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Miércoles 21 de enero de 2015

La república herida de muerte

La república herida de muerte

A raíz de las declaraciones del fiscal Nisman -antes de su ¿suicidio “asistido”?-, sobre nuevas evidencias del caso AMIA, queda expuesto que parece existir en el kirchnerismo una confusión intencional con respecto al funcionamiento de la democracia, como si ésta no fuese más que UN MÉTODO PARA DECIDIR QUIÉN DEBE EJERCER EL GOBIERNO A TRAVÉS DEL PODER EJECUTIVO.

Creen que forman parte de una nueva “civilización” política que puede ser diseñada e impuesta desde el poder, salteándose cualquier obstáculo que encuentren por delante.

Eso es quizá lo que piensa Cristina cada vez que imparte órdenes a diestra y siniestra con el fin de poner de rodillas a funcionarios y legisladores mediante “úcases” perentorios, que la habrían llevado finalmente al extremo de involucrarse en una negociación “secreta” con Irán -según denunció públicamente Nisman-, para “canjear” intereses recíprocos.

Hasta ahora, solo salió a dar su opinión sobre el suceso en…¡FACEBOOK! mediante su habitual estilo retórico y “culturoso”, desviando el hilo de los acontecimientos con una larga descripción de supuestos hechos similares del pasado, donde ella y su fallecido esposo habrían actuado eventualmente como “redentores” y protagonistas.

¡Qué persona tan banal y engreída!

A su gobierno, el pacto le permitía salir del “aprieto” por la bajísima producción de energía en nuestro país (“aniquilada” por el torpe congelamiento de precios impuesto por su marido). Para los iraníes, supuestamente culpables de la voladura de la AMIA, sacarse de la cabeza el lazo de la captura de Interpol y sus circulares “rojas”, por su participación en actos criminales de lesa humanidad.

La democracia es, esencialmente, una forma para elegir y “eliminar” gobiernos y define SUS LÍMITES ESTRUCTURALES dentro de lo determinado por la Constitución y las leyes. Unos límites que en este horrible asunto habrían sido ignorados olímpicamente por el brazo ejecutor de un oscurantismo ideológico.

Por lo que se sospecha cada vez con más fundamento, (ya lo había denunciado en el año 2011 el fallecido periodista Eliashev), la Presidente

Intentó celebrar acuerdos económicos con el régimen Iraní, que le permitieran “tapar” su ineficiencia específica en la materia. Quizá, en la cumbre de su soberbia, jamás pensó en los “efectos colaterales” que provocaría el peligroso “atajo” decidido.

Esto nos trae a la memoria las palabras de Platón, cuando abogaba en su tiempo por vincular a la democracia con un modo de seleccionar gobiernos, creyendo firmemente que una sociedad que tendiese a la perfección debía estar dirigida POR LOS MEJORES EN CADA RAMA DEL SABER y alertando sobre las consecuencias trágicas que se sufriría de ceder a la tentación de reemplazarlos por “mentes vulgares”.

Una sociedad de este tipo, aseguraba, destruiría el sentido esencial de la democracia afirmando dicha vulgaridad y desarrollando un sistema que privilegiaría “en privado, así como en público, a los gobernantes que se comportan como súbditos y a los súbditos que se comportan como gobernantes” (sic).

El Frente para la Victoria ha dado vuelta completamente el concepto invirtiendo la fórmula platónica. Basta observar el modo como ignora sistemáticamente los límites entre “el qué” y “el cómo”.

Sobre lo primero, “el qué”, es cierto que su gobierno cuenta con las mayorías estipuladas por la Constitución. Pero en relación a lo segundo, “el cómo”, es el sistema democrático el que debe ser respetado para que SIN EXCEPCIÓN ALGUNA sean observadas sus reglas rigurosamente, evitando cualquier tentación absolutista para eludirlas.

El caso Irán es, a partir de ahora, una brasa ardiendo en manos de la Presidente, y ante esta Caja de Pandora, nos preguntamos consternados: ¿Inconsciencia? ¿Ignorancia? ¿Premeditación?

¿Soberbia? ¿Desequilibrio emocional? ¿Complot criminal?

El señor Timerman, involucrado por el fiscal, salió inmediatamente para preguntarse y preguntarnos –antes del deceso-, si Nisman no hubiera debido aclarar si sus denuncias sobre una eventual “diplomacia paralela” (¿mafiosa?) tienen vinculación con actividades de la SIDE, SIN DECIR UNA SOLA PALABRA ACERCA DE SI DICHAS DENUNCIAS ESTÁN BASADAS EN HECHOS CIERTOS. El fallecimiento del acusador ha hecho imposible su respuesta.

Todo este malhadado asunto nos trae a la memoria las palabras de Marcelo en el Hamlet de Shakespeare, cuando exclama antes que aparezca el fantasma del padre del príncipe para denunciar la corrupción: “algo huele mal en Dinamarca”. Y si con el tiempo se probara que hay elementos para dar fundamento sólido a las denuncias del “suicidado” fiscal Nisman, añadiríamos con palabras de la misma obra: “quisiera que mi cuerpo se desintegrara en lágrimas”.

Si queremos reconstruir una república herida de muerte, tenemos que decir nuevamente: “nunca más”. Pero esta vez, decírselo a Cristina Fernández mirándola a la cara.

carlosberro24@gmail.com