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Viernes 14 de noviembre de 2014

La corrupción se hereda

La corrupción se hereda

La corrupción es una enfermedad letal, peligrosamente desdeñada por los jueces y fiscales encargados de investigar y condenarla; quizás porque piensan como argentinos que sospechan del gobierno pero toleran a los corruptos consintiendo sus prácticas como muestra de astucia.

 

ENCUESTAS INCORRECTAS

 

Con frecuencia, los encuestadores de opinión colocan la corrupción junto con temas como la inflación, la inseguridad y el desempleo, para que los entrevistados elijan cuál es más o menos nocivo, igual que en las apuestas deportivas.

Fatal error de banalización…

En todo el mundo, las calamidades se corrigen con medidas adecuadas y decisiones precisas, técnicamente bien diseñadas y conducidas por dirigentes honestos. Pero la corrupción no puede curarse de este modo, porque anida en el corazón de las personas y su persistencia se produce en lo íntimo de la conciencia. De allí provienen las malas intenciones y las perversiones del soborno, la avaricia, el narcotráfico, la hipocresía, la mentira, la injuria, el desatino, la improvisación y la sed de venganza. Y pareciera que éstas, sean hoy las cualidades dominantes en la política.

 

LA CORRUPCIÓN ENGENDRA DECADENCIA.

 

La corrupción adormece el estado de alerta de los ciudadanos y lleva al país a una situación tal que no se sabe si el pueblo consiente la corrupción porque espera beneficiarse o si por comodidad, se somete dócilmente a vivir en la ignominia. En todo caso al tolerar la corrupción abandonamos la vida en una sociedad libre para penetrar en las tinieblas de una sociedad servil.

Esto nos obliga a discernir si en Argentina tenemos una Sociedad sana con algunos políticos corruptos o una Sociedad corrupta con unos pocos políticos decentes.

El dilema llevó a Manfred Schönfeld, un gran periodista argentino fallecido, a escribir uno de sus más luminosos artículos al comprobar que los gobernantes no se hacen cargo de los desaparecidos. Y al mismo tiempo heredan gustosamente los chanchullos de gobiernos anteriores para utilizarlos en su provecho.

En el plano histórico, las investigaciones de Carlos M. Cipolla (1922-2000) en la Universidad de Pavía, demuestran que la decadencia de las naciones y el fracaso de los gobiernos se produce por la corrupción enquistada en el poder, tolerada por los jueces, con impuestos desorbitados y acompañada por la inflación galopante.

 

PORQUÉ Y CÓMO SE ORIGINA

 

Es imposible combatir la corrupción sin conocer cómo se origina y comprender sus resultados. Para explicarlo es ilustrativa una ingeniosa clasificación del gasto que hiciera el premio Nobel Milton Friedman (1912-2006) en su libro “Libertad de elegir”.

Dice Friedman que cuando una persona hace un gasto o tiene que pagar algo puede usar su propio dinero o la plata ajena. Pero, además puede gastarlo en sí mismo o para beneficiar a terceros. En estos casos, los terceros pueden ser personas de su amistad o individuos desconocidos. Combinando tales alternativas confeccionó estos previsibles comportamientos:

 

1º La persona gasta dinero del sueldo en su propio beneficio, por ejemplo cuando hace compras en el supermercado. Entonces AHORRA es decir que compara precios del mismo artículo en distintas marcas y gasta lo mínimo posible teniendo en cuenta la calidad y cantidad de los productos que compra.

2ª Esa misma persona, gasta su dinero para agasajar a un amigo, por agradecimiento o con motivo de una festividad. Entonces ECONOMIZA es decir que trata de comprar lo que agrade al tercero con el dinero disponible. Pero si por falta de tiempo o de oferta no consigue el regalo adecuado, le entrega directamente un sobre con dinero, con lo cual lo habilita a decidir con el anterior criterio.

3º Si tal persona recibe viáticos del gobierno o está autorizada a consumir una suma de dinero de su empleador, entonces DERROCHA es decir que malgasta sin restringirse ni moderarse; porque no tiene incentivos para ahorrar ni economizar, sino para disfrutar de una francachela o de un buen momento.

4º Finalmente si dicha persona es funcionario público y tiene facultades legales para adjudicar una licitación amañada o para distribuir pródigos subsidios a individuos que no conoce, sufre la irresistible tentación de CHORICEAR es decir de quedarse con parte del dinero que debe repartir.

 

En este último caso, su propia conciencia le justifica coimear, porque quienes ganan una licitación “arreglada” o reciben el dinero de “la repartija” no tienen mérito alguno y son meros arribistas o privilegiados. Otras veces el funcionario siente un íntimo reproche porque no aprovecha la plata dulce que debe entregar a terceros. En todos los casos decide con el criterio de que “la caridad bien entendida, empieza por casa”. Así la corrupción se instala en su conciencia y su reiteración le encallece los reflejos morales porque es “la ocasión la que hace al ladrón”.

 

TERMINAR CON EL SOBREPRECIO.

 

En cuanto al procedimiento de contrataciones del Estado, tanto en compras de insumos como licitaciones de obras públicas, las coimas y los sobreprecios con retornos, generadores de corrupción, pueden eliminarse reemplazando el método licitatorio por un procedimiento de subasta.

Se aplica con singular éxito en Alemania y consiste en subastar la obra pública pagando “llave en mano” es decir después de terminados y aprobados los trabajos licitados. El sistema alemán denominado “de abono total del precio”, obliga a la imputación contable del gasto público, fraccionado durante los años en que se prolongue la ejecución del proyecto, aunque el desembolso sólo se hace en el momento en el que el Estado licitante recibe la obra acabada.

El financiamiento estatal debe cumplir inexorablemente estas condiciones:

(a) para no malgastar dinero público, el rendimiento futuro de la obra a licitar tiene que ser superior al costo financiero;

(b) para justificar su correcta evaluación, en el cómputo de rendimientos futuros, no pueden incluirse criterios políticos ni sociológicos;

(c) para evitar que la obra se sobre pague después de su obsolescencia, el período de recuperación de la inversión tiene que ser inferior a su vida útil;

(d) para impedir el sobreprecio a favor de funcionarios, el costo del proyecto debe ser equivalente a obras de idéntica calidad estructural, realizadas en países comparables.

(e) para garantizar transparencia, todo funcionario que administre subsidios o adjudique licitaciones debe demostrar que no se ha quedado con nada ni recibido importes de favor.

IMPEDIR LA TENTACIÓN DEL DINERO.

Si el pueblo argentino desea acabar con la corrupción política, una importante medida sería limitar el tiempo de los mandatos para acabar con la figura del “vividor o profesional de la política”.

Desde luego que así como se reforman códigos a rolete, habrá que sancionar una ley que limite la permanencia en los cargos de la presidente, sus familiares y ministros. Pero también de los poderes ejecutivos provinciales y de grandes municipios. Y el de diputados, senadores o concejales. E incluso hacer incompatible la rotación de un cargo a otro, es decir la del “político valetodo” que pasa por distintos puestos sin saber nada específico de ninguno.

El poder absoluto corrompe absolutamente decía Lord Acton, pero el poder permanente corrompe para siempre jamás. Por otro lado, ¿qué puede hacer en diez años de mandato que no pueda hacerse en cinco?

Con la limitación de todo tipo de mandatos no sólo se consigue evitar la corrupción sino que la clase política recupere su vocación de servicio al bien común y no la de servirse de los ciudadanos comunes.

Medidas de este tipo mejorarían sustancialmente los “fundamentos” de nuestra macroeconomía.