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EPT | October 3, 2022

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Jueves 4 de noviembre de 2004

“La moral del mercado”, de Harold B. Acton

Realizado por encargo del Institute of Foreign Affaire, Acton analiza en este ensayo los aspectos éticos de la economía de mercado y refuta las críticas que se le formulan al capitalismo, que en múltiples oportunidades es responsabilizado de casi todas las calamidades que sufre el hombre.

Uno de los aspectos que más se ha criticado de la economía de mercado es el beneficio. Normalmente se acepta que los salarios sean altos –es más, cuanto más altos mejor–, pero no se adopta el mismo criterio para el beneficio empresarial. El resultado de esta condena y el consecuente ataque a la utilidad empresarial ha sido la caída de la inversión, la lógica disminución de la productividad y la inevitable reducción de los salarios reales.

El profesor Harold B. Acton rescata en esta obra la moralidad de la ganancia y los beneficios que de ella se derivan para el resto de la sociedad.

A lo largo de La moral del mercado (editada por Unión Editorial, Madrid, 1978) se puede encontrar, entonces, un análisis no sólo de la conveniencia del capitalismo como sistema económico generador de riqueza, sino, lo que es más importante, los fundamentos morales sobre los cuales se basa la economía liberal.

Transcribimos, a continuación, un fragmento del ensayo:

“No todos los males de las sociedades capitalistas se deben a la búsqueda y obtención de beneficios. A veces se deben más a un fallo en la educación moral, a deficiencia en el espíritu público y en la moral individual que a la forma en que están organizadas las actividades económicas.

“Carece totalmente de fundamento la afirmación según la cual todos los males de la sociedad organizada de acuerdo a la competencia y la motivación del beneficio se deben total o parcialmente a las actividades económicas. Más en lo cierto está Hayek cuando afirma que en un sistema competitivo los malos pueden hacer menos daño.

“Quienes participan en el mercado competitivo no tienen por qué perseguir conscientemente el bien común ni ejercitar la caridad individual. La devoción, amistad, el espíritu de sacrificio, se basan en otras circunstancias de la vida humana, es decir, en la relación personal y en los vínculos familiares. En el intercambio de bienes y servicios esperamos que haya honestidad y diligencia, y tal vez sobriedad, pero lo mismo que quienes participan en una competición deportiva se proponen ganar a los demás participantes y atribuyen a éstos las mismas intenciones, así también quienes participan en un mercado competitivo, desde las grandes empresas a las personas individuales, tratan de actuar de tal forma que su acción resulte lo más beneficiosa para sus intereses.

“Los colectivistas piensan que la competencia es una situación de contienda, discordia, antagonismo e indecorosa rivalidad, por lo que debe condenarse moralmente. Es preciso, sin embargo, distinguir entre diversos tipos de competencia. Por ejemplo, competir por un precio no significa necesariamente competir contra otro, sino sólo por el precio. Quienes compiten en la industria y el comercio se encuentran a menudo en esta situación de no-antagonismo recíproco.

“Los planificadores del bienestar quieren forzar a todos a que se integren; pero en semejante comunidad de amigos forzosos seguiría habiendo competencia tanto para obtener mejores servicios como ciertas ventajas especiales. Es un terreno abonado para intrigantes, picapleitos y charlatanes.

“Una economía centralmente planificada tiene a monopolizar las ideas o acabar con ellas, mientras que en una sociedad en la que prevalece el mercado competitivo no sólo es libre el comercio, sino que también lo son las ideas y los hombres.” © www.economiaparatodos.com.ar




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