedad tiene un gran acuerdo a la hora de rechazar las formas de los Kirchner. Los modales del kirchnerismo han agotado tanto a la gente sana y bien educada que parte de la sociedad cree estar unida por ese solo hecho. Y ha sido tanta la “urañez”, el pendencierismo, la confrontación y la pelea inútil que no es una mala causa para estar unidos. Pero los problemas del país no se van a arreglar solo con buenos modales.

Los buenos modales siempre ayudan porque predisponen bien, liman aristas filosas y hacen que la gente hable como lo que son: personas y no como animales. Pero desgraciadamente no tienen un efecto mágico.

¿Qué ocurrirá entonces cuando lo que haya que discutir sean las medidas concretas para salir del lugar al que nos llevaron? Porque esas medidas son de índole económica y es allí en donde resta saber si la sociedad ha llegado a ciertos convencimientos que le permitan de una vez por todas aplicar un conjunto de ideas y principios que la empiecen a sacar de la miseria y la postración.

¿Qué pasará cuando se deba salir del aislamiento internacional y se tengan que tender puentes con los países que nos irritan?

¿Qué pasará cuando se deba salir del estatismo y se deba devolver al sector privado la responsabilidad de ser el motor del progreso?, ¿estarán los bieneducados Carrió, Cobos, Binner, Morales o el mismísimo De Narváez de acuerdo con eso?

¿Qué pasará cuando se deba devolver a las provincias autonomía tributaria para unificar los conceptos de “gasto” y “recaudación” bajo el imperio del principio “el que gasta recauda”?, ¿estarán los gobernadores de acuerdo con eso?, ¿o preferirán seguir confundiendo a la gente haciéndole creer que el federalismo consiste en que unas provincias subsidien a otras a través de la intervención del gobierno federal?

¿Qué pasará cuando se deba liberar el comercio y la industria? ¿Estarán los empresarios de acuerdo con eso?

¿Qué pasará cuando se deba reestructurar el sistema impositivo para que deje de castigar el trabajo y la inversión? ¿Van a estar los sindicalistas de acuerdo con eso?

En fin, son muchos los aspectos que han producido la decadencia argentina. El fascismo ha calado hondo en la sociedad y hoy muchas de sus reacciones espontáneas son reacciones fascistas aunque no lo reconozcamos. Por eso que gran parte del país se haya rebelado contra el improperio, la intolerancia, la violencia verbal (y no tan verbal) constituye un avance enorme.

Pero eso no es todo. La sociedad debe dejar atrás una serie de atavismos ideológicos tan antiguos como irreales y debe estar de acuerdo en tomar un camino que ha probado ser eficiente a la hora de producir desarrollo para todos. © www.economiaparatodos.com.ar

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