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Lunes 8 de mayo de 2006

La política del día a día

La estrategia del gobierno no tiene en cuenta el largo plazo sino que se limita a tapar baches cada vez que se producen. El resultado es que los problemas no se resuelven, sólo se posterga su solución. Así, los asuntos pendientes comienzan a acumularse y generan una presión contenida que puede estallar en cualquier momento.

Todos sabemos que el presidente Kirchner no es afecto a adoptar políticas de largo plazo. Su estrategia se limita al día a día. Va encarando los problemas que le surgen de acuerdo a lo que le parece más oportuno en cada momento y sin evaluar las consecuencias de largo plazo. Dos ejemplos son muy ilustrativos al respecto.

En el tema carnes, Kirchner tiene por objetivo que el precio de este producto no haga subir el Índice de Precios al Consumidor (IPC). Prohibir las exportaciones de carne vacuna no constituye para él una estrategia de largo plazo, con esta medida sólo busca que el IPC no suba hasta niveles que lo compliquen políticamente. Tanto es así que, “superado” el problema de la carne, le surgió el problema de la indumentaria que le tira para arriba la tasa de inflación. ¿Qué hizo? Reunió a los empresarios textiles y les dijo que, si no bajaban los precios, abría la importación. Nuevamente, la apertura de la economía no es para Kirchner una estrategia de política económica, en todo caso está dispuesto a utilizarla como mecanismo antiinflacionario. Es interesante observar cómo ante el problema de la inflación Kirchner puede llegar a adoptar medidas tan opuestas como prohibir la exportación y bajar los aranceles. Es decir, por un lado nos aísla del mundo y, por el otro, quiere importar más ropa. Alguien podría definir este comportamiento como pragmático. Desde mi punto de vista, yo lo llamaría incertidumbre sobre las reglas de juego.

El otro ejemplo que refleja la política del día a día es el de la energía. El gobierno decidió que la inseguridad jurídica y los controles de precios eran el camino más adecuado para que no subiera el gas. ¿Cuál era la vía de escape ante problemas de abastecimiento interno? Comprarle gas a Bolivia construyendo un gasoducto desde ese país para importar gas y mantener abastecido el mercado interno.

Pero su política del día a día lo llevó a toparse con un problema inesperado. Esto es, que el socialista Evo Morales, que desprecia el capitalismo salvaje, optó por aumentar el precio del gas que les vende a los hermanos argentinos. Dicho en otras palabras, el anticapitalista Evo decidió aplicar el precio que tiene el gas en el mercado internacional que responde al capitalismo salvaje. Claro que nadie sabe de dónde va a sacar Evo los recursos necesarios para producir gas, porque una cosa es decir que el gas es de ellos y otra muy distinta es tener capacidad financiera para explotarlo. La cuestión es que el próximo tema que tendrá que resolver Kirchner sobre el gas es averiguar si, una vez hecho el gasoducto (que ya tendría que estar terminado), habrá gas en Bolivia para ser transportado. Y si no lo hay, tendrá que imaginar de qué manera va a generar energía en la Argentina, porque si piensa importar fuel oil desde Venezuela, además de contaminar más, el hermano Chávez también se lo va a vender al vil precio de mercado.

Cuando uno ve el rumbo que va tomando la economía, descubre que esta política del día a día no significa otra cosa que posponer las soluciones. Kirchner no resuelve los problemas, los patea para adelante creyendo que en el futuro, por alguna razón mágica, se van a resolver solos por el mero transcurso del tiempo. Sin embargo, el paso del tiempo agrava los problemas. Si no fuera así, no tendría que haber salido corriendo para Misiones a reunirse con Morales, Chávez y Lula para tratar de apagar un incendio que se le viene encima, relanzando el ridículo PURE (Plan de Uso Racional de la Energía) para intentar dilatar nuevamente los problemas energéticos.

Insisto: lo que unos llaman pragmatismo y otros la política del día a día, para mí no es otra cosa que ausencia de reglas de juego claras y estables que incentiven la inversión. El principal problema en que Kirchner está metiendo a la Argentina consiste en la descapitalización del país. Porque Kirchner no sólo está dispuesto a consumirse el stock de capital para sostener artificialmente bajo el precio de la carne o del gas, sino que su política del día a día condena a la Argentina a tener un horizonte no mayor al de 24 horas.

Lo que estamos viendo últimamente es que Kirchner, día a día, corre atrás de los problemas. Corre atrás del precio de la carne, del precio de la indumentaria, de Evo Morales, del precio del vidrio, del cuero y de Moyano. Y con el tiempo va a tener que correr cada vez más rápido porque los problemas que fue pateando empezarán a hacerse presentes y en forma simultánea.

Como nueva respuesta al problema inflacionario, el secretario de Comercio ha decidido controlar los costos de producción de las empresas. Ya no se conforman con controlar los precios, ahora el Estado evalúa la estructura de costos de las compañías. Pregunta: ¿a quién le importa la estructura de costos de las empresas? Cuando un consumidor va al supermercado y elige un frasco de mayonesa, lo que evalúa es la relación precio-calidad. Al consumidor no le interesa cuánto gana el operario, el gerente de producción o cuáles son los costos financieros de la empresa que fabrica la mayonesa. Sólo le interesa el precio y la calidad. ¿Por qué, entonces, el secretario de Comercio se toma el trabajo de hacer algo que al consumidor no le interesa?

Los funcionarios públicos dicen que quieren ver la rentabilidad de las empresas. Si lo que les importa es la rentabilidad, quiere decir que una empresa ineficiente y mal administrada puede tener costos de producción cada vez más altos, subir los precios y mantener la tasa de rentabilidad, que es el dato que le interesa al gobierno. Por lo tanto, el secretario de Comercio debería autorizar el aumento de precios porque la tasa de rentabilidad se mantiene o, aún más, puede bajar. Salvo, claro está, que el secretario de Comercio empiece a indicarle a cada empresa de cada sector productivo cómo tiene que producir para controlar los costos. Por supuesto, sería bueno que el gobierno, en algún momento, estableciera en números qué es una ganancia “razonable” y qué criterios utiliza para definir esa tasa de rentabilidad.

Mucha gente dice que a Kirchner le va bien con esta política del día a día y, por lo tanto, no tiene motivos para cambiar. ¿Le va bien con esta política del día a día o la inflación se le está escapando de las manos al punto que tiene que recurrir a un Estado cada vez más policial para regular la economía?

Si a Kirchner le fuera tan bien con la economía, en vez de correr atrás de todos y cada uno de los precios de la economía debería estar descansando en El Calafate.

Pensándolo bien, no sería mala idea que el presidente se tomara una larga temporada de descanso en el sur argentino. De esa forma, el resto de los argentinos podríamos tomarnos un descanso de tanta insensatez. © www.economiaparatodos.com.ar




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