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jueves 2 de agosto de 2007

La disyuntiva de Macri

Antes de decidir si renuncia a la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y se postula como candidato a presidente, el líder del PRO debería analizar si están en juego los pilares republicanos de la Nación o sólo un modelo económico.

El éxito de Mauricio Macri en la elección de Capital Federal, empieza a mostrar sus costados espinosos. Al día de hoy es más probable que el gobierno nacional incumpla su palabra respecto del traspaso de la policía a que honre lo que se comprometió con el jefe de gobierno electo a los pocos días de su victoria. Las caras de los dos Fernández en aquella reunión con el Presidente preanunciaban una trastada como ésta. Hoy ya pocos dudan del engaño. Escondidos detrás de argumentos que parecen sacados de los tiempos de la Confederación Argentina en donde los diputados del interior “niegan” que fondos de sus provincias sean pasados a las manos de un administrador porteño, el gobierno de Kirchner comenzó a atar las manos de Macri respecto de sus principales promesas: la seguridad, el orden público, los transportes y el puerto.

Los diputados del interior han tenido un súbito arranque chauvinista cuando en realidad, la mayor parte del tiempo, les cae bárbaro que sus provincias sean tratadas como “pobrecitas” a las que hay repartirles recursos federales porque de lo contrario no podrían subsistir. En ese momento ningún orgullo del interior parece lastimado: es preferible que se piense que las provincias son pobres y necesitan ayuda a tener que trabajar responsablemente para que cada una sea verdaderamente autónoma.

Sea como fuere, el gobierno nacional ha decidido hacerle la vida imposible al presidente de Boca. De este modo sus posibilidades de gestionar bien la ciudad se lastiman seriamente. Con una administración local intrascendente o sin una diferencia clara sobre sus antecesores, Macri llegará al 2011 siendo uno más de los tantos que tuvo la oportunidad y la perdió. Nadie discernirá en ese momento si fue por impericia propia o porque no lo dejaron; solo se verá el resultado, mediocre, como todos.

Basados en estas argumentaciones algunos allegados le han recomendado lanzarse a la presidencia el 28 de octubre y dejar a Gabriela Michetti al frente de la ciudad. Apoyados en mediciones de imagen que colocan al jefe electo entreverado entre el presidente, Cristina Kirchner y Daniel Scioli, le sugieren que, para no poder gobernar como se debe la ciudad, “es mejor ir por todo”.

Su aliado natural Ricardo López Murphy no despega en las encuestas como si la gente aún le cobrara su indecisión de 2003 cuando luego de una gran elección presidencial, equivocó la jugada en la Capital con Patricia Bullrich. Tampoco parecería acertado dejar pasar el 28 de octubre como un espectador prescindente al que no le interesa lo que ocurre a nivel nacional. Me consta que Macri se enojó cuando alguien de su confianza sugirió invertir la jugada y colocar a Gabriela Michetti como candidata a presidente, con su bendición. El jefe electo en persona le pidió que no deslizara más esa opción públicamente.

Un elemento de decisión que podría ser útil a Macri podría ser preguntarse qué es lo que hay en juego en octubre. ¿Va la Argentina hacia el chavismo?, ¿nos dirigimos realmente a un régimen de servidumbre en el que las libertades básicas del individuo estén en peligro?, ¿vamos hacia un estatismo furioso, una libertad de expresión truncada, hacia expropiaciones a lo Evo?. Si todas estas preguntas merecieran una respuesta afirmativa, entonces no hay dudas que todo lo que pueda hacerse para evitar ese peligro es poco. Ni la palabra dada a los ciudadanos de Buenos Aires, ni las sutilezas electorales, deberían ser obstáculos para que Macri se presentara si esa fuera la mejor opción para enfrentar el peligro.

Pero si la duda fuera solo económica, es decir, si estamos frente a un sistema equivocado que dirige al país a la pobreza y la miseria (respecto de lo cual, obviamente, la gente informada y con acceso al mundo no tiene la menor duda) entonces lo ideal sería que –a un costo altísimo, claro- la gente terminara por comprobar que este esquema económico fracasó en el mundo, que no mejora el nivel de vida de los pobres y que aumenta el poder de una casta de jerarcas que viven de la insidia y del clientelismo, para que nunca más esta historia de mentiras de pocos para el mal de muchos tenga oportunidades de gobernar la Argentina. En esa oportunidad sí, (como fue el caso del hartazgo de los porteños con diez años de mentiras “progresistas”) sería el momento de una oferta y, sobre todo, de una esperanza nueva.

Hoy las señales para responder a esta disyuntiva son poco claras. CFK ha dado muestras de un importante desapego institucional, aún cuando, paradójicamente, se presenta como la candidata que viene a “institucionalizar” lo aluvional de su marido. No le tembló el pulso para decir lo contrario de lo que decía con Menem y De la Rúa respecto de los Decretos de Necesidad y Urgencia, de la composición del Consejo de la Magistratura y de la Unidad de Control Financiero. Donde decía “blanco” dijo “negro” con la naturalidad de quien se cambia de camisa. El gobierno en general ha tenido manejos como mínimos desprolijos con la prensa y con la administración de los recursos publicitarios para los medios. ¿Autoriza esto a decir que, con más poder, abrirán las canillas del chavismo? Es una incógnita que Macri deberá agregar a su duro aprendizaje de la política. © www.economiaparatodos.com.ar

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