La inflación no es un problema de precios relativos
Es incorrecto atribuir la inflación al “acomodamiento de precios relativos”
La semana pasa se dio a conocer el IPC de febrero que marcó otro 2,9%, mostrando una inflación que no cede desde hace nueve meses.
El ministro Caputo, al analizar el IPC de febrero, afirmó que “la economía argentina todavía se encuentra en un proceso de corrección de precios relativos, tras más de dos décadas de acumular distorsiones que generaron estancamiento del nivel de actividad y el empleo y una tendencia inflacionaria creciente”
Coincido con ese párrafo, pero no para explicar la causa de la inflación.
En economía, los precios relativos es la relación entre el precio de un bien o servicio en términos del precio de otro bien o servicio.
Ejemplo, cuántos kilos de carne hay que entregar a cambio de un kilo de trigo.
Por ejemplo, el kilo de carne vacuna tiene un precio de $ 10.000 y el kilo de pan un precio de $ 2.000. El precio relativo es 5. Tengo que entregar 5 kilos de trigo para intercambiarlos por un kilo de carne vacuna.
Ahora supongamos que el kilo de carne vacuna tiene un precio de $ 12.000 y el kilo de pan de $ 3.000. El precio relativo es que tengo que entregar 4 kilos de pan para tener un kilo de carne vacuna.
Entonces, los precios relativos son simplemente la relación entre el precio de un bien respecto de otro bien.
Pero una cosa es un cambio en precios relativos y otra muy distinta es inflación que es cuando todos los precios suben al mismo tiempo dado que la oferta monetaria supera la demanda de moneda. En ese caso no estamos ante un cambio en los precios relativos solamente, estamos frente a un problema inflacionario, donde también cambian los precios relativos.
Es que en los procesos inflacionarios también cambian los precios relativos porque unos precios suben más rápido que otros.
Supongamos que el Estado construye varios puentes y financia esas construcciones con emisión monetaria. Esa emisión va primero a la demanda de los insumos para la construcción de puentes, de manera que, inicialmente, sube el precio del cemento, del hierro y demás insumos correspondientes. Luego, esos pesos adicionales irán circulando en el mercado y subirán otros bienes.
Pero siempre que hay emisión para financiar el gasto público, si no aumenta la demanda de moneda, hay cambio de precios relativos e inflación.
Por eso, hay que tener en claro que inflación es la emisión de moneda más allá de lo que demanda el mercado y cambio de precios relativos es como cambian los precios de un bien respecto a otro bien, lo cual, no necesariamente genera inflación.
Supongamos que el gobierno no está emitiendo más moneda y que la demanda de moneda es estable. No cae ni aumenta. Entonces, si suben las tarifas de los servicios públicos, la gente va a tener menos dinero para destinar a la compra de otros bienes (alimentos, ropa, esparcimiento, etc.) y, en consecuencia, la menor demanda hace caer los precios de esos bienes y, por lo tanto, el nivel general de precios se mantiene constante. Unos precios subieron (tarifas de los servicios públicos) y otros bajaron (alimentos, ropa, etc.)
En otras palabras, un cambio de precios relativos puede provocar un ajuste puntual en el índice de precios, pero no puede explicar una inflación persistente. Para que todos los precios de la economía sigan subiendo mes tras mes tiene que existir otro factor detrás.
Por eso es incorrecto atribuir la inflación al “acomodamiento de precios relativos”. Ese argumento invierte la relación causa-efecto. Los cambios de precios relativos pueden alterar temporalmente el índice de precios, pero no generan inflación por sí mismos.
Cuando la inflación persiste durante meses o años, la explicación debe buscarse en la política monetaria. Mientras exista un exceso de dinero respecto de la demanda de dinero de la economía, los precios seguirán subiendo.
En síntesis, los precios relativos pueden cambiar en cualquier economía. Lo que distingue a un país inflacionario de uno estable es si el gobierno controla o no la expansión del dinero. Pretender explicar la inflación con el reacomodamiento de precios relativos no sólo es conceptualmente incorrecto: también desvía la atención del verdadero problema.
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